HiSTORiA DE DESiERTO
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By:
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cheika
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Mood:
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no se
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Date:
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06/02/2008 12:29:31
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Music:
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None
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Historia de desiertos Durante el año 1992, recuerdo que atravesaba un desierto. Sentía, que Dios siempre bendecía más a los demás.Por aquel entonces, comenzamos a oír que Dios estaba visitando de una manera especial el ministerio del pastor Claudio Freidzon. Si
debo ser honesto, en un principio, no me gustó que eso estuviese
ocurriendo. Otra vez, sentía que mi Padre le había traído un regalo muy
especial a un hermano mío, pero había decidido ignorarme por completo.
Una sensación de vacío, me inundó de pies a cabeza. Cuanto más me
hablaban de lo que el Señor estaba haciendo con Freidzon, mas lograba
molestarme. Sentía que Dios era injusto y parcial. Que últimamente, se
había dedicado a echar por tierra aquello que El no hacía acepción de
personas. Pero una tarde, a pesar de todos mis cuestionamientos, decidimos echar un vistazo a semejante "injusticia Divina".Tardamos
muchísimo en lograr ingresar al templo, lo cual sólo logró desalentarme
más. Cuando finalmente pudimos ubicarnos, noté algo que logró
paralizarme por completo. Los líderes más reconocidos de la
Argentina y hasta algunos de otras partes del mundo, estaban aguardando
la ministración del pastor Freidzon. Las ligas mayores estaban allí.
Estaba aquel a quien admiré por tantos años por su enorme ministerio de
sanidad, y también aquel otro profeta que tenía el don de desnudar el
alma de la gente. El pastor de la iglesia más numerosa, hacía la fila,
junto con ese reconocido evangelista que resucitaba muertos. Todos,
absolutamente todos a quienes más admiraba o había oído de ellos,
estaban allí. Y ese cuadro, sólo logró deprimirme más.Le dije al oído de mi esposa, que consideráramos salir de ese lugar. Quiero
que lo veas de esta forma. No se si eres un ferviente admirador del
fútbol, pero los sudamericanos no podemos vivir en esta parte del
planeta, sino sabemos algo al respecto. Imagina que te apasiona el
fútbol, pero nunca has jugado profesionalmente. Simplemente, pateas el
balón de vez en cuando, el algún partido ocasional entre amigos. Toda
tu vida, has estado diciendo que es injusto que nunca te hayan dado la
gran oportunidad de ser un reconocido jugador. Que de haber tenido las
chances de otros, lo habrías logrado.Un día, te enteras que se
realizará un partido en tu ciudad, y que puedes anotarte. Vas con toda
la ilusión de demostrar quien eres, pero al llegar, te percatas que en
la fila de los posibles jugadores está nada menos que el brasileño
Ronaldo. Y detrás, el inconfundible Roberto Carlos.Un poco más allá
ves a Pelé y Batistuta. Y Maradona, que adelgazó un tanto y también
quiere participar de aunque sea, algunos minutos del juego. Ahora
comprendes porqué me sentía así en la iglesia de Freidzon? Porque al
igual que tú, quería salir corriendo. No tenía chances. Me sentía
como aquel hombre que pretendió contar su testimonio de cómo Dios lo
salvó de la inundación de su pueblito, delante de Noé. Si justamente
la debilidad con la que había luchado por años, era la baja estima, era
por ello, que ahora me sentía completamente apabullado. No existía la
mínima posibilidad que Dios tuviese algo para mi vida. Comencé a
ver como decenas de reconocidos ministros del Señor, recibían una dosis
especial de unción, en cuestión de instantes. La Gloria de Dios era tan
palpable, que podíamos sentir que literalmente, la atmósfera estaba
electrificada.Y aunque actualmente somos amigos, en aquel entonces,
casi no conocía a Claudio Freidzon. Pero algo me hizo pensar que debía
enfocarme en lo que sí tenía en lugar de ver mi debilidad. En un
momento, pensé que aquello que me hacía sentir inferior, era
justamente, lo que podía llevarme a un nuevo nivel. Aunque me sentía
un tanto torpe y demasiado joven entre tantos hombres de Dios, decidí
que debía esforzarme. Avanzar. Que de igual modo, no tenía nada que
perder.Fue entonces que le pedí una reconfirmación al Señor. Que me
mostrara si tenía planes para conmigo. Que por lo menos, me dijera si
me estaba ignorando. No fue una simple oración. Creo que me le
interpuse en su camino. Fue como abrirme paso entre el gentío para
tocar su manto. Confieso que sentí que aquella oración fue tan sincera
y honesta, que logró arrancar virtud del Señor. Claudio, en ese
mismo instante, giró sobre sus pies y me buscó por entre la gente del
altar. Pude ver como se abría paso entre la multitud que esperaba una
oración. No había posibilidades serias que aquello estuviese
ocurriendo. Sin embargo, me miró directamente a los ojos, colocó su
mano sobre mi cabeza y dijo: "Veo cruzadas de jóvenes en toda la
nación y el mundo. Veo a miles llenando los estadios, el Señor cumple
lo que te prometió. El te levanta como el Pastor de los jóvenes". En
lugar de estancarme en mi desierto, decidí esforzarme y actuar. A
partir de allí, seguimos buscando desesperadamente el rostro de Dios. Y
por cierto, cultivamos una buena amistad con Claudio, hasta el día de
hoy. En ocasiones, pasamos horas hablando por teléfono o comentando
algunas cosas del ministerio. Y muchas veces, recordamos aquella
profecía, de cuando todo apenas era un sueño y este servidor atravesaba
su peor desierto espiritual. Cuatro años después de aquella noche,
realizábamos nuestra primera gran cruzada en el estadio Vélez Sársfield
con más de cincuenta y cinco mil jóvenes, y al día siguiente, los
periódicos seculares titulaban sus primeras planas con titulares que
decían: El pastor de los jóvenes que promueve votos de castidad, reunió a una multitud en Vélez. Aquello
que había nacido en el corazón de Dios, se hacía una palpable realidad
y se comenzaba a escribir la historia de una nueva generación de
jóvenes en Argentina. Justamente, aquello en lo que me sentía débil,
fue lo que me condujo a la salida del desierto. Dante Gebel Adaptado de "Las arenas del alma" (Editorial Vida-Zondervan)
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