Cuántas veces hemos cantado "solo estamos tú y yo... hay momentos que no deberían terminar..." Esta es una gran verdad, hay una necesidad de intimidad con Dios. Hay demasiados "ruidos" que nos pueden llevar a distraernos y perder lo que realmente importa: el amor de nuestro Amado.-
En el libro de Juan 3:1-21 encontramos a un hombre llamado Nicodemo. Sí, un hombre lleno de un currículum digno de pocos, pero él necesitó de intimidad, de estar a solas, de que "nadie lo viera" porque el era el "Maestro de Israel" … pero en su vida descubrió que había "oscuridad"y fue una "noche" cuando le fue revelada una gran verdad: que era necesario "nacer de nuevo".-
Cuando nos acercamos en intimidad con Dios, nuestras "sombras" se van, su "luz" nos hace entender que cuando nos "desnudamos" a la luz de su presencia, nos muestra el camino a seguir, nos hace sentir que somos "uno con el", que "hay vida", que vamos a "fructificar", que su voluntad la vamos a entender como "perfecta" y que sus propósitos siempre son en nuestro beneficio.-