Marianoom                 
 
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Fuego produce fuego

03/16/2008 21:51:00 / enamorado

Un bautismo de santidad, una demostración de vida santa es la necesidad imperativa de nuestros días.                                                           ~ Duncan Campbell

Fuego vino a traer En algunos arde ya. Oh, que todos pudieran arder Todos la gloria compartir.

El bautismo de la celestial paloma Mi corazón el altar, Tu amor la llama                                                           ~ George Croly

Ven como fuego y purifica nuestros corazones Con llama del sacrificio; Que toda nuestra alma sea una ofrenda Al nombre de nuestro Redentor.                                                           ~ Andrés Reed

Los mismos miembros de iglesia que aúllan como salvajes el domingo por la tarde en un encuentro de fútbol, se comportan como mudos maniquíes en el culto del domingo por la mañana.                                                           ~ Vance Havner

No puede haber avivamiento cuando el Sr. AMEN y las Sras. LAGRIMAS se encuentran ausentes del auditorio..                                                           ~ G. Finney

FUEGO PRODUCE FUEGO

Los hombres de oración deben ser hombres de acero, pues serán atacados por Satanás aún antes de empezar ellos a atacar su reino.

La oración que consiste meramente en llenar un formulario dirigido al Creador del Universo es sólo la parte más pequeña de esta verdad multifacética. Como todo lo demás en la vida del creyente, la oración puede llegar a ser desbalanceada. La oración no es un sustituto del trabajo, igualmente cierto es que el trabajo no puede sustituir la oración. En su pequeño pero magistral libro El Arma de la Oración, E. M. Bounds, dice: "Es mejor descuidar el trabajo que la oración"; y en otro lugar: "Los agentes más eficaces en esparcir el conocimiento de Dios, en establecer su obra sobre la tierra y en detener como murallas las olas del mal, han sido siempre los líderes de la iglesia que oran. Dios confía en ellos, les emplea y les bendice."

Seguramente el avivamiento demora porque la oración decae. Nada teme más Satán o el infierno que los hombres que oran. Una vida eficaz no es necesariamente una vida larga. Un hombre que muere a los 28 años de vida puede morir con cien de sabiduría.

La libélula deja con gran esfuerzo su cáscara y se adorna con brillantes alas de zafiro para el viaje de su vida, que dura tan sólo unos pocos días; pero no hay flores en la tierra más bellamente azules que el color de su coraza. Así, en la esfera espiritual, los más preciosos vestidos del alma son tejidos en el telar de oración y teñidos en los trabajos que completan los sufrimientos de Cristo. Los colaboradores de Henry Martin envidiaban su espiritualidad. Uno de ellos dijo: "¡Quién pudiera imitar sus virtudes, su elevada piedad, su diligencia, su superioridad sobre el mundo, su amor a las almas, su ansiedad de aprovechar todas las ocasiones para hacer bien espiritual a los que le rodeaban, su profunda visión de Cristo y el carácter celestial!" Estos con los secretos de la maravillosa impresión que dejó en la India. El propio Martin dice de sí mismo: "Los caminos de la sabiduría me parecen más dulces y razonables que nunca, y el mundo más insípido y decepcionante". "La cosa que más lamento - sigue diciendo - es mi falta de poder y de fervor en la oración privada, especialmente cuando oro por los paganos. En proporción a la luz que tengo, no poseo el ardor que debiera tener." ¿Puede alguien arrojar la primera piedra en cuanto a esto a Henry Martin? ¿No tenemos todos que confesar que nos falta ardor en la intercesión?

Por propia naturaleza el fuego produce fuego. Si hay combustible a su alcance el fuego lo convierte en más fuego. "He aquí, ¡cuan grande bosque enciende un pequeño fuego!", dice Santiago. El fuego no puede producir hielo ni el diablo hacer santos; tampoco pastores sin vida de oración producen guerreros en la oración. Sin embargo, una pequeña chispa puede prender fuego a una ciudad. De una vela pueden encenderse diez mil! De la inigualada vida de oración de David Brainerd, prominentes ganadores de almas han recibido su fuego inicial. (como Carey, Payson, etc.)

