|
VIEWING 1 - 9 OUT OF 17 BLOGS.
Corazón de caballero
DATE: 09/03/2008 07:26:13 / MOOD: Otro
Corazón de caballero -Algún día seré un caballero del rey -dice el niño rubio, mientras observa un desfile militar. -¡Ja,
ja, ja! ¿Un caballero? ¡El hijo de un techador quiere ser un caballero!
-se burla un vecino algo viejo y molesto por los sueños de un niño
demasiado ambicioso- sería más fácil cambiar las estrellas, antes que
seas un caballero. El niño siente la daga del sentido común que lo
atraviesa. La lógica dice que él no tiene sangre de nobleza, ya lo dijo
el vecino: Es el hijo de un techador, apenas un reparador de goteras. Sin
embargo tiene una esperanza, débil, pero esperanza al fin. Es el
boxeador que perdió en cada asalto, pero se juega un round más. Es el
corredor que se dobla el tobillo faltando cincuenta metros para la
meta, pero se reincorpora otra vez. -¿Podré algún día cambiar las estrellas? -pregunta a su padre. -Siempre que quieras, podrás cambiar tu estrella -responde el sabio techador. El
film se titula "Corazón de caballero" y narra la historia de alguien
que logró cambiar su destino, trastocó la lógica, se peleó con el
sentido común. Debió ser techador, pero prefirió anhelar ser caballero.
Se enroló en los combates como si fuese un noble, logró tantas
victorias, que para cuando descubren que no tiene sangre de nobleza, ya
es demasiado popular, demasiado campeón. Y un rey le otorga el
verdadero título al mérito. Un corazón de león que cambia su futuro
aunque esté "muerto". Puedes cambiar tu estrella.  Dante Gebel
View Entry
Lista de contactos
DATE: 08/29/2008 16:19:55 / MOOD: no se
Lista de contactos En
mis primeros años de ministerio, recuerdo que sólo tenía una ansiada y
única meta, una ambición santa: intentar ser un hombre de oración.
Sabía que si lograba cruzar la línea de la oración superficial, recién
entonces accedería a los grandes secretos del Señor. A los misterios
escondidos del Reino.Debo reconocer que lo intenté todo, absolutamente. Con mi esposa, orábamos por las madrugadas, hasta caernos de cansancio. Liliana solía alentarme diciendo:-Es mucho mejor quedarse dormido en el intento de orar, que irse a dormir sin por lo menos, haberlo intentado. Colocábamos música de adoración para calmar nuestro alma y de esa manera, estar más calibrados con el corazón del Creador. Cada
vez que me disponía a subir a un nuevo nivel de oración y búsqueda,
sentía que mis pensamientos funcionaban como un tropel de caballos
salvajes. Me era casi imposible hilvanar tres o cuatro frases seguidas
en la presencia del Señor, sin que mi mente comenzara a divagar o
dispersarse. Sentía que existía una fuerza maligna que se había empecinado en que no pudiera lograr la ansiada comunión con el Señor.Seguramente has estado allí, sintiendo exactamente lo mismo.Un ejército de interrupciones.Discusiones matrimoniales sin sentido, minutos antes de comenzar a orar.Un teléfono que no para de sonar.Visitas inesperadas a deshora.Un niño con ataques de rebeldía.Una preocupación que logra ocupar toda tu mente.Un estreno favorito por televisión.Y el cansancio demoledor. Ese eterno gigante que llega cada vez que te dispones a cruzar la barrera de la superficialidad. Pero no hay treguas
cuando has decidido subir un escalón. Las alarmas del infierno ya
comenzaron a sonar y alguien alertó al mismísimo infierno que estás a
punto de transformarte en un individuo peligroso. Estás en un punto sin
retorno, o te quedas a vivir en aguas tranquilas, o te sumerges en las
profundidades de la verdadera comunión. Aquella que te colocará
directamente en el directorio de la Agenda Divina.Recuerdo que fue
por aquellos años, de muchísima disciplina y antes de experimentar el
deleite de estar con El, cuando determiné que tendría una filosofía de
vida, en cuanto a mi búsqueda personal. Un día, parafraseé algo que solía mencionar Kathryn Kuhlman:-El
día que me toque encontrarme cara a cara con el Señor, quiero mirarlo
directamente a los ojos, y decirle: "Si no quisiste usarme para
servirte fue porque no se te antojó, pero no podrás culparme a mí, yo
estuve ahí, todos los días de mi vida, esperando que me hables". A eso se reducía mi
búsqueda. Si bien estaba consciente que me costaba horrores entablar un
diálogo con El, por lo menos, quería estar en el lugar correcto, en el
sitio oportuno, a la hora indicada. Así que, me decidí a no irme a la
cama, sin antes buscar su rostro, todos los días de mi vida. Debo
confesar que me costaba todo el mayor esfuerzo de mi mismo, pero tenía
la esperanza que algún día, lograría que El me atendiera de un modo
especial. No estoy diciendo que
mis oraciones no fuesen escuchadas hasta ese entonces, si no que
necesitaba subir a un nuevo nivel de comunicación. Me frustraba el solo
pensar que mis ruegos fueran una suerte de monólogo y que tuviese que
creer por la fe, que El estaría oyéndome. Al igual que Abraham,
ambicionaba una comunión, no solamente una relación.Soy el menor de
cuatro hermanos, y nos separan varios años. De hecho, cuando llegué a
este mundo, mi hermano mayor acababa de casarse. Por alguna razón,
nunca logramos ser demasiado unidos, es decir, no nos llevamos mal,
pero tampoco hemos logrado ser íntimos amigos. Nos conocemos, nos
amamos, nos respetamos y llevamos la misma sangre. Pero por alguna
razón, tenemos muy buena relación, pero no hemos logrado tener
comunión. Supongo que la intensa actividad que cada uno de nosotros
desarrolla, hace que nos veamos en alguna ocasión muy especial, como
una boda o un funeral. Sam Hinn suele decir
que las promesas descriptas en todo el magnífico Salmo 91, tienen una
pequeña cláusula. Como si se tratara de las letras pequeñas de un
contrato, excepto que éstas están al principio, como un alerta que
curiosamente pasamos por alto cada vez."El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente".No dice "el que visita", sino "el que habita".No puedes pretender acceder a los propósitos y regalos del Señor haciéndole una visita de cortesía cada domingo. La
relación es casi una obligación de todos los que oramos. Pero la
comunión es opcional. Es estar en la lista de contactos. No tener que
avisar previamente para realizar una visita, llamar por teléfono o
enviar un correo electrónico fuera de itinerario. Y por sobre todas las
cosas, tener la plena seguridad que no serás una molestia. Por esa
razón, mi mayor anhelo era aparecer en la agenda dorada de los Cielos,
en el directorio de personas importantes para el Reino. Una madrugada del
cuatro de Junio de 1991, El decidió venir a visitarme. Quizá fueron
aquellos dos minutos extras que decidí quedarme de rodillas, luego de
haber dicho amén. Pero me gusta más la idea que El quiso ingresarme a
su lista de contactos. Tuve la visión más grandiosa de toda mi vida. El
Señor me mostró un estadio repleto de jóvenes, mientras que podía verme
