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Corazón de caballero
DATE: 09/03/2008 07:26:13 / MOOD: Otro

Corazón de caballero

 

-Algún día seré un caballero del rey -dice el niño rubio, mientras observa un desfile militar.

-¡Ja, ja, ja! ¿Un caballero? ¡El hijo de un techador quiere ser un caballero! -se burla un vecino algo viejo y molesto por los sueños de un niño demasiado ambicioso- sería más fácil cambiar las estrellas, antes que seas un caballero.

El niño siente la daga del sentido común que lo atraviesa. La lógica dice que él no tiene sangre de nobleza, ya lo dijo el vecino: Es el hijo de un techador, apenas un reparador de goteras.

Sin embargo tiene una esperanza, débil, pero esperanza al fin. Es el boxeador que perdió en cada asalto, pero se juega un round más. Es el corredor que se dobla el tobillo faltando cincuenta metros para la meta, pero se reincorpora otra vez.

-¿Podré algún día cambiar las estrellas? -pregunta a su padre.

-Siempre que quieras, podrás cambiar tu estrella -responde el sabio techador.

El film se titula "Corazón de caballero" y narra la historia de alguien que logró cambiar su destino, trastocó la lógica, se peleó con el sentido común. Debió ser techador, pero prefirió anhelar ser caballero. Se enroló en los combates como si fuese un noble, logró tantas victorias, que para cuando descubren que no tiene sangre de nobleza, ya es demasiado popular, demasiado campeón. Y un rey le otorga el verdadero título al mérito. Un corazón de león que cambia su futuro aunque esté "muerto".

Puedes cambiar tu estrella.

 

Dante Gebel



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Lista de contactos
DATE: 08/29/2008 16:19:55 / MOOD: no se

Lista de contactos

En mis primeros años de ministerio, recuerdo que sólo tenía una ansiada y única meta, una ambición santa: intentar ser un hombre de oración. Sabía que si lograba cruzar la línea de la oración superficial, recién entonces accedería a los grandes secretos del Señor. A los misterios escondidos del Reino.Debo reconocer que lo intenté todo, absolutamente. Con mi esposa, orábamos por las madrugadas, hasta caernos de cansancio. Liliana solía alentarme diciendo:

-Es mucho mejor quedarse dormido en el intento de orar, que irse a dormir sin por lo menos, haberlo intentado.

Colocábamos música de adoración para calmar nuestro alma y de esa manera, estar más calibrados con el corazón del Creador. Cada vez que me disponía a subir a un nuevo nivel de oración y búsqueda, sentía que mis pensamientos funcionaban como un tropel de caballos salvajes. Me era casi imposible hilvanar tres o cuatro frases seguidas en la presencia del Señor, sin que mi mente comenzara a divagar o dispersarse.

 

 Sentía que existía una fuerza maligna que se había empecinado en que no pudiera lograr la ansiada comunión con el Señor.Seguramente has estado allí, sintiendo exactamente lo mismo.Un ejército de interrupciones.Discusiones matrimoniales sin sentido, minutos antes de comenzar a orar.Un teléfono que no para de sonar.Visitas inesperadas a deshora.Un niño con ataques de rebeldía.Una preocupación que logra ocupar toda tu mente.Un estreno favorito por televisión.Y el cansancio demoledor. Ese eterno gigante que llega cada vez que te dispones a cruzar la barrera de la superficialidad.

 

 Pero no hay treguas cuando has decidido subir un escalón. Las alarmas del infierno ya comenzaron a sonar y alguien alertó al mismísimo infierno que estás a punto de transformarte en un individuo peligroso. Estás en un punto sin retorno, o te quedas a vivir en aguas tranquilas, o te sumerges en las profundidades de la verdadera comunión. Aquella que te colocará directamente en el directorio de la Agenda Divina.Recuerdo que fue por aquellos años, de muchísima disciplina y antes de experimentar el deleite de estar con El, cuando determiné que tendría una filosofía de vida, en cuanto a mi búsqueda personal. Un día, parafraseé algo que solía mencionar Kathryn Kuhlman:-El día que me toque encontrarme cara a cara con el Señor, quiero mirarlo directamente a los ojos, y decirle: "Si no quisiste usarme para servirte fue porque no se te antojó, pero no podrás culparme a mí, yo estuve ahí, todos los días de mi vida, esperando que me hables".

 

A eso se reducía mi búsqueda. Si bien estaba consciente que me costaba horrores entablar un diálogo con El, por lo menos, quería estar en el lugar correcto, en el sitio oportuno, a la hora indicada. Así que, me decidí a no irme a la cama, sin antes buscar su rostro, todos los días de mi vida. Debo confesar que me costaba todo el mayor esfuerzo de mi mismo, pero tenía la esperanza que algún día, lograría que El me atendiera de un modo especial.

 

No estoy diciendo que mis oraciones no fuesen escuchadas hasta ese entonces, si no que necesitaba subir a un nuevo nivel de comunicación. Me frustraba el solo pensar que mis ruegos fueran una suerte de monólogo y que tuviese que creer por la fe, que El estaría oyéndome. Al igual que Abraham, ambicionaba una comunión, no solamente una relación.Soy el menor de cuatro hermanos, y nos separan varios años. De hecho, cuando llegué a este mundo, mi hermano mayor acababa de casarse. Por alguna razón, nunca logramos ser demasiado unidos, es decir, no nos llevamos mal, pero tampoco hemos logrado ser íntimos amigos. Nos conocemos, nos amamos, nos respetamos y llevamos la misma sangre. Pero por alguna razón, tenemos muy buena relación, pero no hemos logrado tener comunión. Supongo que la intensa actividad que cada uno de nosotros desarrolla, hace que nos veamos en alguna ocasión muy especial, como una boda o un funeral.

 

Sam Hinn suele decir que las promesas descriptas en todo el magnífico Salmo 91, tienen una pequeña cláusula. Como si se tratara de las letras pequeñas de un contrato, excepto que éstas están al principio, como un alerta que curiosamente pasamos por alto cada vez."El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente".No dice "el que visita", sino "el que habita".No puedes pretender acceder a los propósitos y regalos del Señor haciéndole una visita de cortesía cada domingo. La relación es casi una obligación de todos los que oramos. Pero la comunión es opcional. Es estar en la lista de contactos. No tener que avisar previamente para realizar una visita, llamar por teléfono o enviar un correo electrónico fuera de itinerario. Y por sobre todas las cosas, tener la plena seguridad que no serás una molestia. Por esa razón, mi mayor anhelo era aparecer en la agenda dorada de los Cielos, en el directorio de personas importantes para el Reino.

 

Una madrugada del cuatro de Junio de 1991, El decidió venir a visitarme. Quizá fueron aquellos dos minutos extras que decidí quedarme de rodillas, luego de haber dicho amén. Pero me gusta más la idea que El quiso ingresarme a su lista de contactos. Tuve la visión más grandiosa de toda mi vida. El Señor me mostró un estadio repleto de jóvenes, mientras que podía verme a mi mismo predicando y recorriendo el enorme palacio del fútbol. Pero lo que más logró impactarme no fue exactamente lo que estaba viendo, sino el hecho que Dios me había considerado para ofrecerme una función privada. Una premier de aquello que El mismo había preparado para un futuro cercano.