Guillermo Carey leyó la biografía de Brainerd y se encendió un fuego en el pecho del joven que por fin le trajo a la India. A la llama del alma derretida de Brainerd se prendió fuego la antorcha del corazón de Eduardo Payson por la voluntad de Dios.

Simplemente del Diario de aquel dolorido apóstol a los indios de Norteamérica, recibió Payson la inspiración que le hizo principiar a los 20 años una vida de oración que casi eclipsó la de Brainerd. Otro grande en oración que siguió los pasos de Brainerd, terminando una vida bien madura a la edad de 29 años, fue Roberto Murray McCheyne. Este gigante en la oración fue magnetizado para realizar "el más grandes de los oficios que un alma humana puede ejercer", leyendo acerca de Brainerd.

Otra gran alma, la de Jonathan Edwards, observó a Brainerd en su lecho de muerte(mientras su hija lloraba)y el poder de la tuberculosis se iba apoderando del joven. El piadoso Edwards escribió: "Doy gracias a Dios de que en Su providencia permitió que Brainerd muriera en mi casa, de modo que pudiera yo escuchar sus oraciones, ser testigo de su consagración y ser inspirado por su ejemplo." Cuando Brainerd estaba muriendo, Wesley estaba en la plenitud de su vida de conquista espiritual. Escucha al Sr. Wesley dirigiéndose a su conferencia en Inglaterra. (Vean en otro capítulo mi cita del Dr. Sangster con motivo de la Conferencia Metodista del año 1958.) Wesley dijo: "¿Qué se puede hacer para reavivar la decaída obra del Señor?" Y el incansable evangelista que conmovió tres reinos, dio a renglón seguido la respuesta: "Que cada predicador lea con atención la biografía de David Brainerd."

Así que tenemos en línea a Payson, McCheyne, Carey, Edwards y Wesley, todos ellos hombres de renombre en la obra de Dios, sin embargo todos encendidos por una llama, y todos deudores del moribundo, pero suplicante Brainerd.

Hemos llegado al clímax del conflicto espiritual de los siglos y nos encontramos con que esta cosa distorsionada que llamamos la iglesia que se mezcla con el mundo y deshonra a Aquel que llama Señor ha sido descubierta por lo que es - un fraude. La verdadera iglesia es nacida de lo alto. En ella no hay pecadores, y fuera de ella no hay santos. Nadie puede añadir el nombre de otro a su lista, ni nadie puede borrar de ella nombre alguno. Esta iglesia - de la cual, gracias al Señor, todavía queda un pequeño remanente en este mundo - vive y se mueve, y tiene su ser en la oración. La oración es el deseo de su alma.

Como la primera bomba atómica sacudió Hiroshima, así la oración es lo único que puede desatar el poder para sacudir el corazón de los hombres. El paganismo culto que tenemos a nuestras puertas, estos templos idólatras y estos millones de almas atrapadas por el temor, hipnotizadas por el pecado, serán movidos hacia Dios cuando la iglesia sea movida por Dios. El diablo trata, con toda clase de artimañas, de apartarnos de la cámara secreta de oración, pues por la oración el hombre se une a Dios y por esta unión el diablo es confundido y derrotado. El bien lo sabe; que si la cámara de oración está cerrada, la mente es invadida con los cuidados legítimos o con imaginaciones tanto o más reales que la vida. Aquí debemos invocar nuestra principal defensa - la Sangre. Otro medio útil para librarnos de pensamientos errantes y ayudarnos a la concentración cuando oramos es hacerlo en forma audible, sin necesidad de ser estruendosa.