a mi mismo predicando y recorriendo el enorme palacio del fútbol. Pero
lo que más logró impactarme no fue exactamente lo que estaba viendo,
sino el hecho que Dios me había considerado para ofrecerme una función
privada. Una premier de aquello que El mismo había preparado para un
futuro cercano. Definitivamente, ese
fue el día que accedí pasé de la sencilla relación a una intensa
comunión. Nadie es igual, luego de ingresar a la agenda del Padre. A
partir del momento que subes a ese nuevo nivel, puedes saber cuando el
Padre viene a visitarte. Simplemente aprendes a reconocer su estilo.Observa bien y notarás que juega con tus cabellos. Acaricia tus mejillas. Puedes sentir el pesado abrazo de un Padre tierno. Y
por sobre todas las cosas: no necesitas ser tan adulto. Cuando El
visita tu habitación, cuentas con el lujo de sentirte niño otra vez. Sin estar agobiado por las responsabilidades, escondido tras su gran espalda.No tienes que ser demasiado correcto ni estructurado para dialogar con El.El no está esperando que pronuncies un discurso de frases elaboradas.Puedes
hablarle de tus torpezas y de aquello que te ha robado la paz estas
últimas semanas. Puedes contarle acerca de tus suspiros más íntimos y
tus anhelos más escondidos. El desea que la atareada ama de casa
olvide por un momento la vajilla para lavar y los hijos que atender,
para arrojarse como una niña en los brazos del Padre. Aguarda que
ese rudo hombre de negocios, olvide los golpes de la vida y las
traiciones de la empresa, y que por unos minutos, se desmorone en las
rodillas del Creador. Desea que el enérgico e incansable líder le
cuente de sus miedos más ocultos y de aquello que lo sonroja en la
intimidad.Espera que ese muchacho, al que la vida no le dio respiro, sienta el reposo del guerrero, sólo por estar en Su compañía. Dante Gebel Adaptado de "Las arenas del alma" (Editorial Vida-Zondervan)
View Entry
Jesús lloró
DATE: 08/29/2008 16:16:47 / MOOD: no se
Jesús lloró Hay una conocida historia de otros amigos del Señor, que también creyeron sentirse abandonados y solos. Al
igual que Abraham, eran viejos camaradas del Maestro. Cuando en medio
de la atareada agenda, el Señor quería quitarse los zapatos, comer una
deliciosa pizza y compartir alguna charla de café hasta la madrugada,
la casa de Lázaro y sus hermanas era el lugar apropiado. Ni siquiera
los apóstoles podían entrar en ese selecto círculo. Tampoco sus
íntimos, como Pedro o Juan. La casa de Lázaro era el lugar ideal para
distenderse de las arduas tareas ministeriales.Puedo ver la sonrisa
en el rostro de Jesús al repasar su itinerario y darse cuenta que
pasará cerca de Betania. El Señor tenía muy buenos amigos en esa ciudad. Las
bromas de Lázaro que siempre lograban arrancarle una carcajada al
Maestro. Y esas anécdotas increíbles que sólo a el podían sucederle.
Indudablemente Lázaro es de esos amigos que logran hacerte sentir bien
y por unas horas, no tienes que pensar en las complicaciones cotidianas. Y
la deliciosa tarta de Marta. Nadie en todo Betania y sus alrededores
cocina como ella. El Maestro podía sentir el dulce aroma de su arte
culinaria, aún antes de entrar en la casa. Y María. Con sus eternas y
ocurrentes preguntas. Y esas singulares frases que parecen sacadas de
un libro de poesías. Definitivamente, el Señor tiene tres buenos amigos con quien compartir una distendida cena. No tiene que avisar con mucha antelación. Sólo envía un mensajero a decirles,-Jesús
está a la otra orilla. Me dice que no bien se desocupe y termine con el
servicio de milagros, pasará a comer algo. Ah, y me insistió con que
Marta no olvide cocinar esa tarta de zapallos tan exquisita. Puedo
imaginarme la velada. Luego de las bromas de rigor ellos escuchan con
atención a Cristo mientras les habla de los planes futuros, de lo que
sucederá en Jerusalén. Indudablemente, ésta es la familia más informada
en cuanto a los planes del Señor y las verdades del Reino. Siempre
es un placer tener a Jesús en casa. Y lo que es mejor, es bueno saber
que pasará por aquí, cada vez que esté cerca de Betania, después de
todo, no está tan lejos de Jerusalén. El Maestro tiene la
suficiente confianza para quedarse a pasar la noche. Un frugal desayuno
lo esperará cuando los primeros rayos de sol invadan la cómoda
habitación que comparte con Lázaro. Luego se despedirá con un abrazo, y
la promesa de regresar en cualquier momento, cuando haya un próximo
hueco en la agenda. Pero la crisis también llega, como un
irreverente intruso a la casa de Marta y María. Un atardecer, Lázaro
llega a casa con algunas líneas de fiebre. No parece algo como para
preocuparse, pero se ve un tanto pálido.Marta le sugiere que se dé
un baño de inmersión y que vaya, sin escalas, directo a la cama. Por la
madrugada, la fiebre parece subir sin piedad, y junto con las primeras
convulsiones, comienza a delirar. María considera que tal vez, éste
sea el momento de llamar a su amigo. Han pasado noches enteras oyendo
las fascinantes historias de los milagros del Señor. Lo han visto
resucitar muertos y sanar a los enfermos como parte de su rutina de
trabajo. Y después de todo, ellos pueden considerarse amigos del
círculo íntimo de Jesús. Es que, Dios suele dormir en su casa. Envían un mensajero con la noticia de último momento.-Díganle que Lázaro, su amigo, está muy grave.Pero
curiosamente, cuando el Maestro se entera de la triste noticia, en
lugar de cruzar a Betania, se va para Judea. Y por alguna razón, llega
cuatro días tarde. Demasiado tarde. Lázaro está muerto.Marta y María están dolidas y molestas. Se sienten que el Maestro los ha dejado librados a su suerte.-Estoy
sorprendida por la actitud de Jesús. Se suponía que era nuestro amigo.
Ni siquiera fue capaz de estar presente para su funeral. Tiene tiempo
para sanar a diez leprosos. Se detiene por un desconocido llamado
Bartimeo. No le importó salir del itinerario para sanar a una mujer con
flujo de sangre. Pero no tiene tiempo de estar con nosotros cuando lo
necesitamos. Otra vez, la impetuosa soledad, que llega impiadosa, haciéndoles creer que el mismo Dios las acaba de abandonar.El Señor le dice a Marta que su hermano ha de vivir. Así de sencillo. Que confíe en El. Que no hay razones para estar tristes. Que se trata de un plan diseñado en los Cielos.Pero sus amigas ya no confían. Las lágrimas de estos cuatro días se llevaron la poca fe que les quedaba.Ellas no esperan un milagro. Quizá unas disculpas, pero no un milagro. Al menos, hubiese traído flores y una buena excusa.-No
podía Pedro reemplazarte y predicar unos días? No lo puedo creer -dice
Marta- los vecinos están asombrados de tu "amistad". Con amigos como
tú, quién necesita enemigos. De haber estado aquí, mi hermano no
estaría muerto.El Señor observa la mirada hostil y acusadora de esa
misma mujer que tantas veces le había preparado su tarta favorita.
