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A no haber estado Jehová por nosotros
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By:
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castillofuerte
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Otro
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Date:
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09/25/2008 10:04:01
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Music:
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Cantaré la bella historia de Jesús muerto por mí
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Por alguna razón llamó mi atención escuchar algunas expresiones de boca de varias personas, que me dirigieron al saber que tenía que enfrentar un importante examen. Lo que me dijeron fue algo así: “¡Que tengas buena suerte!”, o, simplemente, “¡Suerte!”De alguna manera, mi mente comenzó a meditar acerca de esta palabra puesta en relación con la Biblia y con la vida cristiana.
I. La palabra “suerte”
1.1. Uso común
No puedo negar que se habla corrientemente de la “suerte” en nuestra sociedad y que no tendría, en principio, por qué sonar extraño. De hecho, suele hacerse en contextos diferentes:
- Con la vista en el PASADO: Se describen circunstancias y experiencias sucedidas, diciendo frases similares a “en aquel momento tuve suerte” o “fue una suerte tal o cual cosa”.
- Con la vista en el FUTURO: Se desea suerte, bien sea ante un viaje que se vaya a realizar, ante un examen —como era mi caso—, o cualquier proyecto que se emprenda: ¡Que tengas suerte!. Incluso se emplea como forma de saludo al despedirse de alguien.
1.2. Significado
Ahora bien, en realidad, ¿qué es eso de la “suerte”?La palabra “suerte” guarda relación con la “fortuna”, el “azar” o la “casualidad”. En la mentalidad de los romanos en la Antigüedad, hablaban del “hado”, con el significado de la “fatalidad” o “destino”.
II. La perspectiva bíblica sobre la omnipotencia de Dios
De esta manera, podemos darnos cuenta de que la idea que se desprende de esas voces es diametralmente opuesta a la existencia de un Dios soberano que controla la Historia, a quien nada se le escapa de las manos y que tiene planes y propósitos con cada cosa que sucede en el mundo. Miremos esto en las páginas de la Biblia:
- Ap. 1:8. Nuestro Señor Jesucristo se refiere a Sí mismo como el Todopoderoso. La palabra original empleada en este versículo, para Todopoderoso significa literalmente ‘el que tiene en Sus manos todas las cosas’, todo está bajo Su control y Su gran poder.
- Asimismo, como bien dijera el profeta Daniel: "…hay un Dios en los cielos" (Dn. 2:28). Sí, no olvidemos en ningún momento —que no lo olvide nuestro pensamiento ni nuestros labios lo ignoren— que hay un Dios en los cielos, por lo que no hay cabida para el azar. Si esto está claro, no necesitaremos apelar a que la llamada “diosa fortuna” nos sonría o que los “hados” nos sean favorables o, lo que es lo mismo, “tener buena suerte”, sino contar con la ayuda de nuestro Señor, que Él ponga Su mano. Neh. 2:18. Cuando Nehemías describe lo que le había sucedido, destaca que había salido adelante por la acción de la mano de Dios. Esd. 8:18, 22. Con esta expresión, la mano de Dios —o también, el brazo de Dios— se habla de Su poder extraordinario, ejemplificado en la Antiguo Testamento a través de las diez destructivas plagas sobre Egipto, al mismo tiempo que preservaba al pueblo de Israel, Su pueblo, de todos aquellos males y les sacaba de la esclavitud, para llevarles a la tierra prometida: Les sacó con mano poderosa (Dt. 3:24; 4:34, 35). Amados hermanos, esa misma mano de Dios es la que necesitamos que proteja y encamine nuestra vida, nuestro andar por este mundo. De modo, que no es la fuerza de nuestro brazo la que asegura que salgamos adelante, sino más bien que el brazo de Dios nos abra camino al andar, que el Señor ponga Su mano.
- Entonces, coincidiremos en admitir que no necesitaremos de la “suerte”, pero sí que Dios bendiga y prospere la obra de nuestras manos, aquello que emprendamos en el día a día (Nú. 6:23-26).
- El cristiano puede decir que, con el salmista, que "YAVEH es mi guardador" (Sal. 121:5, 7, 8) o "Mi socorro viene de YAVEH" (Sal. 121:2; 124:8), el único Dios vivo y verdadero, el Creador, "quien hizo los cielos y la tierra".
- De este manera, al considerar el pasado, podemos afirmar: "Hasta aquí nos ayudó YAVEH" (1 S. 7:12) Pablo, en Hch. 26:22, al relatar su conversión en su defensa ante Agripa, dice: "Habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero…" (Hch. 26:22) o lo que es lo mismo, “con la ayuda de Dios, sigo adelante"… ¡Qué bueno es que el cristiano reflexione acerca de su vida y de cómo el Señor ha estado con él en toda coyuntura!
Como bien dice cierto himno:
Hasta aquí Dios te ayudó,
Ni un momento te dejó
Y a nosotros te volvió.
[...]
El Señor te acompañó,
Su presencia te amparó,
Del peligro te guardó,
- Pero si planea para el futuro, el cristiano dice —y esto sí que debería decirlo sin titubear y con toda seguridad: "Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite" (He. 6:3; 1 Co. 16:7), "si el Señor quiere" (Stg. 4:15) o “con la ayuda del Señor”.No debemos desear “suerte” a otros, ni asociar a la “suerte” el que nos haya ido bien, porque sería equivalente a dejar a Dios fuera de nuestra vida, aunque eso no sea lo que nosotros pensemos decir. El cristiano no tiene puesta su confianza en la suerte y, por tanto, no debe desear “suerte” a otros, sino la bendición, la ayuda, el socorro y la protección del Señor. Un mundano puede desear “suerte” a otros, porque no conoce a Dios; un cristiano puede decir a cualquiera: “Voy a orar por ti, para el Señor te guíe y Él obre en tu vida.”
