Que bueno que tocaste este tema... y quiero ser bien sincero...
Tal como lo que pasa en tu iglesia, paso en mi vida, en uno de esos momentos donde piensas que ser joven, es lo maximo y te ralajas completamente...
Te puedo decir que todos o los que estamos desde niños en la iglesia pasamos por eso... Pero Dios es grande... muy grande todo poderoso.
Se como te sientes al ver ese cuadro, yo también lo sentí, cuando fui dirigí aun reducido grupo de jóvenes... como quisieras que vinieran a ti y te dijeran: Hermanita vamos a visitar hospitales !!! hermana vamos a orar a Dios por la iglesia !!! ¿ que precioso no ? y todos estaríamos unánimes buscando a Dios fervorosamente.
Pero como en este caso no siempre es así, y Dios te ha dado esto, para que tu puedas hacer algo, y uno mismo hacer las cosas, para lo que hagamos estimule a otros a meterse en la obra del señor... es por ello que Dios nos ha puesto como lideres. Y ver por aquellos que Dios nos ha dado a nuestro cargo.
Pero lo principal de todo orar, orar y orar, mira yo tuve que estar noche enteras de rodillas, llorando al pie de mi cama, por estos hermanitos, que Dios les devolviera ese sentir, pues es triste ver a alguien que tanto amas, que poco a poco se va yendo de la iglesia... lloraba amargadamente. y Dios me puso el sentir de ir a visitar a cada uno en sus hogares... y así se sintieron muy animados, sintieron que alguien se preocupaba de ellos, eso muchas veces falta, podremos decir: los hermanos están indiferentes, pero no sabemos que esta pasando en sus hogares, problemas, no se, hay muchas cosas. pero que lindo, que en esos momentos te acerques a su hogar, le des palabras de aliento, y llores con el, poniéndote en sus zapatos...
La clave esta en la comprensión de unos con otros, amarnos sin medidas, ser todos uno solo... por ello Jesús oraba a su padre, pues sabia que esto iva a pasar.
Ponte en los zapatos de tus hermanos jóvenes, llora con ellos, ríe con ellos, atiende a sus problemas, y ayúdales en todo lo que puedas, y vas a ver los resultados...
PD: Para ver cosas grandes de Dios, hay que pagar un precio.