Habiendo ganado así la victoria sobre Satanás, nuestro próximo recurso son las "preciosas y grandísimas promesas de Dios." Aquí tenemos un fundamento firme y concreto. Aquí la moneda de negociar con el mismo cielo. Aquí Dios se compromete, cumple su palabra y espera que le honremos. Aquí tenemos una guerra, no con Dios, sino contra potestades, pues como cualquier otro ser, Satanás no se deleita en sufrir perdida. Las almas de los hombres son sus tesoros. Almas condenadas, almas que dudan, almas desobedientes, almas enfermas; almas de jóvenes y viejos; almas de religiosos y todas las almas no regeneradas por el Espíritu, son gobernadas por él con diversos grados de dominio. Almas, en diversos grados de espiritualidad, son los principales objetivos de sus saetas; pero "el escudo de la fe" las rechaza, y, gracias al Dios, nos libra de daño.

La oración no es para defensa. El escudo de la fe tiene ese fin. La oración es nuestra arma secreta. (Parece secreta para muchos en el pueblo de Dios. ¿Quienes de nosotros, a pesar de todo lo que hemos leído puede pretender saber mucho del tema de la oración?) No vencemos a Satanás por medio de la oración. Cristo lo venció hace dos mil años. Satanás engaña y esquiva, resopla y amenaza y tantas veces creemos sus amenazas y nos olvidamos del "supereminente grandeza de Su poder para con nosotros." El Maestro en el arte de la oración dijo: "0s doy potestad... sobre toda fuerza del enemigo." Esta es la victoria. El alma es levantada mediante la oración.

La verdadera oración consume tiempo. Al principio parece que el tiempo corre lentamente, pero más tarde, a medida que el alma se acostumbra a este ejercicio santo el tiempo vuela cuando oramos. La oración enternece el alma. Nota que no oramos por aquellas personas a las cuales criticamos, ni criticamos a aquellas por las cuales oramos porque la oración es un gran detergente. Ya sé que lo que limpia el alma es la sangre de Jesucristo. Pero en la oración, si hay algo adentro que condena, la sangre que fluye de las venas de Emanuel hablará mediante el Espíritu Santo en poderosa limpieza.

A Satanás no le importa, creo yo, que avancemos hasta en conocimiento de la Biblia, con tal de que nos abstengamos de orar, lo cual es el cumplimiento de la instrucción que recibimos por el estudio de la Palabra. ¿De qué sirve conocimiento más profundo si tenemos corazones más superficiales? ¿Qué vale tener la aprobación de los hombres si nos falta el de Dios? ¿Qué importa la limpieza física si tenemos la mente y el espíritu sucios? ¿De qué vale la piedad religiosa si tenemos carnalidad en el alma? ¿Qué importancia tiene la fortaleza física si padecemos flaqueza espiritual? ¿De qué sirve la riqueza material si tenemos pobreza espiritual? ¿Quién puede complacerse en la popularidad humana si es desconocido en las regiones del infierno? La oración es el remedio para todas estas contradicciones.

El alma que quiera librarse del falso concepto de espiritualidad de nuestro tiempo necesita entregarse a un andar más cerca de Dios y una mente calma y absorbida en lo celestial. El aspirante a la riqueza espiritual y a ser oído por Dios conocerá mucha soledad y comerá mucho del "pan de aflicción". Puede que no sufra mucha oposición de familia o sociedad, o puede que la sufra. Pero lo que sufrirá, de seguro, es muchos conflictos de alma, soledad (que quizás produzca malentendidos) y del retirarse de sus mejores amigos. A los amantes les gusta estar solos, y las mayores alturas del alma se conquistan en la soledad. Un poeta dijo:

Oí una llamado: "Ven, sígueme".           Eso fue todo. Goces mundanos palidecieron.      Mi alma se fue tras El,      y yo me levanté y seguí-            Eso fue todo.      ¿No le seguirás      Si Su llamado escuchas tú?















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