El deseo es una fuerza muy poderosa en nuestras vidas y Dios lo puso en nuestros corazones para que persiguiéramos nuestros sueños.Querido lector, es un placer saludarle. En esta ocasión quiero considerar el tema de NUESTROS SUEÑOS, aquellos que en muchas ocasiones han quedado en el olvido.
Cuando éramos niños tendíamos a soñar en ser grandes, exitosos y felices. Nuestros modelos a seguir, desde nuestros padres y maestros, eran los médicos, bomberos, policías, maestras, enfermeras, etcétera.
Hoy los niños (y las niñas) siguen soñando. Y aunque sus sueños ya no son tan simples o han rebasado nuestras expectativas culturales y generacionales, debemos motivar a nuestros niños y jóvenes a soñar, a pensar en grande, a prepararse para enfrentar el mundo con todos sus desafíos, privilegios y posibilidades.
¡Hay tanta desesperanza en nuestro mundo hoy! Las nuevas generaciones se están contagiando de la apatía, el desencanto y el temor de los adultos ante un mundo tan conflictivo, tan falto de valores cristianos y un liderazgo honesto, competente, responsable y sobre todo integro.
Algunos sueños tal vez los hemos hecho realidad, pero muchos otros sueños han quedado inconclusos.
El deseo es una fuerza muy poderosa en nuestras vidas y Dios lo puso en nuestros corazones para que persiguiéramos nuestros sueños.
El deseo dirige nuestras vidas y nos impulsa hacia nuestro destino, dado por Dios.
La Biblia dice: "Señor, delante de Ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto".
La mayoría de nosotros pensamos en tener una mejor vida, un mejor carro, una mejor casa, trabajo, familia, etcétera.
Cuando no logramos alcanzar estos deseos, nos sentimos frustrados y decepcionados, creemos que ya no hay razón para seguir luchando y somos vencidos por la desesperanza.
Hemos dejado de soñar.
Para algunos la edad es lo que se impone para no seguir sus sueños, ya que se sienten viejos, acabados, sin fuerzas y desganados.
Nunca es demasiado tarde para alcanzar nuestros sueños, ha llegado el tiempo de despertar y comenzar a soñar con visión y con todas las facultades y dones que hemos recibido de Dios.
Y no sólo soñemos, sino luchemos por alcanzar aquellas cosas que por muchos años hemos visto como una visión, o como algo imposible de alcanzar.
No importa cuándo o dónde comenzó tu sueño, lo que importa es que Dios avive ese sueño para poder terminar la carrera.
Confiemos en el tiempo de Dios. Cuando los sueños proceden del Altísimo, se cumplirán.
La Biblia dice que todo lo podemos en Cristo, que nos fortalece.
Si pensamos que no somos capaces de realizar nuestros sueños, el Señor dice: "Extraordinario", porque Él es Poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.
(Filipenses 4:13; Efesios 3:20)
Deja que tu sueño sea traído a la superficie otra vez. Y sea cual sea la razón que lo hubiera cubierto y mantenido encerrado en tu interior, permite que el Señor sople vida en esa semilla, para que el brillo del sueño que está en tu interior tenga la oportunidad de resplandecer.