 

Definitivamente, ese fue el día que accedí pasé de la sencilla relación a una intensa comunión. Nadie es igual, luego de ingresar a la agenda del Padre. A partir del momento que subes a ese nuevo nivel, puedes saber cuando el Padre viene a visitarte. Simplemente aprendes a reconocer su estilo.Observa bien y notarás que juega con tus cabellos. Acaricia tus mejillas. Puedes sentir el pesado abrazo de un Padre tierno. Y por sobre todas las cosas: no necesitas ser tan adulto. Cuando El visita tu habitación, cuentas con el lujo de sentirte niño otra vez. Sin estar agobiado por las responsabilidades, escondido tras su gran espalda.No tienes que ser demasiado correcto ni estructurado para dialogar con El.El no está esperando que pronuncies un discurso de frases elaboradas.Puedes hablarle de tus torpezas y de aquello que te ha robado la paz estas últimas semanas. Puedes contarle acerca de tus suspiros más íntimos y tus anhelos más escondidos. El desea que la atareada ama de casa olvide por un momento la vajilla para lavar y los hijos que atender, para arrojarse como una niña en los brazos del Padre. Aguarda que ese rudo hombre de negocios, olvide los golpes de la vida y las traiciones de la empresa, y que por unos minutos, se desmorone en las rodillas del Creador. Desea que el enérgico e incansable líder le cuente de sus miedos más ocultos y de aquello que lo sonroja en la intimidad.Espera que ese muchacho, al que la vida no le dio respiro, sienta el reposo del guerrero, sólo por estar en Su compañía.

 

 

 

Dante Gebel

Adaptado de "Las arenas del alma"

(Editorial Vida-Zondervan)



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Jesús lloró
DATE: 08/29/2008 16:16:47 / MOOD: no se

Jesús lloró

Hay una conocida historia de otros amigos del Señor, que también creyeron sentirse abandonados y solos. Al igual que Abraham, eran viejos camaradas del Maestro. Cuando en medio de la atareada agenda, el Señor quería quitarse los zapatos, comer una deliciosa pizza y compartir alguna charla de café hasta la madrugada, la casa de Lázaro y sus hermanas era el lugar apropiado.

 

Ni siquiera los apóstoles podían entrar en ese selecto círculo. Tampoco sus íntimos, como Pedro o Juan. La casa de Lázaro era el lugar ideal para distenderse de las arduas tareas ministeriales.Puedo ver la sonrisa en el rostro de Jesús al repasar su itinerario y darse cuenta que pasará cerca de Betania. El Señor tenía muy buenos amigos en esa ciudad.

 

Las bromas de Lázaro que siempre lograban arrancarle una carcajada al Maestro. Y esas anécdotas increíbles que sólo a el podían sucederle. Indudablemente Lázaro es de esos amigos que logran hacerte sentir bien y por unas horas, no tienes que pensar en las complicaciones cotidianas.

Y la deliciosa tarta de Marta. Nadie en todo Betania y sus alrededores cocina como ella. El Maestro podía sentir el dulce aroma de su arte culinaria, aún antes de entrar en la casa. Y María. Con sus eternas y ocurrentes preguntas. Y esas singulares frases que parecen sacadas de un libro de poesías. Definitivamente, el Señor tiene tres buenos amigos con quien compartir una distendida cena.

 

No tiene que avisar con mucha antelación. Sólo envía un mensajero a decirles,-Jesús está a la otra orilla. Me dice que no bien se desocupe y termine con el servicio de milagros, pasará a comer algo. Ah, y me insistió con que Marta no olvide cocinar esa tarta de zapallos tan exquisita.

 

Puedo imaginarme la velada. Luego de las bromas de rigor ellos escuchan con atención a Cristo mientras les habla de los planes futuros, de lo que sucederá en Jerusalén. Indudablemente, ésta es la familia más informada en cuanto a los planes del Señor y las verdades del Reino.

Siempre es un placer tener a Jesús en casa. Y lo que es mejor, es bueno saber que pasará por aquí, cada vez que esté cerca de Betania, después de todo, no está tan lejos de Jerusalén. El Maestro tiene la suficiente confianza para quedarse a pasar la noche. Un frugal desayuno lo esperará cuando los primeros rayos de sol invadan la cómoda habitación que comparte con Lázaro. Luego se despedirá con un abrazo, y la promesa de regresar en cualquier momento, cuando haya un próximo hueco en la agenda.

 

Pero la crisis también llega, como un irreverente intruso a la casa de Marta y María. Un atardecer, Lázaro llega a casa con algunas líneas de fiebre. No parece algo como para preocuparse, pero se ve un tanto pálido.Marta le sugiere que se dé un baño de inmersión y que vaya, sin escalas, directo a la cama. Por la madrugada, la fiebre parece subir sin piedad, y junto con las primeras convulsiones, comienza a delirar.

 

María considera que tal vez, éste sea el momento de llamar a su amigo. Han pasado noches enteras oyendo las fascinantes historias de los milagros del Señor. Lo han visto resucitar muertos y sanar a los enfermos como parte de su rutina de trabajo. Y después de todo, ellos pueden considerarse amigos del círculo íntimo de Jesús. Es que, Dios suele dormir en su casa.

 

Envían un mensajero con la noticia de último momento.-Díganle que Lázaro, su amigo, está muy grave.Pero curiosamente, cuando el Maestro se entera de la triste noticia, en lugar de cruzar a Betania, se va para Judea. Y por alguna razón, llega cuatro días tarde. Demasiado tarde. Lázaro está muerto.Marta y María están dolidas y molestas. Se sienten que el Maestro los ha dejado librados a su suerte.-Estoy sorprendida por la actitud de Jesús. Se suponía que era nuestro amigo. Ni siquiera fue capaz de estar presente para su funeral. Tiene tiempo para sanar a diez leprosos. Se detiene por un desconocido llamado Bartimeo. No le importó salir del itinerario para sanar a una mujer con flujo de sangre. Pero no tiene tiempo de estar con nosotros cuando lo necesitamos.

 

Otra vez, la impetuosa soledad, que llega impiadosa, haciéndoles creer que el mismo Dios las acaba de abandonar.El Señor le dice a Marta que su hermano ha de vivir. Así de sencillo. Que confíe en El. Que no hay razones para estar tristes. Que se trata de un plan diseñado en los Cielos.Pero sus amigas ya no confían. Las lágrimas de estos cuatro días se llevaron la poca fe que les quedaba.Ellas no esperan un milagro. Quizá unas disculpas, pero no un milagro.

 

Al menos, hubiese traído flores y una buena excusa.-No podía Pedro reemplazarte y predicar unos días? No lo puedo creer -dice Marta- los vecinos están asombrados de tu "amistad". Con amigos como tú, quién necesita enemigos. De haber estado aquí, mi hermano no estaría muerto.El Señor observa la mirada hostil y acusadora de esa misma mujer que tantas veces le había preparado su tarta favorita. Observa la tristeza y la falta de fe de María, con quien compartió tantas verdades.