Observa la tristeza y la falta de fe de María, con quien compartió
tantas verdades. Otra vez, el mismo común denominador de la soledad.-Debiste haber llegado a tiempo.-Pudiste hacer algo, enviar a alguien, aunque sea.Las acusaciones de siempre, dirigidas a Quien creemos que debió ayudarnos.Debió.Pudo.Es entonces, que Jesús lloró.No
te confundas tú también. No creas lo que tantos predicadores han
pregonado por años. Jesús no llora por su amigo Lázaro. Porqué llorar
por alguien que va a resucitar en cuestión de minutos? Jesús no
lloraría por algo tan pasajero. El Señor llora por Marta, por María, por sus amigos.Tantas
horas compartidas. Tantas tazas de café. Tantos viernes de pizza
hablando de los secretos escondidos y los Planes del Cielo. Tantas
leyes del Reino, tantas veces de hablar sobre Su misión en la tierra. Eran amigos, pero no lo conocían.-Bueno, no es que dudemos, pero una cosa es sanar un enfermo, otra muy distinta, hacer algo con un muerto.Confiaban
en El, pero con ciertas restricciones. Con reservas. Eres Dios, siempre
y cuando mi problema no sea tan grande que hasta te supere a ti,
inclusive. Marta, María y aún los vecinos de Betania no comprenden
que sólo es un plan orquestado para que El pueda mostrar su Gloria. Que
jamás los ha dejado solos, por el contrario, el propósito era atraerlos
hacia El y que formen parte de la historia grande de las escrituras.Aún
a pesar de todo, el Señor les dará una oportunidad para creer. Les
ordenará que quiten la piedra y traerá a Lázaro de regreso. Si. La
misma piedra que El mismo podría pulverizar o hacerla levitar. Aquella
que decenas de ángeles, muy gustosos, estarían dispuestos a mover. Pero
El les dará la oportunidad a sus amigos. -Marta, María, respetables
vecinos. Sólo voy a pedirles un enorme favor. Si aún le quedan ganas de
confiar y creen en esta amistad, corran la piedra de la tumba.El mismo Señor que iba a resucitar a un muerto, les deja participar del milagro. Cuando
se lo cuenten a sus nietos, podrán decir que colaboraron con Dios. Que
por un instante, fueron los asistentes para que el Gran Mago saque un
conejo de la galera. Inesperado. Cuando todo el público creía que el
truco había fallado. O que había llegado tarde.Por esa misma razón, no tienes de que preocuparte. Si lo ves de esta forma, esto recién acaba de comenzar.Tu
amigo está a la otra orilla y ya sabe que estás en problemas. Si parece
llegar tarde, es porque acaso, quiera atraerte hacia El. Y cuando finalmente llegue, lo hará con un truco bajo la manga. Y hasta quizá, te deje asistirlo y formar parte del milagro.Dante GebelAdaptado de "Las arenas del alma" (Editorial Vida-Zondervan)
View Entry
Una iglesia que atrasa
DATE: 07/05/2008 14:18:40 / MOOD: no se
Una iglesia que atrasa Es
increíble ver a miles de jóvenes apresados en la celda de la rutina.
Sin creatividad, sin correr riesgos, atiborrados de métodos ya
probados, envueltos en la tradición o en el «porque sí». Los
jóvenes cristianos del 2003 observan las generaciones pasadas y creen
revolucionar el dogma por mover de un lado a otro algunos estandartes.
O creen que dejan fluir la creatividad divina por danzar hasta sudar
por completo o realizar alguna que otra coreografía al compás del
último coro de moda. Otros se consideran pioneros por formar una banda
de rock cristiano o predicar sin corbata. Pero no es la música lo que
te hará innovador o una camisa hawaiana al momento de pararte detrás
del estrado. La creatividad no es una postura, es dejar fluir lo
nuevo de Dios, aunque eso no sea compartido por el cónclave de la
tradición. Hace unos diez o quince años pensar en una noche de
concierto o una coreografía de mantos o estandartes, hubiese sido una
herejía. Pero ahora, es tomado como parte de «lo medianamente
aceptable» dentro de nuestro cerrado contexto religioso. Tenemos
nuestro propio lenguaje, nuestras propias canciones, nuestra manera de
saludarnos y hasta nuestra manera de vestir. Nos cierra perfecto.
Sabemos qué se nos está permitido y lo que ni siquiera se nos ocurriría
pensar.Nuestra idea de reunión creativa e innovadora es un mensaje
ofrecido por el grupo de mimos de la congregación, que harán su
pantomima durante los tres minutos de una canción, y luego pasará el
pastor de jóvenes a pedir disculpas si alguien se ofendió, explicará
que esta también es una manera diferente de predicar y además tratará
de explicar lo que quisieron decir los mimos, ya que nadie entendió
nada. Para los cristianos, una reunión evangelística debe componerse
de tres eternas horas de alabanza, media hora de adoración, alguien
explicando por qué levantarán la ofrenda, y el mensaje final, no
olvidando claro concluir el servicio con otra eterna media hora de
alabanza para despedir a los feligreses. Los más innovadores, organizan
un concierto, con muchas luces de colores, cantidades industriales de
humo sofocante y un sonido capaz de perforar cualquier tímpano normal.
Esa es nuestra mayor idea de creatividad para intentar ganar al mundo.
Pero alguien tiene que darnos la mala noticia: «La iglesia vive en los
años setenta». Hacemos todo lo que se suponía que debimos hacer hace
unos treinta años. Nuestro reloj dogmático atrasa horrores y muy pocos,
lamentablemente, se han percatado del asunto. La mentalidad del
cristiano promedio es que si algo resulta, hay que repetirlo hasta el
hartazgo y mantenerlo por los próximos veinte años. No me imagino a los
apóstoles yendo por la vida, buscando «locos de cementerios» y
endemoniando cerdos. Tampoco creo que alguien acarició la idea de
organizar un servicio de «salivadas» en la tierra para sanar a los
ciegos de la región. O a una nueva denominación basada en transformar
agua en vino. Nos encanta lo que ya resultó y alguien pagó un
precio antes que nosotros por la innovación. Siempre preferimos imitar,
antes que crear. Hace poco, llevé a un famoso productor de
espectáculos a un servicio cristiano. Él se considera un «seguidor de
lejos» del Señor. Nunca había visitado una iglesia. Se dedica a montar
y hacer la puesta en escena de grandes obras de teatro en Broadway y en
las capitales más importantes del mundo. Su concepto del show es
potencialmente elevado. Nos conocimos en nuestro más reciente proyecto
evangelístico, logramos cierta amistad, y aceptó mi cordial invitación
a un servicio dominical. Media hora después de lo anunciado, dio
inicio la reunión. Alguien probó los micrófonos una y otra vez,
mientras los músicos improvisaban y afinaban los instrumentos
frenéticamente. El baterista parecía quitarse los nervios de una mala
semana encima de su instrumento, antes de comenzar la primera canción.
Finalmente, un joven nos invitó a ponernos de pie y comenzó la
alabanza. La primera canción duró unos doce o catorce minutos, la
repetimos una y otra vez, primero las mujeres, luego los hombres, todos
juntos, a capella, con palmas, sin palmas, todos juntos otra vez. Mi
amigo estaba serio. El muchacho que dirigía el servicio nos pidió que
abrazáramos a dos o tres personas y le dijéramos algo así como:
«Prepárate para la unción que vendrá esta noche sobre ti y te dejar*
lleno de gozo...» y no recuerdo qué más. Mi amigo estaba más serio
aun. Otra canción. Ninguno de los músicos sonreía, más bien parecía que
estaban en trance o, en el peor de los casos, pensando en otra cosa.Pasó
otra persona y nos volvió a pedir que le dijéramos algo al que estaba a
nuestro lado y a dos o tres personas alrededor. Luego pidió un aplauso.
