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Los pobres en espíritu

jairoreyescastillo_75
By: jairoreyescastillo
Mood: Otro
Date: 05/21/2008 07:26:36
Music: U2


La palabra bienaventurado, makarios, significa dichoso o feliz. Se usa­ba para hablar de la felicidad de los dioses, de un gozo más allá de todo cuidado. La palabra se refiere a "la naturaleza de lo que es el mayor bien". Esta felicidad no depende de las circunstancias favorables. Pablo conocía el verdadero gozo a pesar de mucho sufrimiento (2 Cor. 11:23-28; Fil. 4:6,7,11,12). No depende esta felicidad de la prosperidad, ni de los eventos agra­dables, sino de la condición del corazón.

Sin duda Jesús sorprendió a sus oyentes cuando identificó a los que son bienaventurados. Muchos hubieran dicho "Bienaventurados los ricos". Los escribas y fariseos hubieran dicho, "bienaventurados los hijos de Abraham; bienaventurados los circuncisos; ¡ay de los incircuncisos!" Pero Jesús no enseñaba como los escribas, Mat. 7:29.

Todo el mundo peca (Rom. 3:23), pero los pobres en espíritu son los que re­conocen que son pecadores y que están dispuestos a confesar sus pecados -- hu­mildemente admitir que han pecado, que están errados, que están mal -- y que bus­can el perdón de Dios y de las personas a quiénes han ofendido. Muchos (como el fariseo de Luc. 18:11,12) no son "pobres en espíritu".

Sant. 4:6, "Dios resiste a los sober­bios, y da gracia a los humildes".

1 Ped. 5:5,6, Pedro dice lo mismo, y luego agrega esta exhortación, "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios". El hombre debe humillarse delante de Dios, reconociendo que es un pecador necesitado del perdón de Dios, y dispuesto a escuchar su enseñanza, obe­decerle y dedicar su vida al servicio de El. La soberbia y el egoísmo destruyen al hombre (Prov. 16:18).

La soberbia significa la exaltación de sí y la oposición a la voluntad de Dios; por ejemplo, muchos judíos no confiaban en la gracia de Dios, sino en ser hijos de Abra­ham (Mat. 3:7-12); los filósofos griegos confiaban en su sabiduría (1 Cor. 1:21), como hoy en día los humanistas destronan a Dios y exaltan al hombre, diciendo que el creer en Dios es un insulto a la inteligencia. Muchos profesores creen que lo que ellos no saben no es cierto o que no importa. Defienden la ignorancia, la superstición y toda clase de filosofía insen­sata (como la evolución). Dicen (con Faraón), "¿Quién es J(oleole) emanová, para que yo oiga su voz ...? Yo no conozco a J(oleole) emanová" (Ex. 5:2).

Rom. 1:30, los "soberbios" están aso­ciados y relacionados con "los aborrecedores de Dios, injuriosos, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres". Rom. 1:18-32 describe cómo la soberbia del hombre destrona a Dios y lle­va al hombre a toda forma de depravación y corrupción.

Tienen más alto concepto de sí que el que deben tener, Rom. 12:3,16.

Por eso, la Biblia dice, "Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu" (Prov. 16:18). Véase Prov. 18:12.

La única esperanza para los hom­bres es que se humillen y que sean "pobres en espíritu", que reconozcan que están en­fermos (Luc. 5:31), y que urgentemente necesitan del perdón de Dios.

Cristo vino al mundo para buscar y a salvar lo que se había perdido (Luc. 19:10). El Buen Médico vino a buscar en­fermos (Luc. 5:32; 15:1,2). "Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero" (1 Tim. 1:15). Jesús no puede ayudar a los que no reconocen que son pecadores per­didos.

El hombre que trabaja para ga­narse el pan diario se llama "pobre" (del verbo penomai), 2 Cor. 9:9. Este "pobre" no es rico, no le sobra nada después de proveer lo más necesario, pero tampoco sufre miseria.

"Ptochos, un adjetivo que describe a uno que se agacha, se usa como nombre, un mendigo, Luc. 14:13,21, 'pobres'; 16:20,22, 'mendigo'" (Vine).

Por lo tanto, "los pobres en espíritu" son los que reconocen que son pecadores, "destituidos de la gloria de Dios" (Rom. 3:23), y ponen toda su confianza en Dios para que les perdone y que les reciba en su reino.

Luc. 16:15, Jesús dijo a los fariseos, "Vosotros sois los que os justi­ficáis a vosotros mismos delante de los hombres". La actitud de éstos era lo opuesto de la actitud de "los pobres en es­píritu".

Luc. 18:9-14, el fariseo en el tem­plo que "oraba consigo mismo", hablando de sus grandes virtudes, quería justificarse a sí mismo, pero no fue a su casa justificado (ver. 14). Aunque era judío, este fariseo no reconoció a Dios, no le pidió nada y no le dio gracias. Solamente "oraba consigo mismo".

Apoc. 3:17, la iglesia de Laodicea se justificaba a sí misma, diciendo, "Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad", pero Jesús le dijo, "y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo". El po­bre en espíritu sabe que es un desventu­rado, miserable, pobre, ciego y desnudo, pero también sabe que Cristo le puede enriquecer y sanar, ver. 18.