 

Otra vez, el mismo común denominador de la soledad.-Debiste haber llegado a tiempo.-Pudiste hacer algo, enviar a alguien, aunque sea.Las acusaciones de siempre, dirigidas a Quien creemos que debió ayudarnos.Debió.Pudo.Es entonces, que Jesús lloró.No te confundas tú también. No creas lo que tantos predicadores han pregonado por años. Jesús no llora por su amigo Lázaro. Porqué llorar por alguien que va a resucitar en cuestión de minutos? Jesús no lloraría por algo tan pasajero.

El Señor llora por Marta, por María, por sus amigos.Tantas horas compartidas. Tantas tazas de café. Tantos viernes de pizza hablando de los secretos escondidos y los Planes del Cielo. Tantas leyes del Reino, tantas veces de hablar sobre Su misión en la tierra.

Eran amigos, pero no lo conocían.-Bueno, no es que dudemos, pero una cosa es sanar un enfermo, otra muy distinta, hacer algo con un muerto.Confiaban en El, pero con ciertas restricciones. Con reservas. Eres Dios, siempre y cuando mi problema no sea tan grande que hasta te supere a ti, inclusive.

Marta, María y aún los vecinos de Betania no comprenden que sólo es un plan orquestado para que El pueda mostrar su Gloria. Que jamás los ha dejado solos, por el contrario, el propósito era atraerlos hacia El y que formen parte de la historia grande de las escrituras.Aún a pesar de todo, el Señor les dará una oportunidad para creer. Les ordenará que quiten la piedra y traerá a Lázaro de regreso.

Si. La misma piedra que El mismo podría pulverizar o hacerla levitar. Aquella que decenas de ángeles, muy gustosos, estarían dispuestos a mover. Pero El les dará la oportunidad a sus amigos.

-Marta, María, respetables vecinos. Sólo voy a pedirles un enorme favor. Si aún le quedan ganas de confiar y creen en esta amistad, corran la piedra de la tumba.El mismo Señor que iba a resucitar a un muerto, les deja participar del milagro. Cuando se lo cuenten a sus nietos, podrán decir que colaboraron con Dios. Que por un instante, fueron los asistentes para que el Gran Mago saque un conejo de la galera. Inesperado. Cuando todo el público creía que el truco había fallado. O que había llegado tarde.Por esa misma razón, no tienes de que preocuparte. Si lo ves de esta forma, esto recién acaba de comenzar.Tu amigo está a la otra orilla y ya sabe que estás en problemas. Si parece llegar tarde, es porque acaso, quiera atraerte hacia El.

Y cuando finalmente llegue, lo hará con un truco bajo la manga. Y hasta quizá, te deje asistirlo y formar parte del milagro.Dante GebelAdaptado de "Las arenas del alma" (Editorial Vida-Zondervan)



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Una iglesia que atrasa
DATE: 07/05/2008 14:18:40 / MOOD: no se

Una iglesia que atrasa

Es increíble ver a miles de jóvenes apresados en la celda de la rutina. Sin creatividad, sin correr riesgos, atiborrados de métodos ya probados, envueltos en la tradición o en el «porque sí».

Los jóvenes cristianos del 2003 observan las generaciones pasadas y creen revolucionar el dogma por mover de un lado a otro algunos estandartes. O creen que dejan fluir la creatividad divina por danzar hasta sudar por completo o realizar alguna que otra coreografía al compás del último coro de moda. Otros se consideran pioneros por formar una banda de rock cristiano o predicar sin corbata. Pero no es la música lo que te hará innovador o una camisa hawaiana al momento de pararte detrás del estrado.

 

La creatividad no es una postura, es dejar fluir lo nuevo de Dios, aunque eso no sea compartido por el cónclave de la tradición. Hace unos diez o quince años pensar en una noche de concierto o una coreografía de mantos o estandartes, hubiese sido una herejía. Pero ahora, es tomado como parte de «lo medianamente aceptable» dentro de nuestro cerrado contexto religioso.

 

Tenemos nuestro propio lenguaje, nuestras propias canciones, nuestra manera de saludarnos y hasta nuestra manera de vestir. Nos cierra perfecto. Sabemos qué se nos está permitido y lo que ni siquiera se nos ocurriría pensar.Nuestra idea de reunión creativa e innovadora es un mensaje ofrecido por el grupo de mimos de la congregación, que harán su pantomima durante los tres minutos de una canción, y luego pasará el pastor de jóvenes a pedir disculpas si alguien se ofendió, explicará que esta también es una manera diferente de predicar y además tratará de explicar lo que quisieron decir los mimos, ya que nadie entendió nada.

 

Para los cristianos, una reunión evangelística debe componerse de tres eternas horas de alabanza, media hora de adoración, alguien explicando por qué levantarán la ofrenda, y el mensaje final, no olvidando claro concluir el servicio con otra eterna media hora de alabanza para despedir a los feligreses. Los más innovadores, organizan un concierto, con muchas luces de colores, cantidades industriales de humo sofocante y un sonido capaz de perforar cualquier tímpano normal. Esa es nuestra mayor idea de creatividad para intentar ganar al mundo. Pero alguien tiene que darnos la mala noticia: «La iglesia vive en los años setenta». Hacemos todo lo que se suponía que debimos hacer hace unos treinta años. Nuestro reloj dogmático atrasa horrores y muy pocos, lamentablemente, se han percatado del asunto.

 

La mentalidad del cristiano promedio es que si algo resulta, hay que repetirlo hasta el hartazgo y mantenerlo por los próximos veinte años. No me imagino a los apóstoles yendo por la vida, buscando «locos de cementerios» y endemoniando cerdos. Tampoco creo que alguien acarició la idea de organizar un servicio de «salivadas» en la tierra para sanar a los ciegos de la región. O a una nueva denominación basada en transformar agua en vino.

 

Nos encanta lo que ya resultó y alguien pagó un precio antes que nosotros por la innovación. Siempre preferimos imitar, antes que crear.

Hace poco, llevé a un famoso productor de espectáculos a un servicio cristiano. Él se considera un «seguidor de lejos» del Señor. Nunca había visitado una iglesia. Se dedica a montar y hacer la puesta en escena de grandes obras de teatro en Broadway y en las capitales más importantes del mundo. Su concepto del show es potencialmente elevado. Nos conocimos en nuestro más reciente proyecto evangelístico, logramos cierta amistad, y aceptó mi cordial invitación a un servicio dominical.

 

Media hora después de lo anunciado, dio inicio la reunión. Alguien probó los micrófonos una y otra vez, mientras los músicos improvisaban y afinaban los instrumentos frenéticamente. El baterista parecía quitarse los nervios de una mala semana encima de su instrumento, antes de comenzar la primera canción. Finalmente, un joven nos invitó a ponernos de pie y comenzó la alabanza.

 

La primera canción duró unos doce o catorce minutos, la repetimos una y otra vez, primero las mujeres, luego los hombres, todos juntos, a capella, con palmas, sin palmas, todos juntos otra vez.

 

Mi amigo estaba serio. El muchacho que dirigía el servicio nos pidió que abrazáramos a dos o tres personas y le dijéramos algo así como: «Prepárate para la unción que vendrá esta noche sobre ti y te dejar* lleno de gozo...» y no recuerdo qué más.

 

Mi amigo estaba más serio aun. Otra canción. Ninguno de los músicos sonreía, más bien parecía que estaban en trance o, en el peor de los casos, pensando en otra cosa.Pasó otra persona y nos volvió a pedir que le dijéramos algo al que estaba a nuestro lado y a dos o tres personas alrededor. Luego pidió un aplauso. El tecladista no entendió la seña del cantante y entonces pidió otro aplauso, que le daría el tiempo para explicarle la seña al músico.Mi amigo me dijo al oído que se retiraba.

