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03/16/2008 21:52:36 / bendecido
Dejadme arder hasta consumirme para Dios.
Sea lo que fuere que Dios ponga delante mío, la oración es lo mayor.
¡Oh, que pudiera ser un hombre de oración!
~ Henry Martyn
El amor se enciende en una llama y el arder es su vida.
Llama es la atmosfera que alienta la verdadera experiencia cristiana.
Se alimenta de fuego. Puede soportar cualquier cosa menos el ser una llama débil.
Pero cuando la atmosfera que la rodea es frígida o tibia, muere, de frío e inanición.
La verdadera oración DEBE ser ardiente.
~ E.W. Bounds
¡Oh, por una ardiente pasión por la almas.
Oh, por una compasión que anhela.
Oh, por un amor que ama hasta la muerte.
Oh, por el fuego que consume.
Oh, por el poder de la oración que prevalece,
Que se derrama por el perdido.
Oración victoriosa en el Nombre del Vencedor.
Oh, por un PENTECOSTES!
~ Amy Wilson Carmichael
SE BUSCA:
PROFETA PARA PREDICAR A LOS PREDICADORES
Tratar de medir el sol con una cinta métrica apenas
sería más difícil que intentar medir a Juan el Bautista con nuestras
medidas modernas de espiritualidad. La gente ansiosa preguntó acerca
del recién nacido: ¿Qué pues será este niño? Se les respondió: "Será grande delante de Dios."
Hoy día somos muy pródigos con el uso de esta palabra "grande", pues confundimos prominencia por eminencia.
En aquellos días Dios necesitaba no un sacerdote ni un predicador, sino
hombres. Había muchos hombres entonces, como los hay ahora; pero todos
eran demasiado pequeños. ¡Dios necesitaba un gran hombre para una gran misión!
Probablemente Juan el Bautista no tenía ninguna cualificación para
el sacerdocio, pero tenía todas las cualidades para ser un profeta.
Antes de su venida habían pasado cuatrocientos años de oscuridad, sin
un rayo de luz profética; cuatrocientos años de silencio, sin un "así
dice el Señor." Cuatrocientos años de deterioración progresiva en las
cosas espirituales. Con un río de la sangre de animales como expiación
y con un sacerdocio bien pagado como mediador, Israel, la nación
favorecida de Dios, se había extraviado en ceremonias, en sacrificios y
circuncisión.
Pero lo que un ejército de sacerdotes no pudo hacer en cuatrocientos años lo hizo un "hombre enviado de Dios": Juan el Bautista, preparado por Dios, lleno de Dios, encendido por Dios, ¡y lo hizo en seis meses!
Comparto la opinión de E.M. Bounds que Dios requiere veinte años
para preparar a un predicador. La educación de Juan el Bautista tuvo
lugar en la Universidad Divina del Silencio. Dios lleva a todos sus
grandes hombres allí. Aún Pablo, el orgulloso fariseo, guardador de la
ley, poseedor de un intelecto colosal y buen pedigre, cuando Cristo
cambió su rumbo en el camino a Damasco, necesitó sus tres años en
Arabia para vaciarle antes de que pudiera decir: "Dios reveló a Su Hijo
en mí." Dios puede llenar en un momento lo que tarda años en vaciarse,
¡Aleluya!
Jesús dijo, "¡Id!", pero también dijo "¡Esperad hasta!". Que se
encierre un hombre por una semana, sin otra comida que pan y agua, ni
otros libros sino la Biblia, ni otro visitante excepto el Espíritu
Santo y os garantizo, hermanos predicadores, que este hombre, o romperá
su propósito o romperá todo obstáculo y saldrá. Después de esto, a
semejanza de Pablo, ¡hará sentir su influencia en el infierno!
Juan el Bautista fue a la Escuela del Silencio de Dios, el desierto,
hasta el día que se mostró a Israel. ¿Quién podía estar mejor equipado
para la tarea de levantar a una nación torpe de su sueño sensual que
este profeta curtido por el sol, bautizado por fuego, criado en el
desierto - enviado por Dios con el rostro como la mañana de juicio? En
sus ojos estaba la luz de Dios, en su voz la autoridad de Dios y en su
alma la pasión de Dios. ¿Quién, pregunto, podía ser mayor que Juan? Es
cierto que no hizo milagros, no levantó ningún muerto, pero hizo mucho
más: ¡levantó una nación muerta!