El tecladista no entendió la seña del cantante y entonces pidió otro
aplauso, que le daría el tiempo para explicarle la seña al músico.Mi amigo me dijo al oído que se retiraba. Mientras
se abría paso a la salida, oía con asombro, que el joven anfitrión les
volvía a pedir que le dijeran algo al de al lado y que luego tendrían
que saltar y dar unos gritos de guerra.En nuestra cultura, era un
gran servicio de alabanza, digno de recordar. Para quien acababa de
ingresar a la iglesia por primera vez, era un enorme grupo de
improvisados, sin creatividad, ni sentido común. Como es muy
educado, trató de disculparse, pero me interesé en su punto de vista.
Reconozco que pude haber tomado un atajo religioso. Pude haberle dicho
que «él no entendía las cosas del Espíritu» y también pude haberme
convencido de «que no resistió la gloria y la unción». Pero preferí
ponerme en su vereda, y tratar de oírlo. Quizá podía aprender algo. «Me
sorprende», dijo, «que no haya nada preparado, ensayado, principalmente
si es para Dios, como dicen. Por otra parte, cuando contrato músicos,
tienen la obligación, por contrato, de sonreír mientras actúan.
Ellos... solo tocaban. Además -agregó- los vi desconcertados, sin ideas
de cómo seguir». Me quedé en silencio y ensayé alguna explicación.
Pero me percaté de que hacía falta una reforma. Un cambio drástico y
radical de nuestros dogmas y costumbres. Si una película se extiende
más de dos horas, sentimos que se nos embota el cerebro, lo mismo pasa
si un espectáculo va más allá de la hora y media. Pero somos capaces de
tener cinco o seis horas de servicio. Cierta vez llegué como
predicador invitado a un país muy querido, donde se realizaba un
congreso en el estadio principal. La reunión comenzó a las diez de la
mañana, y eran las cinco de la tarde y habían desfillado tres oradores
sin interrupción, yo era el cuarto. «Predique tranquilo», me dijo el
anfitrión a modo de consuelo, «aquí la gente está acostumbrada». Pero
la multitud no estaba «acostumbrada». Tenía un hambre voraz y un
cansancio mental insoportable. «El corazón resiste lo que la cola
aguanta», suele decir un predicador amigo.Los saludé con amabilidad y los envié a descansar, luego de enterarme que habían estado allí por siete largas horas.No
tenemos creatividad, escasea el sentido común. Programamos servicios y
congresos para nosotros, pero espantamos al inconverso. Realizamos
eventos dirigidos a quienes se supone que entienden lo que quisimos
hacer, pero olvidamos al que no nos conoce ni comprende lo que queremos
hacer o decir. Dante Gebel Adaptado de "El código del Campeón" (Editorial Vida-Zondervan)
View Entry
Expediente borrado
DATE: 06/30/2008 08:25:26 / MOOD: no se
Expediente borrado Su esposa se lo había dicho antes de salir de casa: "Ese no iba a ser un buen día". Era
un extraño presentimiento que le rondaba por la cabeza hacía semanas.
Su esposo convivía con el peligro y la muerte era moneda corriente en
la disipada vida de su amado; cualquier día, podía ser el último que lo
viera con vida. Pero esta vez, era distinto. Ella sentía un helado presagio, una nefasta premonición. Y ahora, el llamado telefónico le quitó cualquier duda. -¿Señora de López?-Ella habla.-Le
hablo del departamento de justicia de la ciudad. Lamentamos comunicarle
que su esposo, Héctor López, fue detenido esta mañana, mientras
intentaba robar el Banco Central -el hombre continúa sin pausa-. Usted
sabe cómo operan las leyes en nuestro país, por ser reincidente, no
tiene derecho a apelar ni a un juicio justo. Será condenado esta misma
tarde. La mujer deja caer el teléfono, un escalofrío la recorre entera, mientras que siente que sus pies ya no la sostienen."No
debiste casarte con él, nunca fue un buen hombre", le había
pronosticado su madre y hoy pagaba la factura por una mala elección y
el desoír el consejo materno. Pero que fuera un delincuente, no
disminuía el amor que sentía por él. Hubiese preferido un abogado, un
ingeniero o un albañil, pero no tuvo esa fortuna. Su esposo es un
ladrón y el gobierno lo acababa de apresar. No le habría asustado
que estuviese privado de la libertad, ya había pasado por esa situación
antes. Lo dramático era que esta vez no habría misericordia del juez, y
la sentencia era inapelable. "Solicito todo el rigor de la ley,
aplicando la pena de muerte inmediata", habría pedido el fiscal a un
tribunal con sed de justicia. Es que ese no iba a ser un buen día,
pensó la mujer una y otra vez. No debió haberse levantado de la cama. Era una tarde gris, helada, con una llovizna que cortaba la cara. "Tal vez lo perdieron las malas compañías", reflexionó mientras recorría la calle principal. "Su
socio en las andadas también fue sorprendido en el lugar del hecho, y
morirá junto a tu esposo", le susurró una vecina a modo de desgraciado
consuelo. De igual modo, ya no importa buscar culpables, lo cierto es
que su esposo iba a terminar como ella lo había soñado en tantas
pesadillas: en la peor de las muertes, las más vergonzante, las más
cruel, la más atroz, la muerte pública. La dama no pudo despedirse de
su amado, es que los ladrones no cuentan con ese lujo, no hay piedad,
humanidad ni últimos deseos para los condenados a la pena máxima. La
dama se abre paso entre la multitud que exige justicia. La gente está
enardecida, exaltada. Para muchos, hoy es un día de loable justicia.
Los delincuentes pagarán por sus crímenes. El horizonte recorta tres
cruces, la de su esposo, la de su compañero en las correrías y la de un
desconocido. Ella conoce a su marido y al otro ladrón, pero le resta
importancia al tercero. "Otro infeliz que condenará a otra viuda y
sus huérfanos al olvido y la desgracia", piensa. El cuadro es
estremecedor. No la culpen por no llorar, ya gastó todas sus lágrimas
en una vida miserable junto a quien le prometió amor eterno y ahora
cuelga de una cruz. Gritos, súplicas, latigazos, sangre, ira. No quiere
mirar a su esposo, está allí, pero prefiere no recordarlo así. Solo
observa el árido suelo, mientras la sangre surca la tierra entre los
dedos de sus pies. Uno de los ladrones, el cómplice de su esposo,
insulta al desconocido de la cruz del medio. Y una voz conocida, casi
imperceptible, se enoja: "¿Ni aun temes a Dios, estando en su misma
condenación?" La mujer está
sorprendida. Su esposo acaba de salir en defensa de otro delincuente.
Eso es ridículo, si se tiene en cuenta que Héctor López pregonaba una
filosofía: "Nunca te metas en la vida de los demás, que cada uno
aprenda a defenderse por sí mismo". Por eso, ella no entiende. Su
esposo jamás habló por nadie ni puso su cara por desconocidos. "Este es
un mundo egoísta", solía decir al brindar. -Acuérdate de mí, cuando vengas en tu reino -dice ahora.Era la inconfundible voz de su esposo, sin duda, implorándole al desconocido de la cruz central. -Hoy estarás conmigo en el paraíso -promete el otro, como si en su condición pudiese cumplir algo. En la cruz se ruega piedad, no se prometen paraísos -piensa la mujer. Ella
levanta la vista por primera vez. Quizá para mirar a los ojos de su
esposo de nuevo o para entender el diálogo tan extraño que acaba de
oír. El socio de su esposo sigue maldiciendo. El desconocido del centro
pareciera un inocente que paga por algo que jamás cometió y debe estar
loco como para prometer paraísos y su esposo, su esposo... sonríe. No
tendría por qué sonreír, no hay razones. Hizo de su vida un mundo
miserable y pende de una cruz frente a miles de ciudadanos enojados.
