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De los regalos a las recompensas
04/29/2008 08:37:05 / bendecido
La muerte es la recompensa por haber pecado, sin
embargo, la vida eterna es un regalo. El Señor no le debe a nadie vida eterna
porque sino dijera que la paga a tus buenas obras es la vida eterna, pero Él no
dice así. Su Palabra dice que la paga del pecado es muerte, mas la dádiva y el
obsequio de Dios es la vida eterna. La salvación es tan cara, pero tan cara que
sólo gratis se puede recibir.
En Romanos 6.23 dice: “Porque la paga del pecado
es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
En este versículo puedes notar que hay paga y hay
regalo, y que son dos cosas diferentes. La primera es una recompensa y la
segunda es un obsequio.
La paga de todo el que ha pecado será la muerte y
no hay excepción. Quizá digas que en tu caso no es para tanto, pero es igual.
De manera que sólo hay pecadores bien educados y otros no tanto. Hay pecadores
que dicen malas palabras todo el día y otros bien refinados que con elegancia
entrarán por las puertas del infierno. Pecadores corrientes, vulgares y otros
refinados que entrarán al infierno diciendo: “¿Y no hay aire acondicionado?”.
La muerte es la recompensa por haber pecado, sin embargo, la vida eterna es un
regalo. El Señor no le debe a nadie vida eterna porque sino dijera que la paga
a tus buenas obras es la vida eterna, pero Él no dice así. Su Palabra dice que
la paga del pecado es muerte, mas la dádiva y el obsequio de Dios es la vida
eterna. La salvación es tan cara, pero tan cara que sólo gratis se puede
recibir.
La gente está acostumbrada a quererle pagar a
quien no le debe. Si has pecado en contra de Dios, ¿por qué crees que dándole
dinero a un enfermo, el Señor te debe perdonar lo que le hiciste a Él? Por
ejemplo, si yo peco contra mi esposa, no tengo por qué llevarle flores a la
tuya, debo llevarle flores a la mía.
En la vida, Dios da regalos, pero también da
recompensas. La vida eterna es un regalo inmenso. Tener un hijo es un regalo.
Hay gente que era estéril y ahora tiene un hijo, quizá no merecían el milagro,
pero Dios se los regaló. De hecho, el conflicto más grande para recibir un
milagro es saber si lo merezco o no. ¿Puedo ser sana del tumor que tengo en el
vientre, cuando aborté en el pasado dos veces? No, no eres digna de ningún
milagro, pero la misericordia de Dios te lo puede otorgar. ¿Puede alguien ser
sano de sida si en su interior dice: “¿Cómo voy a ser sano si fui homosexual”?
Por supuesto, porque la sanidad será un milagro que Dios te da, que no te lo
dará de acuerdo a lo que has hecho, sino de acuerdo a su eterna misericordia.
¿Cuál es el problema del pueblo cristiano,
evangélico y religioso? Que vive sentado esperando que Dios le regale todo. Tú
no has ido más allá porque te quedaste esperando que el Señor te dé sólo
regalos, cuando Dios tiene recompensas. Los hijos son un regalo, y los buenos
hijos son una recompensa de la buena educación que les has dado. Dios te regaló
la empresa, sólo la abres y te vas a jugar golf creyendo que el Señor tomará
cuidado de tu empresa, entonces, cuando llegas le dices: “¿Dios, ya
trabajaste?” Claro que Dios te puede regalar una empresa, pero una empresa
exitosa es una recompensa a los que trabajan bien. La casa y las riquezas son
herencia de los padres, eso es un regalo. Tú debes trabajar para regalarle una
casa a cada uno de tus hijos.
Tú puedes ser lleno del Espíritu Santo, Él lo
prometió como un regalo. Pero ser usado continua y permanentemente bajo la
unción del Espíritu Santo, es una recompensa. En el contexto de la unción, la
Biblia dice que Dios le dará su Espíritu a los que le obedezcan. La sanidad
puede ser un regalo hoy, y se va ir el cáncer en el nombre de Jesús, y la buena
salud es una recompensa a quien se cuida, al que come bien y hace ejercicio.
La Biblia dice que la casa y las riquezas son
herencia de los padres, más de J(oleole)
emanová la mujer prudente. Es decir, la mujer
prudente es un regalo de Dios. Ahora bien, un buen matrimonio es una recompensa
al hombre que sabe tratar bien a su esposa. La esposa que sabe tratar bien al
esposo y los padres que saben tratar bien a sus hijos, los hijos que responden
con obediencia a sus padres y la sumatoria de todo eso te da una excelente
familia.
En Mateo 6:16 dice: “Cuando ayunéis, no seáis
austeros como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a
los hombres que ayunan: de cierto os digo que ya tienen su recompensa”.
