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porque no llega el avivamiento
11/23/2007 16:38:20 / bendecido
se que es un poco largo pero les va llenar de mucha bendicionDe ninguna cosa tengo necesidad.
~ La Iglesia de Laodicea
Su maldad: soberbia, saciedad de pan y
abundancia de ociosidad.
~ Ezequiel 16:49
¿Se ha acortado el Espíritu de Jehová? ¿Son
éstas sus obras?
~ Miqueas 2:7
La iglesia que es manejada por el hombre en
lugar de ser gobernada por Dios está condenada al fracaso. Un pastor bien
educado, pero no lleno del Espíritu, no puede obrar milagros.
~ Samuel Chadwick
El hombre cuyo sermón es
"arrepentíos", se levanta contra su generación y acabará por ser
apaleado sin misericordia por la sociedad cuya moral desafía. Sólo hay un fin
para semejante hombre: "¡Cortarle la cabeza!" Es mejor, pues, que no
trates de predicar el arrepentimiento hasta que hayas entregado tu cabeza al
Cielo.
~ José Parker
LA IGLESIA PRODIGA
EN UN MUNDO PRODIGO
Una mirada a la Iglesia hoy día nos deja pensando cuánto tardará un Dios
santo en cumplir Su amenaza de vomitar esta cosa laodicense de Su boca. Pues si
en algo están de acuerdo los predicadores es que nos hallamos en la edad de Laodicea en cuanto a la
Iglesia.
Sin embargo, aun cuando pende sobre nuestras cabezas la espada de
Damocles del
rechazamiento, somos creyentes endebles, perezosos, amantes de los placeres,
sin amor, y deficitarios. Aunque nuestro misericordioso Dios perdone nuestros
pecados, limpie nuestra iniquidad y se apiade de nuestra ignorancia, nuestros
corazones tibios son una abominación a Su vista. Debemos ser fríos o calientes,
ardientes o helados, encendidos o consumidos. Dios aborrece la falta de calor y
la falta de amor.
Cristo es ahora "herido en la casa de sus amigos". ¡El Santo
Libro del Dios viviente hoy sufre más de sus expositores que de sus opositores!
Somos descuidados en el uso de las Escrituras, parciales al
interpretarlas y perezosos hasta la impotencia para apropiarnos de sus
inmensurables riquezas. El Sr. Predicador se mostrará elocuente en su oratoria,
ferviente en espíritu, sirviendo al Señor con vigor y transpiración para
defender la inspiración bíblica. Sin embargo, este mismo señor, momentos
después, con calma mortal, será escuchado racionalizando la misma Palabra
inspirada, negando vigencia a sus milagros y declarando con firmeza: "Este
texto no es para hoy." Así la fe ardiente del
nuevo creyente es apagada con el agua fría de la incredulidad del predicador.
Sólo la Iglesia puede "poner limites al Santo de Israel," y hoy
lo hace con extraordinaria habilidad. Si hay grados en la muerte, entonces la
más muerte profunda que conozco es predicar acerca del Espíritu Santo sin la
unción del Espíritu Santo.
Al orar asumimos la imperdonable arrogancia de clamar que venga el
Espíritu Santo con Su gracia(pero no con Sus dones.
Hoy es el día de la restricción y relegación del Espíritu Santo, aun en
círculos fundamentalistas. Necesitamos y decimos que queremos el cumplimiento
de Joel 2. Clamamos: "Señor, derrama Tu Espíritu sobre toda carne,"
pero añadimos - aunque sin palabras - la salvedad: "pero no hagas que
nuestras hijas profeticen y que nuestros jóvenes vean visiones".
"¡Dios mío, si en nuestra culta incredulidad, nuestro crepúsculo
teológico y nuestra debilidad espiritual Te hemos agraviado y continuamos
agraviando Tu Santo Espíritu, entonces, en misericordia, Señor, escúpenos de Tu
boca! ¡Si no puedes hacer nada con nosotros y a través nosotros, por favor,
Dios, haz algo sin nosotros! Déjanos de lado y toma otro pueblo que ahora no Te
conoce! ¡Sálvale, santifícale y capacítale con Tu Santo Espíritu para un
ministerio de milagros! ¡Envíales, 'hermosos como la luna, claros como el sol y
terribles como un ejercito en orden', a vivificar una iglesia enferma y a
transformar un mundo sumergido en el pecado!"