Pero Héctor López se encuentra con la mirada de su esposa y le dibuja
una sonrisa. Un último gesto de que todo estará bien, a pesar de todo.
El gesto de los que se encontraron con la gracia en el momento menos
pensado. Ella tampoco sabe por qué, pero presiente que su esposo
finalmente encontró algo distinto. No entendió bien el diálogo de los
condenados, pero supo que algo había cambiado allí, a escasos metros de
ella, en lo alto de la cruz. Su esposo cuelga de un madero, pero
en forma inexplicable, irracionalmente, sonríe. Ella le devuelve el
gesto en el lenguaje del silencio, ese que solo pueden interpretar los
que se han amado lo suficiente como para no tener que hablar. Su esposo
acaba de encontrarse con la gracia en el minuto final. Segundos antes
de la cita con el verdugo inevitable, la muerte. Ella sabe que no puede
implorar justicia y mucho menos misericordia. Ella sabe que su esposo
paga por crímenes verdaderos. Está consciente de que ese era el final
del camino, el terminal de la vida, tarde o temprano. Pero ahora, la
última sonrisa de su esposo le devuelve la calma. La sonrisa que se
dibuja entre la sangre y los moretones, extrañamente, la compensa por
toda una vida miserable. Su esposo parece no pender de una cruz.
Muere como si lo hiciese de viejo, en una cama caliente, rodeado de sus
seres amados, luego de haber vivido una buena vida. El hombre no
mereció nietos, ni años altos, una cristiana sepultura o una importante
lápida. Pero alguien, tan condenado como él, le prometió el paraíso en
lo alto de la cruz. Ese, no iba a ser un buen día. Y mucho menos,
existía la más remota posibilidad que terminara bien. Héctor ha dejado
de respirar, pero nadie se explica por qué aún sonríe. La dama no
entiende nada acerca de teología, paraísos y redentores. Solo sabe que
algo milagroso acaba de ocurrir. Ella descubrió el secreto: si para
encontrarse con el paraíso había que venir a la cruz, valió el esfuerzo
de haberse levantado. Ahora quiero que me respondas algunas preguntas:¿Cuántos coros de iglesia aprendió Héctor?¿Cuántas veces escuchó un sermón?¿Qué credenciales tenía?¿Cuál era su llamado?¿Y qué me dices de su ministerio? ¿Crees que tenía alguno? ¿Respondiste
lo que creo?, pues déjame agregar que además te lo encontrarás en el
cielo, junto a Moisés, David y el apóstol Pablo.Damas y caballeros, eso es "gracia". Dante Gebel Adaptado de "El código del Campeón" (Editorial Vida-Zondervan)
View Entry
Regreso al futuro
DATE: 06/14/2008 06:14:43 / MOOD: no se
Regreso al futuro Moisés
envía a doce delegados de cada tribu a espiar la tierra. Diez eran del
montón, dos eran visionarios. Diez vieron los gigantes, los otros dos
vieron los gigantes... y lo que había detrás. Diez pensaron que Dios
les pedía opinión, dos entendieron que solo se trataba de una
invitación de cortesía al mejor estilo de los tickets premium. Cuando
es inminente el estreno de un buen largometraje, las grandes compañías
de cine suelen ofrecer una premier para algunos destacados periodistas,
colegas, los propios actores y selectas figuras del ambiente. No les
preguntan si pueden estrenar la película, a decir verdad, no les
interesa en lo más mínimo la opinión de los invitados. Solo creen que
ellos merecen ver, antes que el resto, lo que disfrutarán millones de
espectadores alrededor de todo el mundo. Eso es, exactamente, lo que
Josué y Caleb entendieron. Lo que Dios trataba de hacer era
ofrecerles un adelanto, un estreno para personas muy importantes, el
Creador estaba ofreciendo una función exclusiva para sus invitados.
Pero los que no pudieron entenderlo, pensaron que el director de la
película los invitó para que escribieran una crítica en el periódico de
espectáculos. -No podemos lograrlo, está lleno de gigantes. Es demasiado arriesgado -dijeron mirando por sobre sus anteojos.-Podemos. Los devoraremos como a pan -opinaron los visionarios fascinados por el viaje al futuro. -Somos como langostas -finalizaron los religiosos ciegos. -Dios pelea por nosotros -razonaron los visionarios. Ahora,
quiero que leas con cuidado. Tienes unos treinta y tantos años y aún
eres soltera. Has llegado a considerar seriamente que tal vez nunca
llegues a casarte. No encuentras el hombre ideal y presientes que vas a
morir «doncella por antigüedad», la sola idea de no tener con quien
compartir tu amor te aterra. Pero olvidé decirte que, además de
predicador y aprendiz de escritor, soy un científico loco. Acabo de
inventar una máquina del tiempo y quiero estrenarla con alguien, si te
parece bien, podemos hacer un viaje, digamos, al año 2020. No es nada
serio, solo hablo de echar un vistazo a tu futuro. ¿Te fascina la
idea?, sabía que podía contar contigo. Ingresas, apretamos los botones
correctos, calibramos las coordenadas correspondientes, y allí vamos. Imagina
que te ves, no solo felizmente casada, sino además, rodeada de unos
tres bellos niños. A decir verdad, has engordado un tanto, pero no es
lo que más importa. Observa con cuidado, allí está él. Es como te lo
imaginabas, alto, bien parecido, y está trabajando en el jardín
mientras que el molesto perro no deja de ladrarle a la cortadora de
césped. ¿Viste eso?, hasta tienes un perro, realmente puedes sentirte una joven afortunada. Pero
tenemos que regresar, nunca te dije que vinimos para quedarnos. Tu
tiempo aún no es este. Si te quedaras, podrías interferir con tu propio
yo y encontrarte contigo misma, y eso ocasionaría un golpe cósmico.
Esto es solo un adelanto de tu vida, un paneo general de lo que vendrá.Ahora bien, ¿cómo crees que te sientes? Después
de haber visto tu futuro... ¿crees aún que podrías preocuparte por
morir soltera? Claro que no, estuviste allí y sabes lo que vendrá.
Ahora puedes dedicarte a disfrutartu presente y tu soltería en vez de maldecir el presente.Pero convengamos en que te has transformado en una visionaria, viste demasiado como para dejarte que la vida te pase por encima. Sigamos con el experimento, que pase el que sigue.Miren
a quién tenemos aquí. Me miras sorprendido y opinas que nunca serás un
hombre de Dios. Si no me equivoco, crees que no calificas para el
campeonato espiritual, tienes demasiados hábitos ocultos como para
creer que Dios tenga planes con tu vida. Pero claro, a ti tampoco te
hablaron de mi máquina del tiempo. Súbete y vayamos juntos al 2012,
no es tan lejano. Observa el imponente estadio del futuro. Miles de
personas pugnan por ingresar al predio, vienen de todas partes del
mundo. Formémonos en fila como los demás, aquí nadie nos conocerá.