 

Mientras se abría paso a la salida, oía con asombro, que el joven anfitrión les volvía a pedir que le dijeran algo al de al lado y que luego tendrían que saltar y dar unos gritos de guerra.En nuestra cultura, era un gran servicio de alabanza, digno de recordar. Para quien acababa de ingresar a la iglesia por primera vez, era un enorme grupo de improvisados, sin creatividad, ni sentido común.

 

Como es muy educado, trató de disculparse, pero me interesé en su punto de vista. Reconozco que pude haber tomado un atajo religioso. Pude haberle dicho que «él no entendía las cosas del Espíritu» y también pude haberme convencido de «que no resistió la gloria y la unción». Pero preferí ponerme en su vereda, y tratar de oírlo. Quizá podía aprender algo.

 

«Me sorprende», dijo, «que no haya nada preparado, ensayado, principalmente si es para Dios, como dicen. Por otra parte, cuando contrato músicos, tienen la obligación, por contrato, de sonreír mientras actúan. Ellos... solo tocaban. Además -agregó- los vi desconcertados, sin ideas de cómo seguir».

 

Me quedé en silencio y ensayé alguna explicación. Pero me percaté de que hacía falta una reforma. Un cambio drástico y radical de nuestros dogmas y costumbres.

 

Si una película se extiende más de dos horas, sentimos que se nos embota el cerebro, lo mismo pasa si un espectáculo va más allá de la hora y media. Pero somos capaces de tener cinco o seis horas de servicio.

 

Cierta vez llegué como predicador invitado a un país muy querido, donde se realizaba un congreso en el estadio principal. La reunión comenzó a las diez de la mañana, y eran las cinco de la tarde y habían desfillado tres oradores sin interrupción, yo era el cuarto.

 

«Predique tranquilo», me dijo el anfitrión a modo de consuelo, «aquí la gente está acostumbrada». Pero la multitud no estaba «acostumbrada». Tenía un hambre voraz y un cansancio mental insoportable. «El corazón resiste lo que la cola aguanta», suele decir un predicador amigo.Los saludé con amabilidad y los envié a descansar, luego de enterarme que habían estado allí por siete largas horas.No tenemos creatividad, escasea el sentido común.

 

Programamos servicios y congresos para nosotros, pero espantamos al inconverso. Realizamos eventos dirigidos a quienes se supone que entienden lo que quisimos hacer, pero olvidamos al que no nos conoce ni comprende lo que queremos hacer o decir.

Dante Gebel

Adaptado de "El código del Campeón"

(Editorial Vida-Zondervan)



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Expediente borrado
DATE: 06/30/2008 08:25:26 / MOOD: no se

Expediente borrado

Su esposa se lo había dicho antes de salir de casa: "Ese no iba a ser un buen día".

Era un extraño presentimiento que le rondaba por la cabeza hacía semanas. Su esposo convivía con el peligro y la muerte era moneda corriente en la disipada vida de su amado; cualquier día, podía ser el último que lo viera con vida. Pero esta vez, era distinto.

Ella sentía un helado presagio, una nefasta premonición. Y ahora, el llamado telefónico le quitó cualquier duda. -¿Señora de López?-Ella habla.-Le hablo del departamento de justicia de la ciudad. Lamentamos comunicarle que su esposo, Héctor López, fue detenido esta mañana, mientras intentaba robar el Banco Central -el hombre continúa sin pausa-. Usted sabe cómo operan las leyes en nuestro país, por ser reincidente, no tiene derecho a apelar ni a un juicio justo. Será condenado esta misma tarde.

La mujer deja caer el teléfono, un escalofrío la recorre entera, mientras que siente que sus pies ya no la sostienen."No debiste casarte con él, nunca fue un buen hombre", le había pronosticado su madre y hoy pagaba la factura por una mala elección y el desoír el consejo materno. Pero que fuera un delincuente, no disminuía el amor que sentía por él. Hubiese preferido un abogado, un ingeniero o un albañil, pero no tuvo esa fortuna. Su esposo es un ladrón y el gobierno lo acababa de apresar.

No le habría asustado que estuviese privado de la libertad, ya había pasado por esa situación antes. Lo dramático era que esta vez no habría misericordia del juez, y la sentencia era inapelable.

"Solicito todo el rigor de la ley, aplicando la pena de muerte inmediata", habría pedido el fiscal a un tribunal con sed de justicia. Es que ese no iba a ser un buen día, pensó la mujer una y otra vez. No debió haberse levantado de la cama. Era una tarde gris, helada, con una llovizna que cortaba la cara.

"Tal vez lo perdieron las malas compañías", reflexionó mientras recorría la calle principal.

"Su socio en las andadas también fue sorprendido en el lugar del hecho, y morirá junto a tu esposo", le susurró una vecina a modo de desgraciado consuelo. De igual modo, ya no importa buscar culpables, lo cierto es que su esposo iba a terminar como ella lo había soñado en tantas pesadillas: en la peor de las muertes, las más vergonzante, las más cruel, la más atroz, la muerte pública. La dama no pudo despedirse de su amado, es que los ladrones no cuentan con ese lujo, no hay piedad, humanidad ni últimos deseos para los condenados a la pena máxima.

La dama se abre paso entre la multitud que exige justicia. La gente está enardecida, exaltada. Para muchos, hoy es un día de loable justicia. Los delincuentes pagarán por sus crímenes.

El horizonte recorta tres cruces, la de su esposo, la de su compañero en las correrías y la de un desconocido. Ella conoce a su marido y al otro ladrón, pero le resta importancia al tercero.

"Otro infeliz que condenará a otra viuda y sus huérfanos al olvido y la desgracia", piensa. El cuadro es estremecedor. No la culpen por no llorar, ya gastó todas sus lágrimas en una vida miserable junto a quien le prometió amor eterno y ahora cuelga de una cruz. Gritos, súplicas, latigazos, sangre, ira. No quiere mirar a su esposo, está allí, pero prefiere no recordarlo así. Solo observa el árido suelo, mientras la sangre surca la tierra entre los dedos de sus pies.

Uno de los ladrones, el cómplice de su esposo, insulta al desconocido de la cruz del medio. Y una voz conocida, casi imperceptible, se enoja: "¿Ni aun temes a Dios, estando en su misma condenación?"

La mujer está sorprendida. Su esposo acaba de salir en defensa de otro delincuente. Eso es ridículo, si se tiene en cuenta que Héctor López pregonaba una filosofía: "Nunca te metas en la vida de los demás, que cada uno aprenda a defenderse por sí mismo".

Por eso, ella no entiende. Su esposo jamás habló por nadie ni puso su cara por desconocidos. "Este es un mundo egoísta", solía decir al brindar.

-Acuérdate de mí, cuando vengas en tu reino -dice ahora.Era la inconfundible voz de su esposo, sin duda, implorándole al desconocido de la cruz central. -Hoy estarás conmigo en el paraíso -promete el otro, como si en su condición pudiese cumplir algo. En la cruz se ruega piedad, no se prometen paraísos -piensa la mujer.