Bienaventurados vosotros los po­bres, Luc. 6:20.

Léanse Salmo 9:18; 34:6; 72:4; 107:41; 132:15.

Cristo vino al mundo para predicar a los pobres, Luc. 4:18.

Hablando en forma general, el pueblo de Dios se describe como pobres, oprimidos, afligidos, Sant. 2:5; 2 Cor. 6:10; Apoc. 2:9; 1 Cor. 1:26-31.

Los ricos son, generalmente, crue­les, orgullosos, opresores (Sant. 2:6,7; 5:1-6), materialistas que  prosperan (Sal. 73:3). Por eso Jesús dice, ¡Ay de vosotros, ricos! (Luc. 6:24). También Santiago (5:1-6) los denuncia.

Desde luego, muchos pobres no son buenos (Prov. 19:15; 21:25; 24:30-34), y muchos ricos no son malos (Abraham era muy rico). La verdad es que hay peligro tanto en la pobreza como en la riqueza (Prov. 30:8,9), pero la mayoría de "los po­bres en espíritu" son pobres también en lo material.

Muchos textos hablan de la influen­cia negativa que las riquezas tienen sobre el alma, Luc. 12:13-21; 16:19-31; 1 Tim. 6:6-10, 17-19.

Luc. 7:36-50, la mujer pecadora que regó con lágrimas los pies de Jesús y los enjugaba con sus cabellos era pobre en espíritu. Reconocía que estaba arruinada espiritualmente, y confiaba en Jesús para el perdón.

Luc. 18:9-14, el publicano que dijo, "Sé propicio a mí, pecador"; era pobre en espíritu. Reconocía que necesitaba el perdón de Dios, que estaba totalmente carente de la justicia de Dios, y no confia­ba en sí (como hizo el fariseo), sino en Dios.

Luc. 15:17-19, "Yo aquí perezco de hambre. Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti: Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jor­naleros". El hijo pródigo era pobre en es­píritu.

Sal. 51:1-3, "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones ... yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre de­lante de mí". El ver. 17 (verso clave) dice, "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios". David era pobre en espíritu.

Juan 3:5, "el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". El famoso rabino, Nicodemo, tuvo que arrepentirse y cambiar su vida. No podía entrar en el reino de los cielos en virtud de ser "un principal entre los judíos" (ver. 1). Ya no bastaba con ser "judío", ni aun con ser un judío famoso. El tenía que humillarse (ser "pobre en es­píritu"), y obedecer al evangelio, para entrar en el reino. Tuvo que arrepentirse y bautizarse y dejar que el Señor le transformara en la imagen de Cristo. Los pobres en espíritu no discuten acerca de la necesidad de bautizarse, porque al saber que el bautismo es un mandamiento del Señor (Mar. 16:16) para remisión de pecados (Hech. 2:38), con gusto lo obede­cen.

Col. 1:13, Dios "nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo".

Mat. 18:3, Tenemos que arrepen­tirnos y hacernos como niños (humillarnos como niños, ver. 4), para poder entrar en el reino de los cielos.

Compungidos de corazón, los tales obedecen al evangelio de Cristo, para obtener el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo, Hech. 2:37,38.

Entonces como cristianos siguen siendo "pobres en espíritu", siempre dispuestos a admitir faltas y pedir perdón, Sant. 5:16; 1 Jn. 1:9.

¿Qué dice Sant. 4:6; 1 Ped. 5:5 acerca de los soberbios y los humildes?

¿Por qué se asociaba Jesús con los pecadores? Véase Luc. 5:30-32.

¿Eran pobres en espíritu los fariseos que querían justificarse a sí mismos? (Luc. 16:15).

Descríbase la actitud del fariseo de Luc. 18:9-14.

La iglesia de Laodicea quería justifi­carse a sí misma (Apoc. 3:17). Jesús dijo que era iglesia "pobre".

¿Por qué dice Jesús en Luc. 6:20, "Bienaventurados vosotros los pobres", en lugar de decir, "Bienaventurados los po­bres en espíritu" (Mat. 5:3)?

La palabra traducida "pobres" en Mat. 5:3 y Luc. 6:20 es la misma que se usa para hablar de Lázaro (Luc. 16:20,22). ¿Qué tan pobre era él?

Luc. 12:13-21; 16:19-31; 1 Tim. 6:6-10, 17-19.

¿Cómo demostró la mujer pecadora de Luc. 7:36-50 que era pobre en espíritu?

¿Cómo demostró el publicano de Luc. 18:9-14 que era pobre en espíritu?

 ¿Era David pobre en espíritu? Véase Sal. 51.

¿Qué tenía que hacer Nicodemo para entrar en el reino? Véase Jn. 3:1-5. ¿Cuál es la relación entre este texto y Mat. 5:3?

¿Cuál es la relación entre Mateo 5:3 y Mat. 18:3,4?

¿Son pobres en espíritu los her­manos que no quieren reconocer sus faltas y pedir perdón? (Véase Sant. 5:16).

 

jairoreyescastillo@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

















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