Llegó el momento de comparecer ante el juez. Silenciosamente clamó a Dios. Simón no ocultó nada, y su confesión alivió su conciencia. La audiencia estaba a punto de terminar. El juez levantó su martillo. ¡Solemne momento! ¿Cuál sería el veredicto? Lo que usted ha hecho merece siete años de prisión...(silencio)..pero teniendo en cuenta su actitud, he decidido perdonarle una vez más. y el martillo cayó.
En ese momento comprendí lo que es la gracia de Dios, dijo Simón. Dios nos dice:"Lo que has hecho no es grave", ni tampoco:"Yo soy el buen Dios que siempre perdona" ¡No! Él dice: "Sólo mereces la condena, pero como reconoces tus faltas, te arrepientes, confías en mí y en Aquel (Jesucristo) que pagó en tu lugar, te perdono".