Ella levanta la vista por primera vez. Quizá para mirar a los ojos de su esposo de nuevo o para entender el diálogo tan extraño que acaba de oír. El socio de su esposo sigue maldiciendo. El desconocido del centro pareciera un inocente que paga por algo que jamás cometió y debe estar loco como para prometer paraísos y su esposo, su esposo... sonríe. No tendría por qué sonreír, no hay razones. Hizo de su vida un mundo miserable y pende de una cruz frente a miles de ciudadanos enojados. Pero Héctor López se encuentra con la mirada de su esposa y le dibuja una sonrisa. Un último gesto de que todo estará bien, a pesar de todo. El gesto de los que se encontraron con la gracia en el momento menos pensado. Ella tampoco sabe por qué, pero presiente que su esposo finalmente encontró algo distinto. No entendió bien el diálogo de los condenados, pero supo que algo había cambiado allí, a escasos metros de ella, en lo alto de la cruz.

Su esposo cuelga de un madero, pero en forma inexplicable, irracionalmente, sonríe. Ella le devuelve el gesto en el lenguaje del silencio, ese que solo pueden interpretar los que se han amado lo suficiente como para no tener que hablar. Su esposo acaba de encontrarse con la gracia en el minuto final. Segundos antes de la cita con el verdugo inevitable, la muerte. Ella sabe que no puede implorar justicia y mucho menos misericordia. Ella sabe que su esposo paga por crímenes verdaderos. Está consciente de que ese era el final del camino, el terminal de la vida, tarde o temprano. Pero ahora, la última sonrisa de su esposo le devuelve la calma. La sonrisa que se dibuja entre la sangre y los moretones, extrañamente, la compensa por toda una vida miserable.

Su esposo parece no pender de una cruz. Muere como si lo hiciese de viejo, en una cama caliente, rodeado de sus seres amados, luego de haber vivido una buena vida. El hombre no mereció nietos, ni años altos, una cristiana sepultura o una importante lápida. Pero alguien, tan condenado como él, le prometió el paraíso en lo alto de la cruz. Ese, no iba a ser un buen día. Y mucho menos, existía la más remota posibilidad que terminara bien. Héctor ha dejado de respirar, pero nadie se explica por qué aún sonríe. La dama no entiende nada acerca de teología, paraísos y redentores. Solo sabe que algo milagroso acaba de ocurrir. Ella descubrió el secreto: si para encontrarse con el paraíso había que venir a la cruz, valió el esfuerzo de haberse levantado. Ahora quiero que me respondas algunas preguntas:¿Cuántos coros de iglesia aprendió Héctor?¿Cuántas veces escuchó un sermón?¿Qué credenciales tenía?¿Cuál era su llamado?¿Y qué me dices de su ministerio? ¿Crees que tenía alguno?

¿Respondiste lo que creo?, pues déjame agregar que además te lo encontrarás en el cielo, junto a Moisés, David y el apóstol Pablo.Damas y caballeros, eso es "gracia".

Dante Gebel

Adaptado de "El código del Campeón"

(Editorial Vida-Zondervan)



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Regreso al futuro
DATE: 06/14/2008 06:14:43 / MOOD: no se

Regreso al futuro

Moisés envía a doce delegados de cada tribu a espiar la tierra. Diez eran del montón, dos eran visionarios. Diez vieron los gigantes, los otros dos vieron los gigantes... y lo que había detrás. Diez pensaron que Dios les pedía opinión, dos entendieron que solo se trataba de una invitación de cortesía al mejor estilo de los tickets premium.

 

Cuando es inminente el estreno de un buen largometraje, las grandes compañías de cine suelen ofrecer una premier para algunos destacados periodistas, colegas, los propios actores y selectas figuras del ambiente. No les preguntan si pueden estrenar la película, a decir verdad, no les interesa en lo más mínimo la opinión de los invitados. Solo creen que ellos merecen ver, antes que el resto, lo que disfrutarán millones de espectadores alrededor de todo el mundo. Eso es, exactamente, lo que Josué y Caleb entendieron.

Lo que Dios trataba de hacer era ofrecerles un adelanto, un estreno para personas muy importantes, el Creador estaba ofreciendo una función exclusiva para sus invitados. Pero los que no pudieron entenderlo, pensaron que el director de la película los invitó para que escribieran una crítica en el periódico de espectáculos.

 

-No podemos lograrlo, está lleno de gigantes. Es demasiado arriesgado -dijeron mirando por sobre sus anteojos.-Podemos. Los devoraremos como a pan -opinaron los visionarios fascinados por el viaje al futuro.

-Somos como langostas -finalizaron los religiosos ciegos.

-Dios pelea por nosotros -razonaron los visionarios.

Ahora, quiero que leas con cuidado. Tienes unos treinta y tantos años y aún eres soltera. Has llegado a considerar seriamente que tal vez nunca llegues a casarte. No encuentras el hombre ideal y presientes que vas a morir «doncella por antigüedad», la sola idea de no tener con quien compartir tu amor te aterra. Pero olvidé decirte que, además de predicador y aprendiz de escritor, soy un científico loco. Acabo de inventar una máquina del tiempo y quiero estrenarla con alguien, si te parece bien, podemos hacer un viaje, digamos, al año 2020. No es nada serio, solo hablo de echar un vistazo a tu futuro.

 

¿Te fascina la idea?, sabía que podía contar contigo. Ingresas, apretamos los botones correctos, calibramos las coordenadas correspondientes, y allí vamos.

Imagina que te ves, no solo felizmente casada, sino además, rodeada de unos tres bellos niños. A decir verdad, has engordado un tanto, pero no es lo que más importa. Observa con cuidado, allí está él. Es como te lo imaginabas, alto, bien parecido, y está trabajando en el jardín mientras que el molesto perro no deja de ladrarle a la cortadora de césped.

¿Viste eso?, hasta tienes un perro, realmente puedes sentirte una joven afortunada.

Pero tenemos que regresar, nunca te dije que vinimos para quedarnos. Tu tiempo aún no es este. Si te quedaras, podrías interferir con tu propio yo y encontrarte contigo misma, y eso ocasionaría un golpe cósmico. Esto es solo un adelanto de tu vida, un paneo general de lo que vendrá.Ahora bien, ¿cómo crees que te sientes?

Después de haber visto tu futuro... ¿crees aún que podrías preocuparte por morir soltera? Claro que no, estuviste allí y sabes lo que vendrá. Ahora puedes dedicarte a disfrutartu presente y tu soltería en vez de maldecir el presente.Pero convengamos en que te has transformado en una visionaria, viste demasiado como para dejarte que la vida te pase por encima.

Sigamos con el experimento, que pase el que sigue.Miren a quién tenemos aquí. Me miras sorprendido y opinas que nunca serás un hombre de Dios. Si no me equivoco, crees que no calificas para el campeonato espiritual, tienes demasiados hábitos ocultos como para creer que Dios tenga planes con tu vida. Pero claro, a ti tampoco te hablaron de mi máquina del tiempo.