- Al respecto del saludo, simplemente nos fijaremos en dos ejemplos bíblicos, uno en el AT y otro en el NT.:(1) Rut 2:4. Al parecer todavía persiste este tipo de saludo en el Oriente.
(2) 1 Co. 16:22. Encontramos aquí la palabra MARANATHA, que significa “El Señor viene”, o, “Ven, Señor”. De manera que con este saludo, los creyentes se animaban a estar alertas y vigilantes, con su mirada puesta en los cielos, de donde esperamos recibir a nuestro Salvador.
III. La perspectiva bíblica sobre nuestras palabras
Normalmente, nuestras palabras manifiestan lo que hay en nuestro corazón, ponen al descubierto lo oculto de nuestro ser. En este caso podría darse una disociación entre una cosa y otra. Es decir, que consideramos que no estamos confiando en la “suerte”, sino que sea la presión social o simplemente la fuerza de la costumbre lo que nos impulse a seguir usando expresiones como ésta, y tal vez otras, que no hemos mencionado.
(1) La Biblia no nos autoriza a hacer un uso descuidado de nuestras palabras. Mt. 12:36, 37. La expresión palabras ociosas, lo que quiere decir literalmente palabras que ‘no trabajan’, palabras, por tanto, inútiles e improductivas. Somos del Señor, le pertenecemos en cuerpo y alma, con lo que nuestra boca, nuestros labios están incluidos.
(2) Todo lo que salga de la boca de un cristiano debe ser para edificación (Ef. 4:29). En muchos casos, vale más permanecer callado, que no decir algo indebido. No solamente debemos evitar pronunciar palabras malsonantes, sino únicamente emplear palabras que sean buenas y que edifiquen, que beneficien a quien nos escuche. La Biblia nos prohíbe el mentir o el ser hipócritas (Ef. 4:25). Por lo tanto, si confío en Dios y a Él le pido ayuda, protección y socorro, que Él me ayude ante los retos del día a día y cuando los supero hablo de la “suerte” que tuve… podría estar incurriendo en la hipocresía o diciendo mentiras, aun sin darme cuenta, aunque esa no fuese mi intención. Seamos sinceros. Confesemos nuestra confianza en Dios, que como dice el salmista, nuestro socorro está en Dios, en aquel que hizo el cielo y la tierra. Aquel que está por nosotros, que está a nuestro lado, con nosotros, pero también de nuestra parte, Dios es por nosotros. Y ¡qué sería de nosotros sin Él!
- "Y como queráis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos" (Lc. 6:31). ¿Podríamos aplicar esta regla de oro en este caso? ¿Yo quiero para mí “suerte”, o que el destino me trate bien, o más bien que la gracia, la bondad y el bien de Dios me alcancen? ¿Espero que alguna conjunción de casualidades permitan salir adelante o que Dios providencialmente guíe mis pasos?
- Y si las cosas van mal, ¿nos uniremos a las palabras del justo Job, que no señala a la mala suerte o al infortunio las difíciles circunstancias que tuvo que afrontar, sino que dijo: "YAVEH dio, y YAVEH quitó; sea el Nombre de YAVEH bendito" (Job 1:21)? De eso precisamente se trata, de reconocer a Dios y darle en todo la gloria que Él merece, como soberano que es.
IV. La relación entre las palabras y el corazón
Ahora bien, hablemos como debemos, pero no nos quedemos solamente en las palabras. Vayamos un paso más allá:
(1) Seamos agradecidos. Seamos agradecidos, pues Dios nos provee; seamos con lo que Dios nos provee, tengamos contentamiento: “Lo que somos y tenemos, / Todo viene de Él” (himno 347, "Himnario Evangélico"). Ya que hemos mencionado el asunto de la “suerte”, los cristianos no participaremos en sorteos de loterías o apuestas de cualquier tipo, no acudiremos a bingos ni a casas de juego, no son de nuestro interés los dados ni las ruletas de la fortuna. No confiamos en el azar impersonal. Confiamos en nuestro Padre celestial, quien es providente. Él nos ama y tiene cuidado de nosotros.
(2) Humillémonos delante de nuestro Todopoderoso y soberano Dios. Reconozcamos nuestra fragilidad delante del Señor, que de Él dependemos, que sabemos que no podemos dar un paso sin Su ayuda. El apóstol Pedro escribió: "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios" (1 P. 5:6). Que no nos cueste inclinar nuestra cerviz, agachar nuestra cabeza bajo la poderosa mano de Dios. Reconozcamos a Dios como soberano del universo, demostrémoslo sometiéndonos a Él, dándole control sobre nuestras vidas.
Fíate de YAVEH de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
Y Él enderezará tus veredas (Pr. 3:6, 7).
Y si todavía no has puesto tu confianza en Cristo, acércate a Él, con arrepentimiento y fe, que Él te recibirá, pues ha prometido: "Al que a Mí viene, no le echo fuera" (Jn. 6:37). Pídele que tenga misericordia de ti, pecador, que perdone tus maldades y te otorgue la salvación eterna sobre la base de los méritos de Jesucristo, quien pagó el precio de tu perdón en la cruz.Amén.
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