Considera esto: Dios no tiene nada más que dar a este mundo.
Dio a Su Hijo unigénito por los pecadores;
dio la Biblia para todos los hombres;
dio el Espíritu Santo para convencer al mundo de pecado y capacitar a la
Iglesia.
Pero ¿de qué sirve un libro de cheques si están sin firmar? ¿Qué vale una buena
reunión, aun cuando sea doctrinalmente sana, si el Dios viviente está ausente
de ella?
Debemos usar bien la Palabra de Verdad. El texto: "He aquí yo estoy
a la puerta y llamo (Apocalipsis 3:20) no tiene nada que ver con los pecadores
y con un Salvador que aguarda. ¡No! Aquí encontramos el trágico retrato de
nuestro Señor a la puerta de Su iglesia laodicense tratando de entrar. ¡Imagina
eso! En la mayoría de las reuniones de oración el texto que más se emplea es:
"Donde están dos o tres congregados en Mi nombre, allí estoy Yo en medio
de ellos." ¡Pero con demasiada frecuencia El no está en medio, sino a la
puerta!
¡Cantamos Sus alabanzas, pero rehusamos Su persona!
Con una buena biblioteca a nuestro lado y una Biblia con notas, ¡casi nos
hemos inmunizado contra la verdad calcinante de la inmutable Palabra de Dios!
No me maravilla la paciencia del Señor con los corazones endurecidos de
los pecadores; después de todo, ¿no seríamos pacientes con un hombre sordo o
ciego? Y así son los pecadores. Pero lo que me maravilla es la paciencia del
Señor con esta iglesia somnolenta, egoísta y perezosa. Una iglesia pródiga en
un mundo pródigo es el verdadero problema de Dios.
¡Ay de nosotros, creyentes en bancarrota, ciegos, y todavía jactándonos!
Estamos desnudos y no nos damos cuenta de ello. Somos ricos (nunca habían
tenido las iglesias mejor equipamiento que ahora),
pero somos pobres (nunca tuvimos menos unción)!
No tenemos necesidad de ninguna cosa
( sin embargo, nos faltan casi todas las cosas que
tenía la iglesia apostólica).
¿Puede El estar "en medio de nosotros" mientras nosotros andamos sin
ninguna vergüenza en nuestra desnudez espiritual?
¡Oh, cuánto necesitamos el fuego! ¿Dónde está el poder del Espíritu Santo
que conmueve a los pecadores y llena los altares de penitentes? Hoy día estamos
mucho más interesados en tener iglesias con aire acondicionado que iglesias
condicionadas a la oración. "Nuestro Dios es fuego consumidor". Dios
y el fuego son inseparables. Así también los hombres y el fuego. Cada uno de
nosotros estamos caminando una senda de fuego: fuego del infierno para los
pecadores; fuego del juicio para los creyentes!
Porque la Iglesia ha perdido el fuego del Espíritu Santo, millones tendrán que
ir al fuego del infierno.
El profeta Moisés fue llamado por fuego; Elías hizo bajar fuego del
cielo; Eliseo hizo un fuego; Miqueas profetizó fuego; Juan el Bautista clamó:
"El os bautizará con Espíritu Santo y fuego." Jesús dijo: "Fuego
vine a meter en la tierra."
Si tuviéramos tanto temor de quedar sin el bautismo de fuego como tenemos de
quedar sin el bautismo de agua, tendríamos una iglesia encendida y otro
Pentecostés.
La vieja naturaleza puede sobrevivir el bautismo de agua, pero es destruida con
el bautismo de fuego, pues El "quemará la paja en fuego que nunca se
apagará".
Hasta que no fueron purificados con el fuego, los discípulos, que obraban
milagros y que contemplaron la gloria de Su resurrección, no estaban
capacitados para ministrar la cruz.
¿Con qué autoridad los hombres ministran hoy día, tanto aquí como en los
campos misioneros, sin haber tenido la experiencia del "aposento
alto"? No nos faltan predicadores de profecía, pero nos faltan en gran
manera predicadores profetas. Con esto no buscamos sensacionalistas que vienen
con sus predicciones. Poco queda para predecir, puesto que tenemos el Libro y
la revelación del propósito del Señor en él. Pero necesitamos hombres que
proclamen de parte de Dios.
