Muchos de nosotros pensábamos que nuestra vida
carecía de valor, y cambiamos nuestra forma de pensar cuando comprendimos que
Jesús derramó su sangre por amor a nosotros. Jesús le ha dado valor a nuestras
vidas, sacó a luz el valor que tenemos para Dios.
Cuando Felipe le dijo a Natanel que Jesús de
Nazaret era el Mesías del que hablaban los profetas, él lo dudo y mostró el mal
concepto que tenía de Nazaret y de Jesús.
En algunas ocasiones tenemos una idea equivocada
de otras personas o de las circunstancias. Pero, ¿qué hacer cuando la gente no
piensa bien de ti o no habla bien de ti? Debes hacer lo mismo que hizo Jesús.
No dejar entrar esas cosas en tu corazón.
Jesús sabía que Natanael tenía un mal concepto de
él, sin embargo, cuando vio que él se acercaba le dijo: “He aquí un verdadero
Israelita, en quien no hay engaño”. Jesús habló bien de Natanael. No le pidió
que creyera en Él. Jesús creyó primero en Natanael. Le mostró que no se debe
ver lo malo de las personas, sino que resaltar lo bueno que tengan.
La gente se siente mejor y da más de sí misma
cuando se le dice las cosas buenas que tiene, que cuando se le dice las cosas
malas que puede llegar a tener.
Uno de los problemas que tenemos regularmente en
nuestra vida es que hacemos de todo para que la gente crea en nosotros, pero
hacemos muy poco para creer en los demás. Debes aprender a resaltar las cosas
buenas que los otros tengan.
En ocasiones pensamos que tenemos malos hijos o
padres porque resaltamos los errores que comenten. Cometer errores no te hace
malo. Todos lo hacemos. ¿Crees que Natanael no cometía errores? ¿Crees que
Natanael nunca se equivocó? Jesús le dio una palabra acerca de su corazón a
pesar de los errores que él cometió. Natanael se sorprendió porque encontró un hombre
que creía en él, y decidió creer en Jesús.
Si Jesús siendo el Hijo de Dios cree en nosotros,
¿por qué no vamos a creer nosotros en los demás? No se trata de adular, se
trata de saber encontrar y resaltar las cosas buenas que las demás personas
tienen.
Existen personas que no tienen la fe suficiente
para creer que pueden hacer algo. No son capaces de aceptar desafíos en la
vida. La mayor parte no tiene quién crea en ellos. Cuando notan que alguien
cree que pueden hacer las cosas, se esfuerzan al máximo para no defraudar a
quienes han creído en ellos.
Cuando reconoces dentro de tu corazón que Jesús
cree y confía en ti a pesar de tus errores, te esfuerzas en servirle porque no
quieres defraudarlo.
Algunas veces piensas que es difícil creer en
otras personas. Pero, si deseas que otras personas crean en ti, y quieres
recibir una buena respuesta de su parte, cree en ellos primero de la misma
manera en que Jesús lo hace contigo.
Jesús hizo diferentes cosas para demostrarle a la
gente que creía en ellos. Debemos aprenderlas y ponerlas en práctica.
Las Escrituras nos muestran que Jesús formó a sus
discípulos. Cuando los mandó a predicar y sanar enfermos, nunca lo habían
hecho. En Lucas 10 dice que cuando regresaron los 70, lo hicieron llenos de
gozo, y le dijeron a Jesús: “Señor, aún los demonios se nos sujetan en tu
nombre”. En aquel momento, Jesús se regocijó y dio gracias al Padre alabándole
por haber revelado estas cosas a los que eran como niños, a los que creyeron e
hicieron de todo corazón lo que Él les enseñó. El Señor los tomó, creyó en
ellos y los formó antes de que ellos hicieran las cosas, no después. El Señor
les envió solos porque confió en ellos y creyó que podían hacerlo.
La primera cosa que hizo Jesús es creer en las
personas antes de que triunfen. No escogió expertos, escogió personas que no
sabían hacer las cosas para enseñarles a hacerlas. Hay muchas personas que
antes eran de una manera, y ahora son de otra forma en el Señor. Jesús creyó en
ellos antes de que triunfaran. Debes creer en las personas y provocar cambios
en su vida antes de que triunfen, no cuando ya hayan triunfado.
La segunda cosa que hace el Señor es que siempre busca dentro de lo que
nosotros aparentamos como debilidad, una fortaleza.
En Jueces 6 la Biblia nos habla acerca de Gedeón. Un hombre que fue encontrado
agradable para Dios. Él tenía sed de Dios. Deseaba ver las maravillas que el
Señor había hecho con sus antepasados. Sólo que no creía que el Señor podía
usarlo. Dios trató con Gedeón quitando todas las excusas que él estaba
poniendo; le dio fuerza y valor al decirle que siempre estaría con él.
Cuando el Señor te llama para trabajar en su obra, antes de que tú le des una
respuesta, Él ya empezó a trabajar en ti eliminando las excusas que puedas
darle. Aprende a escuchar la voz de Dios. Él nunca va a decirte que naciste
para fracasar, al contrario siempre que habla contigo te recuerda que naciste
para triunfar.
Nunca hagas conclusiones equivocadas acerca de
las personas o las circunstancias que te rodean. Debes aprender a hacer lo
mismo que Dios hace, no concluir de una forma equivocada. Debes ver a los demás
de la forma que Dios lo hace: creyendo en ellos.
¿Sabes por qué no has salido adelante en algunas
cosas? Porque no has aceptado el trato que Dios tiene contigo. Hasta que Dios
termine de formar tu corazón, no va a componer las circunstancias que te
rodean, porque Dios trata primero con las personas y después con las
circunstancias.
Existen dos tipos de personas en la vida: las que
no hacen las cosas por el miedo a fracasar, y las que con el miedo las hacemos
porque confiamos y creemos que Dios está con nosotros.
Debes aprender a ver a las personas en la misma
forma en que Dios lo hace: creyendo en los demás.