Súbete y vayamos juntos al 2012, no es tan lejano. Observa el imponente estadio del futuro. Miles de personas pugnan por ingresar al predio, vienen de todas partes del mundo. Formémonos en fila como los demás, aquí nadie nos conocerá. Dicen que este predicador es usado tan poderosamente por el Señor que varios jefes de estado le han solicitado entrevistas. Hasta la CNN se alinea para obtener las mejores imágenes de la cruzada. Y ahora, mi distinguido pasajero del tiempo, prepárate para el impacto de lo que vas a ver. Observa al predicador saliendo al escenario central.

¿Ya viste quién es? ¡Sabía que no ibas a poder resistirlo!Casi te desmayas de la emoción. Eres tú mismo, con algunos años más. El bigote no te queda del todo bien, pero lo importante es lo que Dios hace contigo. Los paralíticos corren desaforados por el estadio, la gente se aglomera para hacer la oración del penitente. Realmente tienes un mensaje demoledor.

Pero debemos regresar.

Por favor, no hagas las cosas más difíciles, sé lo que darías por quedarte el resto de la reunión y ver tu sueño cumplido, pero solo se trata de un vistazo.

La misma pregunta que le hice a la dama, ahora que estamos de regreso. Después de lo que viste, ¿aún te preocupa el ministerio o si Dios va a usarte? La respuesta es obvia, claro que no. Viste demasiado como para detenerte en pequeñeces del presente.El visionario ya estuvo en donde los demás aún no ingresaron.

Él ya vio la película. Ahora solo queda esperar el estreno mundial, para que el resto la disfrute.Por eso es que los que están un paso más allá, los que ingresaron a su futuro, casi nunca pueden disfrutar su presente.

Liliana, mi esposa, me ha enseñado a vivir un día a la vez.Ella siempre dice que es muy difícil convivir con alguien que ya estuvo en su futuro, porque puede cometer el gravísimo error de perderse el presente.

Cuando Dios te permite ingresar en tu futuro y te embriaga con una visión, es para que aprendas a disfrutar lo que tienes ahora y para que a cada minuto, hagas algo que haga que valga la pena tanta gracia invertida en tu persona.Los visionarios tienen a favor que ya estuvieron ahí, pero pueden cometer el error de no bendecir su sala de espera.La soltería pasa una sola vez. Los hijos pequeños corretean por tu hogar solo mientras son pequeños. Hay que vivir cada minuto sabiendo que ya no regresará.

Una vieja y conocida canción de un popular intérprete latino, dice:De tanto correr por la vida sin frenos,Me olvidé que la vida se vive un momento,De tanto querer ser en todo el primero,Me olvidé de vivir, los detalles pequeños.El hecho de visionar el futuro tiene que lograr relajarte y darte la tranquilidad de que Dios ya estuvo en lo que viene, y nada ni nadie lo puede modificar. Josué y Caleb contaban con eso. Ni siquiera otros cuarenta años por el desierto hicieron que olvidaran lo que habían visto.

Dante Gebel

Adaptado de "El código del Campeón"

(Vida-Zondervan)



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Una urgente reforma
DATE: 06/11/2008 08:56:08 / MOOD: no se

Una urgente reforma

Por un momento, vuelve a observar a Jesús. Sana a un leproso y predica en menos de quince minutos. Los sorprende y los tiene en su puño. Acapara la atención de sabios e indoctos. Lo comprenden los ancianos y los niños, que lo apretujan para ganarse una sonrisa o un guiño de ojo del Hijo de Dios.

Se va a otra ciudad, y vuelve a crear algo nuevo. Cambia el estilo, revoluciona las formas, genera controversias, hace pedazos a la tradición. Podría apelar a su arsenal de conocimientos eternos y asombrar a los teólogos, pero prefiere la sencillez de una parábola.

Los hace reír, comparando la fe con un grano de mostaza. O diciéndole al rico que un camello tiene más posibilidades que él. Sorprende todo el tiempo. Él no está diciendo algo: tiene algo que decir. Pero que no esté sujeto a un programa no significa que improvise.

Dale una hoja de papel blanco a un religioso y se quejará de que no tiene nada que leer, dásela a un dibujante o escritor y te agradecerá por proveerle material para trabajar.

Lamentablemente, muchos cristianos permiten que alguien les escriba todo en su hoja blanca. No se permiten soñar con algo nuevo, porque le sienten un aroma a herejía. He hablado con decenas de jóvenes que solo conciben dos maneras de servir a Dios: predicando o tocando la música. Si no poseen oído musical o no tienen la soltura para predicar ante la gente, se sienten excluidos del equipo, fuera de las grandes ligas.

Nuestro dogma tiene que experimentar un reforma drástica, similar a la que generó Lutero. No hablo de una postura de transgresión gratuita que hiere sensibilidades, sino una reforma basada en principios bíblicos y calibrada con el corazón del Señor: las almas perdidas.

Descubrimos la alabanza y nos transformamos en adoradores de la adoración. Hacemos un culto del cántico nuevo como si se tratara de una fórmula mágica para hacer descender la presencia de Dios. Legalistas de la libertad: si no saltas o danzas, eres un extraño, un frío espiritual que está fuera del mover de Dios; cuando en realidad los que quedan fuera son los que no pueden descifrar nuestros códigos religiosos internos.

Vivimos en la época de los setenta, excusándonos que Dios nunca cambia y que no tenemos que imitar al mundo. Decir que Dios nunca cambia es desconocer su estilo para crear cosas nuevas, y afirmar que no hay que imitar al mundo es un contrasentido, todo cristiano medianamente inteligente sabe que Satanás es el imitador en lugar de nosotros, en todo caso, tiene su reloj en hora, mientras el nuestro sufre un atraso demoledor.

Nos negamos a cambiar nuestros cultos, pero no soportamos mirar una película en blanco y negro. Disfrutamos junto a nuestros hijos de los efectos especiales de Hollywood, pero consideramos que los jóvenes inconversos vendrán corriendo a nuestros servicios solo porque hoy estrenaremos dos coros nuevos.

Nos sorprendemos con la puesta en escena de cualquier obra teatral de Disney, pero nuestro concepto de llamar la atención a los inconversos es danzar de manera irregular al compás de la adoración. Quedamos boquiabiertos ante la elocuencia de un político, pero predicamos un sermón extraído de un libro de mensajes de hace cien años atrás. Nos quejamos si pagamos una entrada para el cine y la película comienza diez minutos tarde, pero somos capaces de anunciar un servicio a las siete y lo comenzamos cuando creemos que ya está viniendo la gente.

Seríamos capaces de abuchear a Luciano Pavarotti si desafinara en su ópera prima, pero aplaudimos al líder de alabanza que «desafina para la gloria de Dios».Pediríamos que nos devolvieran el dinero de la entrada si el comediante olvidara la letra e intentara llenar sus baches mentales diciendo: «Salude al espectador que se le sentó a su lado y dígale: Qué lindo es venir a ver a este comediante lleno de humor», pero somos capaces de hacerlo durante horas enteras, si es para el Señor.

No estoy en contra de los saludos o la alabanza o los gritos de júbilo, solo que no tenemos una cultura que impacte a los que no conocen a Dios. Nosotros lo comprendemos, el de afuera apenas lo soporta.Hace unos dos años atrás conocí a un pastor de jóvenes que no lograba el éxito que quería con su grupo juvenil. A pesar de sus buenas intenciones, no tenía ascendencia entre los suyos. Estuvimos juntos tratando de descubrir el problema. De pronto, se me ocurrió hacerle una pregunta: «¿Cuál es tu sueño? ¿A qué aspiras en un futuro?» El joven me miró sorprendido como si hubiese hecho una pregunta demasiado obvia. «Quiero ser pastor de una congregación. Quiero tener una iglesia y conquistar mi ciudad».