Ningún hombre puede monopolizar al Espíritu Santo, pero el Espíritu Santo puede
monopolizar hombres.
Tales son los profetas. Estos nunca son esperados, nunca son anunciados, nunca
presentados, simplemente llegan! Son mandados y marcados y maravillosos.
Juan el Bautista no hizo milagros. Las multitudes desahuciadas no acudieron a
él para obtener su toque de sanidad. ¡Pero él levantó a una nación que estaba
espiritualmente muerta!
Uno se maravilla de nuestros evangelistas que sin rubor alguno anuncian
que tuvieron un maravilloso avivamiento con miles de personas viniendo al
altar, y añaden, para apaciguar a los decorosos fundamentalistas: "Pero no
hubo nada sensacional ni fuera de orden." Pero ¿es que puede haber un
terremoto sin causar sensación, o un huracán sin desorden? ¿No produjo
trastornos el ministerio ardiente de Wesley? La iglesia en Inglaterra cerró todas
sus puertas en la cara de "un hombre enviado de Dios el cual se llamaba
Juan" -Wesley-. Pero aquellas autoridades religiosas de la iglesia oficial
no pudieron volver atrás la ola de avivamiento del Espíritu Santo.
Cuando Wesley salió de la Universidad de Oxford había fallado
completamente al intentar conducir a otros al Cordero, (aunque tenía el cerebro
de un erudito, el fuego de un zelote y la lengua de un orador). ¿Cómo podía
hacerlo? Entonces llegó el 24 de mayo de 1738, cuando Juan Wesley, en una
reunión de oración de la calle de Aldersgate, fue nacido del Espíritu, y más
tarde fue lleno del Espíritu. En trece años, este hombre bautizado en el
Espíritu Santo, sacudió tres naciones. Del mismo modo Savonarola sacudió
Florencia entera, hasta el punto de que el rostro del "monje loco"
vino a ser motivo de terror a los florentinos de sus días y motivo de burla a
los religiosos de su tiempo.
Hermanos, a la luz del "tribunal de Cristo" nos sería mejor
vivir seis meses con el corazón hecho un volcán, denunciando el pecado en
lugares altos y bajos y volviendo la nación del poder de Satanás a Dios (como
lo hizo Juan el Bautista), que morir cargados de honores eclesiásticos y de
títulos teológicos, habiendo sido el hazmerreír del infierno. El criticar a
"barones del licor" y maldecir a políticos corruptos no traerá el
fuego sobre nuestras cabezas. Podemos hacer ambas cosas y preservar nuestras
cabezas y nuestros púlpitos. Los profetas fueron martirizados por denunciar la
religión falsa en términos no inciertos. Y cuando vemos "religiones
engañosas" estafando a los hombres en la vida y en la muerte, conduciendo
multitudes al infierno bajo una bandera de religiosidad, deberíamos arder en
santa indignación y traer una Reforma del Siglo XX aún cuando tuviéramos que
morir como los mártires.
Hay predicadores que hacen famosos a sus púlpitos; los profetas hacen
famosas a sus cárceles. ¡Que el Señor nos envíe profetas
hombres terribles que alcen su voz y no callen, lanzando ungidos ayes sobre
naciones(hombres demasiado ardientes para ser aceptados,
demasiado duros para ser oídos,
demasiado implacables para ser tolerados!
Estamos cansados de hombres adornados con vestidos suaves y lengua más suave,
que usan ríos de palabras con unas gotas de unción. ¡Saben más de competencia
que de consagración, y de promoción que de oración! ¡Que sustituyen la
propagación por propaganda y se cuidan más del esparcimiento de la iglesia que
de su santidad!
Oh, en comparación con la Iglesia del Nuevo Testamento somos tan
subapostólicos... nuestros ideales tan bajos! La "sana doctrina" ha
dejado dormidos a la mayoría de los creyentes, pues la letra no basta, tiene
que ser letra encendida! Es la letra más el Espíritu lo que da vida. Un sermón
teológicamente sano, impecable en lenguaje e intachable en interpretación,
puede ser tan insípido como un puñado de arena.
Para enfrentarnos con los sistemas anticristianos necesitamos una iglesia
bautizada con fuego.
Una zarza ardiente atrajo a Moisés;
una Iglesia ardiente atraerá al mundo
a fin de que por su medio oigan la voz del Dios vivo.
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