Este profeta vestido de pieles, con un ministerio de tiempo
limitado, tanto ardía y brillaba que los que escucharon la voz de su
ardiente lengua y sus mensajes ensendidos se fueron a casa a pasar
noches sin dormir, hasta que sus almas chamuscadas fueron quebrantadas
por el arrepentimiento. Sin embargo,
Juan el Bautista era un
extraño en doctrina - sin sacrificio, ceremonias ni circuncisión;
extraño en comida - no bebedor ni comilón;
extraño en vestimenta - sin filacterias ni vestidos farisaicos.
Pero ¡Juan era grande!
Las grandes águilas vuelan solas;
los grandes leones cazan solos;
las grandes almas andan solas -
solas con Dios.
Esta soledad es difícil de soportar e imposible de gozar, a menos
que ande en la compañia de Dios. Verdaderamente Juan se graduó en
grandeza. Era grande en tres formas:
Grande en su fidelidad al Padre; con años de entrenamiento y una predicación de solo cortos meses.
Grande en su sumisión al Espíritu; empezó y terminó según le fue ordenado.
Grande en sus declaraciones acerca del Hijo; manifestando
que Jesús, a quien nunca había visto, era "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo."
Juan era una "Voz." La mayoría de los predicadores son
solamente "ecos", pues si los escuchas con atención descubres cuál es
el último libro que han leído y cuán poco citan el Libro.
Para alcanzar las masas necesitamos una Voz,
¡un profeta enviado del cielo a predicar a los predicadores!
Se requiere hombres quebrantados para quebrantar a los hombres.
Hermanos, nosotros tenemos equipo pero no respaldo divino, conmoción
pero no creación, acción pero no unción, ruido pero no avivamiento.
Somos dogmáticos pero no dinámicos.
Cada época ha sido iniciada por fuego; cada vida, ya sea la de un
predicador o de una prostituta terminará con fuego: fuego de juicio
para algunos; fuego del infierno para otros. Wesley cantó: "Salva las
pobres almas del fuego y apaga sus llamas en la sangre de Jesús."
Hermanos, tenemos solo una misión, salvar almas ¡ sin embargo perecen!
¡Oh, piensa en ellas! Millones, centenares de millones, quizá más de
dos mil millones de almas eternas, necesitan a Cristo. ¡Sin Vida
Eterna, perecen! ¡Oh, la vergüenza! ¡El horror! ¡La tragedia de todo
esto! "Cristo no quería que ningún alma pereciera."
¡Predicadores,
hoy la gente va por millones al fuego del infierno
porque nosotros hemos perdido el fuego del Espíritu Santo!
Esta generación de predicadores es responsable por esta generación de pecadores.
A las mismas puertas de nuestras iglesias están las masas -
sin ganar porque no son alcanzadas;
sin alcanzar porque no son amadas.
Gracias a Dios por todo lo que se hace en los campos misioneros; sin
embargo, parece raro, que hay más "aparente" preocupación por la gente
al otro lado del mundo que por nuestros vecinos que perecen al otro
lado de la calle!
Con todo nuestro gran evangelismo de masas, las almas se cuentan solo
por centenares. Que venga una boba atómica y caerán al infierno por
millares.
Decir que el pecado de hoy día no tiene paralelo no tiene
fundamento. Jesús dijo: "Como en los días de Noé, así será en la venida
del Hijo del hombre." Encontramos una descripción gráfica del tiempo de
Noé en Génesis 6:5, "Y vió J(oleole)
emanová que la maldad de los hombres era
mucha en toda la tierra, y que todo designio de los pensamientos del
corazón de ellos era de contínuo solamente el mal." Así que había
mal sin excepción, todo designio;
mal sin mezcla, solamente el mal;
mal sin interrupción, de contínuo.
Así era entonces y así es hoy. El pecado es adornado y popularizado,
arrojado a los oídos por la radio, a los ojos por la televisión y
volcado en las tapas de las revistas populares. Los asistentes a las
iglesias, cansados de sermones y enseñanzas, dejan las reuniones como
han entrado: ¡sin visión y sin pasión!
¡Oh Dios, da a esta generación que perece diez mil Juan Bautistas -
para arrancar las vendas puestas sobre nuestros pecados, nacionales e
internacionales, por políticos y moralistas!