Ese era su problema. En lugar de concentrarse en ideas novedosas para llegar al corazón de los jóvenes, tomaba esta etapa como un ensayo para su verdadera vocación. El departamento juvenil, para él, solo significaba las ligas menores. Un lugar en el que pudiese practicar para el verdadero ministerio. Y eso, ahogaba su éxito.

El joven se vestía como su pastor, se dejaba los bigotes para parecer de más edad y realizaba los servicios juveniles imitando al culto central dominical.Cuando iba a la radio, en lugar de hablarle a la audiencia joven, se dirigía a los oídos del pastor, para que «considere al gran predicador que se estaba gestando».

En lugar de enfocar su energía en los jóvenes, dirigía sus esfuerzos para ganarse un lugar en la iglesia central. Dios no puede darle una unción especial para el trabajo actual, cuando mentalmente, ya armó las maletas para mudarse de llamado.

La tradición y el querer imitar lo que vio toda su vida lo condujeron al fracaso inminente. El corto camino hacia la tradición hueca. Llegará al pastorado, fundará su propia iglesia y creerá que ha logrado su máximo sueño, cuando en realidad, alguien le escribió su papel en blanco y le dijo, inconscientemente, lo que se suponía que él debía hacer.

Vivimos desfasados en el tiempo. Nuestros jóvenes tienen toda la información que deseen al instante, gracias a internet. El control remoto de la televisión es una extensión de sus extremidades nerviosas, si algo lo aburre, lo cambiará al instante. El nuevo milenio arrasó con la sensibilidad de nuestros hijos. Y si la iglesia no se percata de esos cambios, tratará inútilmente de evangelizar con métodos arcaicos.

Dante Gebel

Adaptado de "El código del Campeón"

(Editorial Vida-Zondervan)



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HiSTORiA DE DESiERTO
DATE: 06/02/2008 12:29:31 / MOOD: no se

Historia de desiertos

Durante el año 1992, recuerdo que atravesaba un desierto. Sentía, que Dios siempre bendecía más a los demás.Por aquel entonces, comenzamos a oír que Dios estaba visitando de una manera especial el ministerio del pastor Claudio Freidzon.

Si debo ser honesto, en un principio, no me gustó que eso estuviese ocurriendo. Otra vez, sentía que mi Padre le había traído un regalo muy especial a un hermano mío, pero había decidido ignorarme por completo. Una sensación de vacío, me inundó de pies a cabeza. Cuanto más me hablaban de lo que el Señor estaba haciendo con Freidzon, mas lograba molestarme. Sentía que Dios era injusto y parcial. Que últimamente, se había dedicado a echar por tierra aquello que El no hacía acepción de personas.

Pero una tarde, a pesar de todos mis cuestionamientos, decidimos echar un vistazo a semejante "injusticia Divina".Tardamos muchísimo en lograr ingresar al templo, lo cual sólo logró desalentarme más. Cuando finalmente pudimos ubicarnos, noté algo que logró paralizarme por completo.

Los líderes más reconocidos de la Argentina y hasta algunos de otras partes del mundo, estaban aguardando la ministración del pastor Freidzon. Las ligas mayores estaban allí. Estaba aquel a quien admiré por tantos años por su enorme ministerio de sanidad, y también aquel otro profeta que tenía el don de desnudar el alma de la gente. El pastor de la iglesia más numerosa, hacía la fila, junto con ese reconocido evangelista que resucitaba muertos. Todos, absolutamente todos a quienes más admiraba o había oído de ellos, estaban allí.

Y ese cuadro, sólo logró deprimirme más.Le dije al oído de mi esposa, que consideráramos salir de ese lugar.

Quiero que lo veas de esta forma. No se si eres un ferviente admirador del fútbol, pero los sudamericanos no podemos vivir en esta parte del planeta, sino sabemos algo al respecto.

Imagina que te apasiona el fútbol, pero nunca has jugado profesionalmente. Simplemente, pateas el balón de vez en cuando, el algún partido ocasional entre amigos. Toda tu vida, has estado diciendo que es injusto que nunca te hayan dado la gran oportunidad de ser un reconocido jugador. Que de haber tenido las chances de otros, lo habrías logrado.Un día, te enteras que se realizará un partido en tu ciudad, y que puedes anotarte. Vas con toda la ilusión de demostrar quien eres, pero al llegar, te percatas que en la fila de los posibles jugadores está nada menos que el brasileño Ronaldo. Y detrás, el inconfundible Roberto Carlos.Un poco más allá ves a Pelé y Batistuta. Y Maradona, que adelgazó un tanto y también quiere participar de aunque sea, algunos minutos del juego.

Ahora comprendes porqué me sentía así en la iglesia de Freidzon? Porque al igual que tú, quería salir corriendo. No tenía chances.

Me sentía como aquel hombre que pretendió contar su testimonio de cómo Dios lo salvó de la inundación de su pueblito, delante de Noé.

Si justamente la debilidad con la que había luchado por años, era la baja estima, era por ello, que ahora me sentía completamente apabullado. No existía la mínima posibilidad que Dios tuviese algo para mi vida.

Comencé a ver como decenas de reconocidos ministros del Señor, recibían una dosis especial de unción, en cuestión de instantes. La Gloria de Dios era tan palpable, que podíamos sentir que literalmente, la atmósfera estaba electrificada.Y aunque actualmente somos amigos, en aquel entonces, casi no conocía a Claudio Freidzon. Pero algo me hizo pensar que debía enfocarme en lo que sí tenía en lugar de ver mi debilidad. En un momento, pensé que aquello que me hacía sentir inferior, era justamente, lo que podía llevarme a un nuevo nivel.

Aunque me sentía un tanto torpe y demasiado joven entre tantos hombres de Dios, decidí que debía esforzarme. Avanzar. Que de igual modo, no tenía nada que perder.Fue entonces que le pedí una reconfirmación al Señor. Que me mostrara si tenía planes para conmigo. Que por lo menos, me dijera si me estaba ignorando.

No fue una simple oración. Creo que me le interpuse en su camino. Fue como abrirme paso entre el gentío para tocar su manto. Confieso que sentí que aquella oración fue tan sincera y honesta, que logró arrancar virtud del Señor.

Claudio, en ese mismo instante, giró sobre sus pies y me buscó por entre la gente del altar. Pude ver como se abría paso entre la multitud que esperaba una oración. No había posibilidades serias que aquello estuviese ocurriendo. Sin embargo, me miró directamente a los ojos, colocó su mano sobre mi cabeza y dijo:

"Veo cruzadas de jóvenes en toda la nación y el mundo. Veo a miles llenando los estadios, el Señor cumple lo que te prometió. El te levanta como el Pastor de los jóvenes".