Dicen que este predicador es usado tan poderosamente por el Señor que
varios jefes de estado le han solicitado entrevistas. Hasta la CNN se
alinea para obtener las mejores imágenes de la cruzada. Y ahora, mi
distinguido pasajero del tiempo, prepárate para el impacto de lo que
vas a ver. Observa al predicador saliendo al escenario central. ¿Ya viste quién es? ¡Sabía que no ibas a poder resistirlo!Casi
te desmayas de la emoción. Eres tú mismo, con algunos años más. El
bigote no te queda del todo bien, pero lo importante es lo que Dios
hace contigo. Los paralíticos corren desaforados por el estadio, la
gente se aglomera para hacer la oración del penitente. Realmente tienes
un mensaje demoledor. Pero debemos regresar. Por favor, no hagas
las cosas más difíciles, sé lo que darías por quedarte el resto de la
reunión y ver tu sueño cumplido, pero solo se trata de un vistazo. La
misma pregunta que le hice a la dama, ahora que estamos de regreso.
Después de lo que viste, ¿aún te preocupa el ministerio o si Dios va a
usarte? La respuesta es obvia, claro que no. Viste demasiado como para
detenerte en pequeñeces del presente.El visionario ya estuvo en donde los demás aún no ingresaron. Él ya vio la película. Ahora solo queda esperar el estreno mundial, para que el resto la disfrute.Por eso es que los que están un paso más allá, los que ingresaron a su futuro, casi nunca pueden disfrutar su presente. Liliana, mi esposa, me ha enseñado a vivir un día a la vez.Ella
siempre dice que es muy difícil convivir con alguien que ya estuvo en
su futuro, porque puede cometer el gravísimo error de perderse el
presente. Cuando Dios te permite ingresar en tu futuro y te embriaga
con una visión, es para que aprendas a disfrutar lo que tienes ahora y
para que a cada minuto, hagas algo que haga que valga la pena tanta
gracia invertida en tu persona.Los visionarios tienen a favor que ya estuvieron ahí, pero pueden cometer el error de no bendecir su sala de espera.La
soltería pasa una sola vez. Los hijos pequeños corretean por tu hogar
solo mientras son pequeños. Hay que vivir cada minuto sabiendo que ya
no regresará. Una vieja y conocida canción de un popular intérprete latino, dice:De tanto correr por la vida sin frenos,Me olvidé que la vida se vive un momento,De tanto querer ser en todo el primero,Me olvidé de vivir, los detalles pequeños.El
hecho de visionar el futuro tiene que lograr relajarte y darte la
tranquilidad de que Dios ya estuvo en lo que viene, y nada ni nadie lo
puede modificar. Josué y Caleb contaban con eso. Ni siquiera otros
cuarenta años por el desierto hicieron que olvidaran lo que habían
visto. Dante Gebel Adaptado de "El código del Campeón" (Vida-Zondervan)
View Entry
Una urgente reforma
DATE: 06/11/2008 08:56:08 / MOOD: no se
Una urgente reforma  Por
un momento, vuelve a observar a Jesús. Sana a un leproso y predica en
menos de quince minutos. Los sorprende y los tiene en su puño. Acapara
la atención de sabios e indoctos. Lo comprenden los ancianos y los
niños, que lo apretujan para ganarse una sonrisa o un guiño de ojo del
Hijo de Dios. Se va a otra ciudad, y vuelve a crear algo nuevo.
Cambia el estilo, revoluciona las formas, genera controversias, hace
pedazos a la tradición. Podría apelar a su arsenal de conocimientos
eternos y asombrar a los teólogos, pero prefiere la sencillez de una
parábola. Los hace reír, comparando la fe con un grano de
mostaza. O diciéndole al rico que un camello tiene más posibilidades
que él. Sorprende todo el tiempo. Él no está diciendo algo: tiene algo
que decir. Pero que no esté sujeto a un programa no significa que
improvise. Dale una hoja de papel blanco a un religioso y se quejará
de que no tiene nada que leer, dásela a un dibujante o escritor y te
agradecerá por proveerle material para trabajar. Lamentablemente,
muchos cristianos permiten que alguien les escriba todo en su hoja
blanca. No se permiten soñar con algo nuevo, porque le sienten un aroma
a herejía. He hablado con decenas de jóvenes que solo conciben dos
maneras de servir a Dios: predicando o tocando la música. Si no poseen
oído musical o no tienen la soltura para predicar ante la gente, se
sienten excluidos del equipo, fuera de las grandes ligas. Nuestro
dogma tiene que experimentar un reforma drástica, similar a la que
generó Lutero. No hablo de una postura de transgresión gratuita que
hiere sensibilidades, sino una reforma basada en principios bíblicos y
calibrada con el corazón del Señor: las almas perdidas. Descubrimos
la alabanza y nos transformamos en adoradores de la adoración. Hacemos
un culto del cántico nuevo como si se tratara de una fórmula mágica
para hacer descender la presencia de Dios. Legalistas de la libertad:
si no saltas o danzas, eres un extraño, un frío espiritual que está
fuera del mover de Dios; cuando en realidad los que quedan fuera son
los que no pueden descifrar nuestros códigos religiosos internos. Vivimos
en la época de los setenta, excusándonos que Dios nunca cambia y que no
tenemos que imitar al mundo. Decir que Dios nunca cambia es desconocer
su estilo para crear cosas nuevas, y afirmar que no hay que imitar al
mundo es un contrasentido, todo cristiano medianamente inteligente sabe
que Satanás es el imitador en lugar de nosotros, en todo caso, tiene su
reloj en hora, mientras el nuestro sufre un atraso demoledor. Nos
negamos a cambiar nuestros cultos, pero no soportamos mirar una
película en blanco y negro. Disfrutamos junto a nuestros hijos de los
efectos especiales de Hollywood, pero consideramos que los jóvenes
inconversos vendrán corriendo a nuestros servicios solo porque hoy
estrenaremos dos coros nuevos. Nos sorprendemos con la puesta en
escena de cualquier obra teatral de Disney, pero nuestro concepto de
llamar la atención a los inconversos es danzar de manera irregular al
compás de la adoración. Quedamos boquiabiertos ante la elocuencia de un
político, pero predicamos un sermón extraído de un libro de mensajes de
hace cien años atrás. Nos quejamos si pagamos una entrada para el cine
y la película comienza diez minutos tarde, pero somos capaces de
anunciar un servicio a las siete y lo comenzamos cuando creemos que ya
está viniendo la gente. Seríamos capaces de abuchear a Luciano
Pavarotti si desafinara en su ópera prima, pero aplaudimos al líder de
alabanza que «desafina para la gloria de Dios».Pediríamos que nos
devolvieran el dinero de la entrada si el comediante olvidara la letra
e intentara llenar sus baches mentales diciendo: «Salude al espectador
que se le sentó a su lado y dígale: Qué lindo es venir a ver a este
comediante lleno de humor», pero somos capaces de hacerlo durante horas
enteras, si es para el Señor. No estoy en contra de los saludos o la
alabanza o los gritos de júbilo, solo que no tenemos una cultura que
impacte a los que no conocen a Dios. Nosotros lo comprendemos, el de
afuera apenas lo soporta.Hace unos dos años atrás conocí a un
pastor de jóvenes que no lograba el éxito que quería con su grupo
juvenil. A pesar de sus buenas intenciones, no tenía ascendencia entre
los suyos. Estuvimos juntos tratando de descubrir el problema. De
pronto, se me ocurrió hacerle una pregunta: «¿Cuál es tu sueño? ¿A qué
aspiras en un futuro?» El joven me miró sorprendido como si hubiese
hecho una pregunta demasiado obvia. «Quiero ser pastor de una
congregación. Quiero tener una iglesia y conquistar mi ciudad». Ese
era su problema. En lugar de concentrarse en ideas novedosas para
llegar al corazón de los jóvenes, tomaba esta etapa como un ensayo para
su verdadera vocación. El departamento juvenil, para él, solo
