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¿Por qué la gente no se da cuenta que necesita a Dios?
04/13/2008 15:00:11 / contento
Tal vez existan mortales que ya nacen con una mala
marca, una especie de karma, algo que los predispone antes de la vida
adulta. Este, damas y caballeros, es un típico caso.
Sin padres reconocidos y mucho menos alguien que hubiese considerado
adoptarlo, se comenta por el barrio que carga con diez muertes. Cuentan
que al llegar a los treinta y pico, entró en la mafia grande, la de los
amigos importantes, las influencias del poder por lo que nunca se le
comprobó ningún delito. Desde el alcalde hasta el juez, conocen que
maneja negocios turbios. Pero es su vinculación con el poder lo que le
ha dado tanta impunidad. Se ríe de los jueces y juega su turbulenta
vida ante la mirada absorta de los inocentes.
Pero el poder cambia. Tal vez alguna treta política le jugó una mala
pasada, o quizá un juez escrupuloso no permitió que alguien le pusiera
precio a su deber y ahora está privado de la libertad. El periódico lo
festejó colocando la noticia en la primera plana. Los ciudadanos
respiraron aire de justicia, tardía, pero justicia al fin. Los
políticos utilizaron el encierro para su campaña y algún poderoso hizo
declaraciones para la televisión.
Si
hubiese una mínima chance de que algún preso fuese liberado, no sería
él. No debe existir un solo ciudadano de bien, que no se alegre por el
justo encierro. Los que tenían miedo declararon y un hábil fiscal pudo
probar cada delito. Dicen que ningún abogado pudo defender lo
indefendible. Lo sentenciaron a cadena perpetua. Pero todo eso fue hace
un año.
Hoy es un
día festivo, y la costumbre es darle un «regalo» a la ciudad. En este
día de fiesta, la gente puede votar para que el gobierno suelte a un
preso. El nefasto hombre no aspira ni a soñar ese deseo. La gente lo
odia demasiado, piensa. No existe posibilidad de pensar en la
libertad... a menos que... existiese alguien a quien la gente odie más
que a él. Un violador de niñas. Un caníbal, una bestia que mate
ancianas, algún azote venido del mismísimo infierno. Si hubiese tal
persona, por lógica comparación, el mafioso podría ganarse el olvido de
su condena. De pronto un
guardia interrumpe su delirio. Seguramente lo golpeará hasta
desangrarlo como le ha sucedido todo este año. Pero el guardia no
parece disgustado. Ya no entiendo a este país —comenta el guardia— el
maldito pueblo ha votado por hacerte libre y encerrar a otro en tu
lugar.
El
afamado asesino no da crédito a lo que oye. Algo no está bien, o el
país enloqueció o quizá apareció alguien que despierte más odio popular
que él mismo. Un escribano constata su firma en el libro de salidas. Es
demasiado milagroso, demasiado irreal para una sola tarde. El hombre
condenado a cadena perpetua será liberado gracias al mismo pueblo que
lo encerró. Afuera le
aguardan los reporteros que se apretujan por la primicia. El ladrón
gana la calle y los micrófonos lo apuntan. Quieren saber su reacción,
necesitan al menos alguna declaración. El mafioso pregunta. Debería
responder, pero quiere saber. Pregunta quién es el monstruo que será
condenado en su lugar. «Jesús de Nazaret», responde una cronista, «la
gente te prefirió a ti, antes que al tal Jesús».
El
hombre no entiende, y se abre paso entre la turba. Tiene demasiadas
cosas qué preguntar. Tiene libertad pero no la comprende. Y lo que es
peor: el nunca creyó necesitar de nadie, mucho menos, de un hijo de
carpintero. El tal Jesús tiene que ser demasiado importante para ocupar
su lugar o muy loco para ganarse el odio de toda la ciudad. Quien sabe,
tal vez se trate de alguien que haga historia y se detiene en el medio
de la nada con un solo deseo. Uno tan fuerte como lo fue el de la
libertad. El mafioso quiere conocer quién lo reemplazó.
Desde
hace dos mil años, todos se hacen las mismas preguntas. Millones, en
todo el mundo, se preguntarán por qué el tal Jesús se dedica a cargar
con odios ajenos. Por qué reemplaza a delincuentes. Quizá Barrabás no
se dio cuenta que necesitaba al Señor porque no se podía imaginar que
alguien quisiera sufrir en su lugar. Es demasiado milagroso. Pero es el
único camino a la libertad.
Dante Gebel Fuente: http://www.bibliag3.com/pc_necesita.htm
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