¡Imagínate! Hasta los que ayunan mal tienen su
recompensa. El ayuno es tan poderoso que hasta hacerlo mal tienen recompensa.
Ayunar es algo que trae recompensa. Eso quiere decir que puedes estar en el
mundo de los regalos de Dios y cuando empiezas a ayunar, te empiezas a mover al
mundo de las recompensas. En otras palabras, el que ayuna puede llegar a
obtener algo que los que no ayunan no logran; porque hay una recompensa a los
que ayunan.
Hay quienes ayunan mal y obtienen su recompensa.
Algunos ayunan para bajar de peso y disfrazan su dieta de ayuno espiritual.
Entonces, cuando se ven al espejo, ya tienen su recompensa. Otros ayunan para
que la gente diga: ¡Wow, cómo ayuna! Es un gran hombre de Dios. Y como eso es
lo que están buscando, su ayuno ya fue recompensado. Es decir, hasta los que
ayunan mal, reciben su recompensa y los que no ayunan ni esa recompensa
reciben.
En el verso 17 dice: “Pero tú, cuando ayunes,
unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino
a tu padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará
en público”.
Eso no quiere decir que la gente no sepa que
ayunes, quiere decir que no lo hagas para que las personas se enteren que
ayunas. Quiere decir que no lo hagas para que eso sea tu recompensa, porque si
eres joven y llevas siete días de ayuno y tu mamá te pregunta por qué no comes
y no le dices, va a pensar que estás enfermo. Debes decir que estás ayunando en
el espíritu, y tus padres te dirán que van a orar por ti. Eso no quiere decir
que ya tengas tu recompensa.
Si lo que queremos es ayunar para que todo el
mundo lo sepa, ya tenemos nuestra recompensa, igual serás recompensado lo hagas
mal o bien, pero las dos tienen una recompensa en público. Si ayunas para que
la gente te admire, ya tienes tu recompensa, porque la gente sabe, mira y
observa. Pero no se trata de hacerlo sin que nadie sepa, lo que la Escritura
dice es que no lo hagas para la opinión de la gente, sino que para tu Padre que
ve en secreto, y Él te recompensará en público. O sea, que si lo haces mal para
que la gente mire, tu recompensa es que la gente mire que ayunas, pero si lo
haces para el Señor, tu recompensa será otra. No el ayuno en sí mismo, ni que
te mire la gente, sino será otra que la gente podrá ver.
La Palabra dice que Él te recompensará en
público, delante de los demás. Habrá gente que podrá ver lo que Dios te dará
por haber ayunado. Ahora bien, es una recompensa, eso quiere decir que el Señor
te la dará cuando Él quiera. Lo que significa que la bendición que Él te va dar,
la gente la reconoce. Es decir, muchas de las recompensas que recibes por
ayunar incluyen cosas, porque la gente se fija en las cosas, porque eso es lo
que mira la gente y es público. En otras palabras, aunque quieras esconder la
bendición que Dios te ha dado de los demás, Dios mismo se va a encargar que
todo el mundo lo sepa porque Él dijo que te recompensará en público. Por
ejemplo, si de repente el Señor te recompensa por lo que has hecho con una
hermosa casa y dices: “No voy a invitar a mis familiares porque qué irán a
decir, me da pena”. Pero justo ese día llegan todos y es porque Dios te dice:
“Te dije que iba a ser en público”.
Hay una única manera de quitarte la recompensa,
no hagas nada y quédate viviendo con los regalos. Pero si empiezas a hacer lo
que Dios ordena y como Él lo manda, va ser inevitable que el público se dé
cuenta de cómo Dios tiene a los que le obedecen.
En Mateo 6:4 dice: “Y cuando ores, no seas como
los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las
esquinas de las calles para ser vistos de los hombres: de cierto os digo que ya
tienen su recompensa”.
Largas oraciones en público reflejan cortas
oraciones en privado. Largas oraciones en privado reflejan cortas oraciones en
público porque uno ya sabe lo que tiene. Ahora bien, Jesús, oró para resucitar
a Lázaro, levantó su voz y dijo: “Padre, yo sé que siempre me oyes, pero para
que éstos sepan...” Él no buscaba una recompensa de ellos, pero sí buscaba
glorificar a Dios para que la gente supiera como Dios, el Padre, respaldaba las
peticiones de su hijo. El que ora, aunque ore mal, tiene recompensa, porque
dice: “La gente admira como oro”. Pero hay quienes que ni esa tienen.
Y el verso 6 dice: “Mas tú, cuando ores, entra en
tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu
Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y en Mateo 21:22 dice:
“Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.