significaba las ligas menores. Un lugar en el que pudiese practicar
para el verdadero ministerio. Y eso, ahogaba su éxito. El joven se
vestía como su pastor, se dejaba los bigotes para parecer de más edad y
realizaba los servicios juveniles imitando al culto central dominical.Cuando
iba a la radio, en lugar de hablarle a la audiencia joven, se dirigía a
los oídos del pastor, para que «considere al gran predicador que se
estaba gestando». En lugar de enfocar su energía en los jóvenes,
dirigía sus esfuerzos para ganarse un lugar en la iglesia central. Dios
no puede darle una unción especial para el trabajo actual, cuando
mentalmente, ya armó las maletas para mudarse de llamado. La
tradición y el querer imitar lo que vio toda su vida lo condujeron al
fracaso inminente. El corto camino hacia la tradición hueca. Llegará al
pastorado, fundará su propia iglesia y creerá que ha logrado su máximo
sueño, cuando en realidad, alguien le escribió su papel en blanco y le
dijo, inconscientemente, lo que se suponía que él debía hacer. Vivimos
desfasados en el tiempo. Nuestros jóvenes tienen toda la información
que deseen al instante, gracias a internet. El control remoto de la
televisión es una extensión de sus extremidades nerviosas, si algo lo
aburre, lo cambiará al instante. El nuevo milenio arrasó con la
sensibilidad de nuestros hijos. Y si la iglesia no se percata de esos
cambios, tratará inútilmente de evangelizar con métodos arcaicos. Dante Gebel Adaptado de "El código del Campeón" (Editorial Vida-Zondervan)
View Entry
HiSTORiA DE DESiERTO
DATE: 06/02/2008 12:29:31 / MOOD: no se
Historia de desiertos Durante el año 1992, recuerdo que atravesaba un desierto. Sentía, que Dios siempre bendecía más a los demás.Por aquel entonces, comenzamos a oír que Dios estaba visitando de una manera especial el ministerio del pastor Claudio Freidzon. Si
debo ser honesto, en un principio, no me gustó que eso estuviese
ocurriendo. Otra vez, sentía que mi Padre le había traído un regalo muy
especial a un hermano mío, pero había decidido ignorarme por completo.
Una sensación de vacío, me inundó de pies a cabeza. Cuanto más me
hablaban de lo que el Señor estaba haciendo con Freidzon, mas lograba
molestarme. Sentía que Dios era injusto y parcial. Que últimamente, se
había dedicado a echar por tierra aquello que El no hacía acepción de
personas. Pero una tarde, a pesar de todos mis cuestionamientos, decidimos echar un vistazo a semejante "injusticia Divina".Tardamos
muchísimo en lograr ingresar al templo, lo cual sólo logró desalentarme
más. Cuando finalmente pudimos ubicarnos, noté algo que logró
paralizarme por completo. Los líderes más reconocidos de la
Argentina y hasta algunos de otras partes del mundo, estaban aguardando
la ministración del pastor Freidzon. Las ligas mayores estaban allí.
Estaba aquel a quien admiré por tantos años por su enorme ministerio de
sanidad, y también aquel otro profeta que tenía el don de desnudar el
alma de la gente. El pastor de la iglesia más numerosa, hacía la fila,
junto con ese reconocido evangelista que resucitaba muertos. Todos,
absolutamente todos a quienes más admiraba o había oído de ellos,
estaban allí. Y ese cuadro, sólo logró deprimirme más.Le dije al oído de mi esposa, que consideráramos salir de ese lugar. Quiero
que lo veas de esta forma. No se si eres un ferviente admirador del
fútbol, pero los sudamericanos no podemos vivir en esta parte del
planeta, sino sabemos algo al respecto. Imagina que te apasiona el
fútbol, pero nunca has jugado profesionalmente. Simplemente, pateas el
balón de vez en cuando, el algún partido ocasional entre amigos. Toda
tu vida, has estado diciendo que es injusto que nunca te hayan dado la
gran oportunidad de ser un reconocido jugador. Que de haber tenido las
chances de otros, lo habrías logrado.Un día, te enteras que se
realizará un partido en tu ciudad, y que puedes anotarte. Vas con toda
la ilusión de demostrar quien eres, pero al llegar, te percatas que en
la fila de los posibles jugadores está nada menos que el brasileño
Ronaldo. Y detrás, el inconfundible Roberto Carlos.Un poco más allá
ves a Pelé y Batistuta. Y Maradona, que adelgazó un tanto y también
quiere participar de aunque sea, algunos minutos del juego. Ahora
comprendes porqué me sentía así en la iglesia de Freidzon? Porque al
igual que tú, quería salir corriendo. No tenía chances. Me sentía
como aquel hombre que pretendió contar su testimonio de cómo Dios lo
salvó de la inundación de su pueblito, delante de Noé. Si justamente
la debilidad con la que había luchado por años, era la baja estima, era
por ello, que ahora me sentía completamente apabullado. No existía la
mínima posibilidad que Dios tuviese algo para mi vida. Comencé a
ver como decenas de reconocidos ministros del Señor, recibían una dosis
especial de unción, en cuestión de instantes. La Gloria de Dios era tan
palpable, que podíamos sentir que literalmente, la atmósfera estaba
electrificada.Y aunque actualmente somos amigos, en aquel entonces,
casi no conocía a Claudio Freidzon. Pero algo me hizo pensar que debía
enfocarme en lo que sí tenía en lugar de ver mi debilidad. En un
momento, pensé que aquello que me hacía sentir inferior, era
justamente, lo que podía llevarme a un nuevo nivel. Aunque me sentía
un tanto torpe y demasiado joven entre tantos hombres de Dios, decidí
que debía esforzarme. Avanzar. Que de igual modo, no tenía nada que
perder.Fue entonces que le pedí una reconfirmación al Señor. Que me
mostrara si tenía planes para conmigo. Que por lo menos, me dijera si
me estaba ignorando. No fue una simple oración. Creo que me le
interpuse en su camino. Fue como abrirme paso entre el gentío para
tocar su manto. Confieso que sentí que aquella oración fue tan sincera
y honesta, que logró arrancar virtud del Señor. Claudio, en ese
mismo instante, giró sobre sus pies y me buscó por entre la gente del
altar. Pude ver como se abría paso entre la multitud que esperaba una
oración. No había posibilidades serias que aquello estuviese
ocurriendo. Sin embargo, me miró directamente a los ojos, colocó su
mano sobre mi cabeza y dijo: "Veo cruzadas de jóvenes en toda la
nación y el mundo. Veo a miles llenando los estadios, el Señor cumple
lo que te prometió. El te levanta como el Pastor de los jóvenes". En
lugar de estancarme en mi desierto, decidí esforzarme y actuar. A
partir de allí, seguimos buscando desesperadamente el rostro de Dios. Y
por cierto, cultivamos una buena amistad con Claudio, hasta el día de
hoy. En ocasiones, pasamos horas hablando por teléfono o comentando
algunas cosas del ministerio. Y muchas veces, recordamos aquella
profecía, de cuando todo apenas era un sueño y este servidor atravesaba
su peor desierto espiritual. Cuatro años después de aquella noche,
realizábamos nuestra primera gran cruzada en el estadio Vélez Sársfield
con más de cincuenta y cinco mil jóvenes, y al día siguiente, los
periódicos seculares titulaban sus primeras planas con titulares que
decían: El pastor de los jóvenes que promueve votos de castidad, reunió a una multitud en Vélez. Aquello
que había nacido en el corazón de Dios, se hacía una palpable realidad
y se comenzaba a escribir la historia de una nueva generación de
jóvenes en Argentina. Justamente, aquello en lo que me sentía débil,
fue lo que me condujo a la salida del desierto. Dante Gebel Adaptado de "Las arenas del alma" (Editorial Vida-Zondervan)
View Entry
Historia de un mafioso
DATE: 05/29/2008 06:52:18 / MOOD: no se
*HiSTORiA DE UN MAFiOSO*
Ha sido un ladrón de toda la vida.