En lugar de estancarme en mi desierto, decidí esforzarme y actuar. A partir de allí, seguimos buscando desesperadamente el rostro de Dios. Y por cierto, cultivamos una buena amistad con Claudio, hasta el día de hoy. En ocasiones, pasamos horas hablando por teléfono o comentando algunas cosas del ministerio. Y muchas veces, recordamos aquella profecía, de cuando todo apenas era un sueño y este servidor atravesaba su peor desierto espiritual. Cuatro años después de aquella noche, realizábamos nuestra primera gran cruzada en el estadio Vélez Sársfield con más de cincuenta y cinco mil jóvenes, y al día siguiente, los periódicos seculares titulaban sus primeras planas con titulares que decían:

El pastor de los jóvenes que promueve votos de castidad, reunió a una multitud en Vélez.

Aquello que había nacido en el corazón de Dios, se hacía una palpable realidad y se comenzaba a escribir la historia de una nueva generación de jóvenes en Argentina. Justamente, aquello en lo que me sentía débil, fue lo que me condujo a la salida del desierto.

Dante Gebel

Adaptado de "Las arenas del alma"

(Editorial Vida-Zondervan)



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Historia de un mafioso
DATE: 05/29/2008 06:52:18 / MOOD: no se

*HiSTORiA DE UN MAFiOSO*

 

Ha sido un ladrón de toda la vida. Cualquier mafioso tiene códigos, gente a la cual nunca debiera robarles. Pero él los desconoce por completo. A los siete años visitó el primer correccional de menores y más tarde recorrería todos los de su ciudad. Alguien, conocedor de la mala gente, vaticinó que ese pequeño nunca llegaría a ser una persona decente, y no se equivocó.

 

Tal vez existan mortales que ya nacen con una mala marca, una especie de karma, algo que los predispone antes de la vida adulta. Este, damas y caballeros, es el típico caso. Sin padres reconocidos y mucho menos alguien que hubiese considerado adoptarlo. Se comenta por el barrio natal, que carga con diez muertes en su haber.

 

Otros opinan que muchas más. Todos lo saben, pero nunca se pudo probar nada. Cuentan que al llegar a los treinta y pico, entró en la mafia grande, la de los amigos importantes, las influencias del poder. Y tal vez por eso, nunca se le comprobó ningún delito. Todos saben que es ladrón, cualquier hijo de vecino no desconoce al mafioso que la propia ciudad engendró. Desde el alcalde hasta el juez, conocen que maneja negocios turbios.

 

Droga, mercancía robada, trata de blancas. Pero es su vinculación con el poder lo que le ha dado tanta impunidad. Se ríe de los jueces y juega su turbulenta vida ante la mirada absorta de los inocentes. Pero el poder cambió. Tal vez alguna treta política le jugó una mala pasada, o quizá un juez escrupuloso no permitió que alguien le pusiera precio a su deber. Y desde hace un año, está privado de la libertad. El periódico lo festejó colocando la noticia en la primera plana de la edición dominical.

 

Los ciudadanos respiraron cierto aire de justicia, tardía, pero justicia al fin. Los políticos utilizaron el encierro del mafioso para su campaña. Algún poderoso influyente hizo extensas declaraciones en la televisión local, acerca de «cómo actúa la justicia de nuestro país». Si hubiese un hipotético y mínimo chance de que algún preso fuese liberado, este no es el caso. No debe existir un solo ciudadano de bien, que no se alegre por el justo encierro del oscuro personaje. Los que tenían miedo, declararon. Y un hábil fiscal pudo probar cada delito. Y dicen también, que ningún abogado pudo defender lo indefendible.

 

Lo sentenciaron a cadena perpetua. Pero todo eso fue hace un año. Los primeros doce largos meses del resto de su vida en prisión. Hoy es un día festivo en la ciudad, y la costumbre es darle un «regalo». Un premio irónico. En el día de la fiesta, la gente puede votar para que el gobierno suelte a un preso, tal vez para darle una nueva oportunidad. El nefasto hombre no aspira ni a soñar conque pueda contar con ese deseo. La gente lo odia demasiado. La prensa se le tiraría encima al gobierno como leones hambrientos. No. No existe la posibilidad de pensar en la libertad... a menos que... existiese alguien a quien la gente odie mucho más que a él.

 

Un violador de niñas, tal vez. O un ladrón con menos códigos que él mismo. Un caníbal, una bestia que mate ancianas, un Hitler, algún azote venido del mismísimo infierno. Si hubiese tal persona, por una logística comparación, el mafioso podría ganarse el olvido de su condena y aspirar otra vez la calle. Pero no vale la pena la ilusión, no existe alguien peor que él mismo, y lo sabe. De pronto, alguien interrumpe su delirio, es un guardia. Seguramente lo llevará al «agujero» de castigo o lo golpeará hasta desangrarlo, al cabo, es lo que le ha sucedido durante todo este infernal año. Pero el guardia no parece disgustado. Ya no entiendo a este país -comenta el hombre de seguridad- el maldito pueblo ha votado por hacerte un pájaro libre y encerrar a otro en tu lugar.

 

El afamado ladrón no da crédito a lo que acaba de oír: el pueblo ha votado para liberarlo. Algo no está bien, o el país enloqueció o quizá apareció alguien que despierte más odio popular que él mismo. Otros dos guardias le entregan su ropa de civil. Un escribano constata su firma en el libro de salidas de la penitenciaría. Es demasiado milagroso, demasiado irreal para una sola tarde. Es un contrasentido.

 

El hombre condenado a cadena perpetua será liberado gracias al mismo pueblo que lo encerró. Afuera le aguardan los periodistas, las cámaras, los grabadores, los reporteros que se apretujan por la primicia. El ladrón gana la calle y los micrófonos lo apuntan. Quieren saber su reacción, necesitan al menos una palabra suya. Alguna declaración. El mafioso solo pregunta. Debería responder, pero quiere saber.

 

Pregunta quién es el monstruo que será condenado en su lugar. Quiere, por lo menos, saber el nombre de la bestia que lo suplantó en las elecciones de la muerte. «Jesús de Nazaret», responde una cronista del canal de noticias, «la gente te prefirió a ti, antes que al tal Jesús». El hombre no entiende mucho, y se abre paso entre la turba. Tiene demasiadas cosas qué preguntar, muchos interrogantes sin respuesta. Tiene libertad pero, por alguna curiosa razón, no la disfruta, no la comprende. El tal Jesús tiene que ser demasiado importante para ocupar su lugar o muy loco para ganarse el odio de toda la ciudad. O pocas influencias en el poder o, quien sabe, tal vez se trate de alguien que haga historia. El hombre se detiene en el medio de la nada y solo tiene un deseo. Uno tan fuerte como lo fue el de la libertad. El mafioso quiere conocer quién lo reemplazó. Quiere saber quién cargó con tanto odio, quiere saber quién le regaló, indirectamente, la libertad y una segunda oportunidad. Casualmente, en los próximos dos mil años, todos se harán la misma pregunta.

 

Todos lo querrán conocer. Millones, en todo el mundo, se preguntarán por qué el tal Jesús se dedica a cargar con odios ajenos. Por qué reemplaza a delincuentes. Es la incógnita divina, él es verdadero amor, el inexplicable estilo Dios. Todos querrán preguntarle a Jesús «por qué». Por ahora, el primer hombre de la historia en preguntarlo es un mafioso que acaba de ser libre injustamente, como si una mano divina hubiese intervenido.

 

Dante Gebel Adaptado de "El código del Campeón"

(Editorial Vida-Zondervan)



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