Todo lo que pidas en oración, creyendo, lo
recibirás. Ahora, nota que eso es para el que ora, no para quien no ora. Dios
bendice también a los que no oran con regalos, pero a los que oramos, el Señor
nos bendice más allá, con las recompensas. Entonces, no puedes quejarte de un
tipo de vida que tiene un hombre que ayuna y de la clase de vida que tiene un
hombre que ora. Si tú no lo haces, no puedes decir: “¡Ah... como le va a fulano
o a mengano!” Al rato, ellos tienen una vida secreta que tú desconoces y lo
único que conoces son las recompensas que su Padre les da en público. Y sólo
miras y dices: “¿Pero cómo los bendice? ¿No puede ser posible que esa familia
ya tenga otra casa, otro vehículo, Dios los prosperó? ¡Ahora sus hijos estudian
hasta el extranjero! ¡No es posible!” Y empieza la envidia. Ahora bien, tú vas
a dejar de hacer lo que debes porque otros tienen envidia. Tú no puedes
retroceder porque otros no quieran que avances, debes seguir adelante, seguir
ayunando, orando, creyéndole a Dios. Busca tus recompensas, deja que el Señor
te recompense.
Cuando somos sanos de corazón, disfrutamos las
recompensas que no son nuestras, porque somos personas acostumbradas a ver que
Dios nos recompensa y nos gusta ver cómo recompensa a otros. En lo personal,
cuando veo que Dios recompensa a los demás me da gusto, porque es una señal en
la vida de la gente que ha hecho lo correcto.
Cuando Dios no te recompensa en público,
preocúpate, porque seguramente no estás haciendo buenas cosas en secreto. Si
eres una persona que en secreto murmura y critica, algún día tendrás tu
recompensa en público, te van a callar la boca y te van a llamar a cuentas
delante de todos. Pero cuando una persona es sana de corazón, disfruta las
bendiciones que Dios le da y las que da a los demás.
¿Acaso no has leído que la Biblia dice que no
tienes porque no pides? Acaso no has leído la Parábola del hijo pródigo, en
donde el segundo hijo le dijo al padre: “Nunca me has dado ni un solo ternerito
para gozarme con mis amigos”, y el padre le dijo: “Todo lo que tengo yo es
tuyo, sino has comido con tus amigos es porque no quisiste”. Tú puedes venir y
no agarrar lo que no es tuyo, pero otra cosa es que no sea de nadie y otra que
nadie lo quiera.
En Mateo 10:32 dice: “A cualquiera, pues, que no
me confiese delante de los hombres, yo tampoco le confesaré delante de mi
Padre, que está en los cielos. Y cualquiera que me niegue delante de los
hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.
Esto es para la salvación, cuando pasas al frente
para recibir a Jesús, no es para que los hombres te miren, peroo hay cosas que
no las puedes guardar en secreto. Cuando confesamos al Señor en público, Él nos
confesará delante de nuestro padre. Cuando tú confiesas las bendiciones de Dios
a los demás, estás confesando al Señor que te las dio. De manera que, si el
Señor te ha bendecido con paz, con conciencia limpia y certidumbre de fe,
testifica que Dios te lo dio, y que ha sido bueno contigo. Cuando la gente
entre en tu casa y vea tu sala y comedor, te diga: “¡Ay que sala!” Dile: “Dios
es bueno conmigo”. Y si te dice que Dios no está para esas cosas, responde:
“Para mí que es mi padre, sí está”.
Testifica lo que el Señor te ha dado y ha hecho
contigo y tu familia, habla a los demás de eso. Y cuando Dios te recompense en
público, di que Dios lo ha hecho.
No peques de falsa humildad al no esperar algo de
parte de Dios por las cosas que hagas. Si eres un hombre o una mujer de
oración, debes saber que Dios te recompensará. Si eres un hombre o una mujer de
ayuno, debes saber que el Señor te va a recompensar.
En Mateo 6:2 dice: “Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante
de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser
alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas
cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que tu
limosna sea en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en
público”.
¿Has ayunado sin interés? No lo vuelvas hacer,
eso es aguantar hambre nada más. ¿Has orado para pedir algo a Dios alguna vez?
¿Tienes algún prejuicio en orar para que Dios te dé algo? Donde tenemos
prejuicio es en dar para que Dios nos dé. Ahí es donde está el problema, por
eso Jesús empezó hablando de eso, Él habló de dar. No hay ningún problema en
dar esperando que Dios te dé algo, Él mismo dice que te recompensará en
público.
Muchas veces, algunas personas quieren hacer
prosperar sus empresas orando y ayunando nada más, y el factor más importante
de la empresa sería lo económico, no dejes de dar por tu empresa. Haz a Dios tu
socio más que a los hombres.
Dios
te dará más allá de lo que entiendes o pides, no sólo porque oras o ayunas. La
misma Biblia dice: “Dad y se os dará, medida buena, apretada, remecida,
rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida que tú des, te van
a volver a dar y una cuarta más”. El Señor hizo el énfasis en lo que iba a
devolver, todos los calificativos son de lo que te darán de vuelta.
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