Cualquier mafioso tiene códigos, gente a la cual nunca debiera robarles. Pero él los desconoce por completo.
A los siete años visitó el primer correccional de menores y más tarde recorrería todos los de su ciudad. Alguien, conocedor de la mala gente, vaticinó que ese pequeño nunca llegaría a ser una persona decente, y no se equivocó. Tal vez existan mortales que ya nacen con una mala marca, una especie de karma, algo que los predispone antes de la vida adulta. Este, damas y caballeros, es el típico caso.
Sin padres reconocidos y mucho menos alguien que hubiese considerado adoptarlo. Se comenta por el barrio natal, que carga con diez muertes en su haber. Otros opinan que muchas más. Todos lo saben, pero nunca se pudo probar nada.
Cuentan que al llegar a los treinta y pico, entró en la mafia grande, la de los amigos importantes, las influencias del poder. Y tal vez por eso, nunca se le comprobó ningún delito. Todos saben que es ladrón, cualquier hijo de vecino no desconoce al mafioso que la propia ciudad engendró. Desde el alcalde hasta el juez, conocen que maneja negocios turbios. Droga, mercancía robada, trata de blancas. Pero es su vinculación con el poder lo que le ha dado tanta impunidad. Se ríe de los jueces y juega su turbulenta vida ante la mirada absorta de los inocentes.
Pero el poder cambió. Tal vez alguna treta política le jugó una mala pasada, o quizá un juez escrupuloso no permitió que alguien le pusiera precio a su deber. Y desde hace un año, está privado de la libertad. El periódico lo festejó colocando la noticia en la primera plana de la edición dominical. Los ciudadanos respiraron cierto aire de justicia, tardía, pero justicia al fin. Los políticos utilizaron el encierro del mafioso para su campaña. Algún poderoso influyente hizo extensas declaraciones en la televisión local, acerca de «cómo actúa la justicia de nuestro país».
Si hubiese un hipotético y mínimo chance de que algún preso fuese liberado, este no es el caso. No debe existir un solo ciudadano de bien, que no se alegre por el justo encierro del oscuro personaje. Los que tenían miedo, declararon. Y un hábil fiscal pudo probar cada delito. Y dicen también, que ningún abogado pudo defender lo indefendible. Lo sentenciaron a cadena perpetua.
Pero todo eso fue hace un año. Los primeros doce largos meses del resto de su vida en prisión. Hoy es un día festivo en la ciudad, y la costumbre es darle un «regalo». Un premio irónico. En el día de la fiesta, la gente puede votar para que el gobierno suelte a un preso, tal vez para darle una nueva oportunidad.
El nefasto hombre no aspira ni a soñar conque pueda contar con ese deseo. La gente lo odia demasiado. La prensa se le tiraría encima al gobierno como leones hambrientos. No. No existe la posibilidad de pensar en la libertad... a menos que... existiese alguien a quien la gente odie mucho más que a él. Un violador de niñas, tal vez. O un ladrón con menos códigos que él mismo. Un caníbal, una bestia que mate ancianas, un Hitler, algún azote venido del mismísimo infierno. Si hubiese tal persona, por una logística comparación, el mafioso podría ganarse el olvido de su condena y aspirar otra vez la calle. Pero no vale la pena la ilusión, no existe alguien peor que él mismo, y lo sabe.
De pronto, alguien interrumpe su delirio, es un guardia. Seguramente lo llevará al «agujero» de castigo o lo golpeará hasta desangrarlo, al cabo, es lo que le ha sucedido durante todo este infernal año. Pero el guardia no parece disgustado.
Ya no entiendo a este país -comenta el hombre de seguridad- el maldito pueblo ha votado por hacerte un pájaro libre y encerrar a otro en tu lugar.
El afamado ladrón no da crédito a lo que acaba de oír: el pueblo ha votado para liberarlo. Algo no está bien, o el país enloqueció o quizá apareció alguien que despierte más odio popular que él mismo.
Otros dos guardias le entregan su ropa de civil. Un escribano constata su firma en el libro de salidas de la penitenciaría. Es demasiado milagroso, demasiado irreal para una sola tarde. Es un contrasentido.
El hombre condenado a cadena perpetua será liberado gracias al mismo pueblo que lo encerró.
Afuera le aguardan los periodistas, las cámaras, los grabadores, los reporteros que se apretujan por la primicia. El ladrón gana la calle y los micrófonos lo apuntan. Quieren saber su reacción, necesitan al menos una palabra suya. Alguna declaración.
El mafioso solo pregunta. Debería responder, pero quiere saber. Pregunta quién es el monstruo que será condenado en su lugar. Quiere, por lo menos, saber el nombre de la bestia que lo suplantó en las elecciones de la muerte.
«Jesús de Nazaret», responde una cronista del canal de noticias, «la gente te prefirió a ti, antes que al tal Jesús».
El hombre no entiende mucho, y se abre paso entre la turba. Tiene demasiadas cosas qué preguntar, muchos interrogantes sin respuesta. Tiene libertad pero, por alguna curiosa razón, no la disfruta, no la comprende.
El tal Jesús tiene que ser demasiado importante para ocupar su lugar o muy loco para ganarse el odio de toda la ciudad. O pocas influencias en el poder o, quien sabe, tal vez se trate de alguien que haga historia.
El hombre se detiene en el medio de la nada y solo tiene un deseo. Uno tan fuerte como lo fue el de la libertad. El mafioso quiere conocer quién lo reemplazó. Quiere saber quién cargó con tanto odio, quiere saber quién le regaló, indirectamente, la libertad y una segunda oportunidad. Casualmente, en los próximos dos mil años, todos se harán la misma pregunta. Todos lo querrán conocer. Millones, en todo el mundo, se preguntarán por qué el tal Jesús se dedica a cargar con odios ajenos. Por qué reemplaza a delincuentes. Es la incógnita divina, él es verdadero amor, el inexplicable estilo Dios. Todos querrán preguntarle a Jesús «por qué».
Por ahora, el primer hombre de la historia en preguntarlo es un mafioso que acaba de ser libre injustamente, como si una mano divina hubiese intervenido.
Dante Gebel
Adaptado de "El código del Campeón"
(Editorial Vida-Zondervan) 
View Entry
|