Al confesar nuestro error, no debe ser con arrogancia, sino con tristeza, sabiendo que nuestro error ha traído dolor a muchos. Si hacer lo correcto puede causarles dolor a otros, imagínate cuánto dolor no causará el cometer un error.
Ninguno de nosotros somos inocentes de cometer errores. Se supone que con la edad uno obtiene cierta sabiduría que le ayuda a cometer menos errores, pero yo he encontrado que eso simplemente no es cierto. A veces se cometen más. Lo triste, es cuando sabemos que errores están siendo cometidos, y no estamos dispuestos a detenerlos. Entonces cometemos el error más grande. Tal fue el caso de Elí y sus hijos. Él sabía que ellos iban por otro camino, y no hizo nada en cuanto a ello. Error.
Los errores se tienen que confesar. No es suficiente guardarlos adentro y decir, “No lo volveré a hacer.” Pecado encubierto no prosperará.