Como Moisés no podía confundir la visión de la zarza ardiente, así
una nación no puede confundir la visión de un hombre que arde por Dios!
Dios responde al fuego con fuego.
Cuanto más fuego en el púlpito, tantos menos arderán en el infierno.
Juan el Bautista era un hombre nuevo con un mensaje nuevo. Como el
acusado de homicidio que oye la temible sentencia de "culpable" de boca
del juez y palidece, así las multitudes oían el clamor de Juan: "¡Arrepentíos! "
hasta que esta voz circulaba por los corredores de sus mentes, agitaba
sus memorias, doblegaba las conciencias y les traía, presos de terror,
al bautismo de arrepentimiento!
Después de Pentecostés, el discurso de Pedro, lleno del bautismo del
fuego del Espíritu Santo recién recibido, conmovió las multitudes hasta
que clamaron como un solo hombre: "Varones hermanos,¿qué haremos?"
Imagina que a estos hombres así conmovidos se les hubiera dicho:
"Firmad una tarjeta, asistid a una iglesia regularmente, pagad vuestros
diezmos." ¡No! Mil veces ¡NO!
Ungidos por el poder el Espíritu de Dios, Juan clamó: "¡Arrepentíos! " ¡Y lo hicieron!
El arrepentimiento no es unas tibias lágrimas en el altar.
No es una emoción.
No es un remordimiento o una reforma.
¡Arrepentimiento es un cambio de mente acerca de Dios, acerca del pecado y acerca del infierno!
Las dos mayores fuerzas de la naturaleza son el fuego y el viento. Y
estas dos se unieron el día de Pentecostés. Así, como lo son el fuego y
el viento, aquella bendita compañía del "aposento alto" fue
irresistible, incontrolable, impredecible. ¡Entonces su fuego encendió
el fuego misionero, apagó la violencia de fuegos adversos, causó el
fuego de mártires y comenzó fuegos de avivamiento!
Hace doscientos años, Carlos Wesley cantó,
¡Oh, que en mí la sagrada llama
Pueda empezar a brillar,
Quemando la escoria de bajos deseos
Y haciendo las montañas fluir!
El Dr. Hatch exclamó,
Respira en mí, Aliento de Dios,
Hasta que Tuyo totalmente sea,
Hasta que lo terrenal en mí,
Brille con Tu fuego divino.
El fuego del Espíritu Santo destruye, purifica, enciende, atrae y unge.
Algunos cristianos no pueden decir cuándo fueron salvos, pero yo
nunca he conocido a un hombre que haya sido bautizado con el Espíritu
Santo y fuego y que no pueda decir cuándo ocurrió. Tales hombres,
llenos del Espíritu, conmueven naciones para Dios, como Wesley quien
fue nacido del Espíritu, lleno del Espíritu y vivió y caminó en el
Espíritu.
Un automóvil nunca se moverá hasta que sea encendida la chispa de su
ignición - su fuego; asi algunos hombres no son movidos, ni ellos
mueven a nadie, porque lo tienen todo excepto el fuego.
¡Queridos hermanos: habrá un juicio especial para predicadores,
ellos recibirán la mayor condenación (Santiago 3:1). Será posible acaso
que, cuando ellos sean hallados culpables ante el tribunal de Dios,
otros hombres se vuelvan a algunos de ellos y les digan: "Predicador, si hubieses tenido fuego del Espíritu Santo yo no iría ahora al fuego del infierno."
Como Wesley, yo creo en la necesidad del arrepentimieto en el creyente.
La promesa del Padre es para tí.
Por tanto, ahora mismo, de rodillas en tu solitario puesto misionero, o
al lado de tu silla en tu confortable hogar, o en tu despacho pastoral,
desalentado y a punto de abandonarlo todo, haz esta oración:
Para hacer mi débil corazón fuerte y valiente,
Envía el fuego.
Para vivir solo para salvar a un mundo que se muere,
Envía el fuego.
Oh, mírame arrojar sobre Tu altar en este día
Mi vida, mi todo.
Como aceptación de mi ofrenda ahora, te ruego:
Envía el fuego!
F. de L. Booth Tucker
Tenemos una iglesia fría en un mundo frío porque los predicadores son fríos. Por tanto, "¡Señor, envía el Fuego!"
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