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NO TE CANSES DE HACER EL BIEN....
03/13/2008 11:15:28 / Otro
La brisa que baña a Santiago de Cali en el atardecer no se puede describir con palabras. No se puede definir, sólo vivir. Es como una poesía. Las luces de los edificios comienzan a encenderse y como si hubiese estado dormida bajo el sopor de los rayos del sol, despierta la ciudad nocturna. Las calles del centro se llenan de personas presurosas por llegar a casa. Van y vienen. En diferentes direcciones. Distintos mundos. Cada quien ocupado en su propia realidad. En el parqueadero de autobuses una enorme fila. Cada quien cuida su espacio. Harto ha costado tener ese puesto. Miran hacia la distancia, en la calle trece. Esperan el vehículo. Unos miran el reloj, otros levantan la mirada al cielo. Desean percatarse de la rapidez con la que pasa el tiempo. Y ese deseo íntimo de llegar al hogar para descansar... Una mujer recorre la prolongada hilera de personas. Setenta años a lo sumo. Viste como en el siglo pasado. Para ella los años, los meses, los días, los minutos y los segundos no pasan. También desea transportarse. Va de un lado a otro, como si esperara encontrar un resquicio dónde acomodarse. Nadie presta atención. Todos ocupan su espacio. Nadie cede un centímetro. Esperan el autobús. Alguien le pone su mano en el hombro. Llama su atención. "Tome mi lugar", le dice. Y de inmediato ese silencio pesado, de quienes alrededor comprenden que pudieron hacer el bien pero su egoísmo lo impidió. La anciana se sonríe. Es su forma de agradecer. El hombre va entonces hacia el extremo de la fila. No perdió su esfuerzo; por el contrario, ganó. Hizo el bien. Y no hay dinero que pueda cubrir ese bien que se hizo... Los cristianos corremos el peligro de caer en la indiferencia que nos rodea. Cada cual sumido en sus propias necesidades. Sin importarle lo más mínimo qué ocurre con el prójimo. Es una insensibilidad que nos está matando. Nos importa poco que el mundo se caiga a pedazos, como un castillo de naipes. El apóstol Pablo pone los puntos sobre las íes. Nada de indiferencia, dice. Los seguidores del Señor Jesús estamos llamados a obrar a favor de los demás. Él escribe: "Ustedes, hermanos, no se cansen de hacer el bien" (2 Tesalonicenses 3:13. Nueva Versión Internacional). La pregunta apenas natural: ¿Cuándo fue la última vez que ayudé a alguien sin interés de ninguna índole? La respuesta está en sus manos. Si no ha prestado colaboración a quien lo necesita, es hora de que comience ya...
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