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DATE: 02/12/2008 11:56:32 / MOOD: Otro
I Tesalonicenses 5:11-16
A pesar de todo, me voy a regocijar.
Quiere
decir que aún en la familia del Señor se nos hace mal, eso se llama
madurez, aceptar que así son las cosas. Tengo que alentar al débil, al
ocioso; tengo que corregir al que está mal, y encima estar gozoso.
Cuando a uno le toca hacer eso, el gozo entra en riesgo. A mí, la gente
me dice: “¿Cómo puedes tener el trabajo que tienes, pensar
en los problemas, tener una familia, ese ministerio y tener gozo? Es
que ese es un mandamiento. Tengan gozo siempre, no le están
preguntando, sino le están diciendo que se debe gozar. Cuando uno
mantiene gozo y alegría, la mente se mantiene lúcida, atenta; es otro
tipo de mente, pensamientos buenos vienen, creativos, solución de
problemas. Pero si por esos problemas, venden tu gozo, no te queda
solución, la mente se entorpece, los ojos se ciegan, no se puede así.
Todo lo empiezas a ver mal y luego quieres arreglar las cosas con una
oración de alguien. Si que alguien ore por ti arregla todo, entonces
vengan todos. Pero sales por esas puertas, vuelves a tu casa y el mismo
problema estará ahí. Tienes que ir como una persona diferente, con el
gozo del Señor. Problemas, vas a salir de unos y te metes en otros.
Aquí hay tres tipos de personas: los que han salido de un problema, los
que están en medio de uno, y los estarán por entrar a otros. Y algunos
de ustedes son el problema de otro, al menos quitémonos eso.
Tú
decides qué vas hacer. Vas a seguir justificando tu mal ánimo, tu
tristeza o vas a decir “eso no arregla nada, tengo que hacerlo
diferente”. Algunos dicen “si estuviera en mi posición…” pero eso no
nos saca adelante. Tenemos que jugar cada quien la que nos toca y bien.
No le puede decir al delantero: “Tú, como no eres el portero…” Cada
quien a lo que le toque, pero con ánimo. Yo le digo “no” a la tristeza,
porque no quiero que se sequen mis huesos, digo sí al gozo eterno.
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