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DATE: 07/19/2008 14:09:06 / MOOD: bendecido
Me place aprovechar la oportunidad para llamar tu atención sobre una breve e importante reflexión que se encuentra en la Biblia. Medita: "Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento" (Eclesiastés 12:1).
Para algunos, la juventud es la primavera de la vida en la que nuestros senderos se cubren de flores que emanan el perfume, lozanía y belleza que son características de esa etapa de la vida.
Pero, para otros la juventud no tan solo es pletórica de belleza, fuerza y dinamismo; está también llena de problemas, peligros y frustraciones. Teniendo en cuenta esta verdad, Salomón, el escritor sagrado, sabiamente advierte: "Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud...¨
Jesucristo redime las energías
físicas de la juventud
El joven se siente fuerte, dinámico, e independiente, y es ahí que bien puede acontecer que en vez de aprovechar su energía, y su juventud, venga a perderla o desperdiciarla.
Ninguno puede negar las exhuberancias físicas con que está dotado el joven, tanto que, muchas veces, no sabe lo que debe hacer con ellas. Energía, que bien encaminada, sería una bendición para la sociedad y para sí mismo. Pero desgraciadamente, ha sido tan mal utilizada por muchos jóvenes en nuestros días. ¡Cuánta fuerza desperdiciada! ¡Qué tristeza! Jóvenes desperdiciando sus energías físicas en el camino del mal y del pecado. ¿Cuántas vidas jóvenes terminan prematuramente por el mal ejercicio en la administración del cuerpo. Jesucristo quiere dar a todo joven un objetivo noble, elevado y sublime para sus energías físicas. ¡Acuérdate de Jesucristo!, amado joven.
Jesucristo redime las posibilidades intelectuales de la juventud
Muchos jóvenes viven en un mundo de ideas; son amantes de nuevas ideas; procuran ideas positivas. Pero, a veces quedan como barcos a la deriva. En esta situación de inestabilidad, al joven que no tiene un punto de apoyo, que no encuentra ningún fundamento sólido, le es muy fácil caer en el camino del pecado. Vemos con tristeza como los valores intelectuales de la juventud se ven comprometidos en la defensa del materialismo, vicios y desvíos morales. Y así, se van perdiendo estos valores. Sin embargo, Jesucristo quiere y puede redimir sus posibilidades intelectuales. Cree y acepta a Jesucristo y después toda tu capacidad te será aumentada. Jamás te sentirás avergonzado de haber tomado esa decisión.
Jesucristo redime las reservas morales de la juventud.
La juventud es la edad de las pasiones violentas. Vemos como nuestra naturaleza moral se extravía en diversas pasiones. En ese extravío de deseos insaciables, de pasiones desmedidas, corremos el riesgo de comprometer seriamente nuestro futuro, truncando nuestras brillantes aspiraciones y posibilidades. En esta situación necesitamos de un poder superior, que controle nuestras flaquezas y pasiones para un fin útil y elevado. Pensemos en Jesús. ¡Qué joven extraordinario era Jesús! Su personalidad, su carácter intachable, su vida juvenil, sin compromiso con el pecado, de tal manera que podía desafiar: "¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?" (Juan 8:46)
Jesús debería constituir el modelo de la vida moral de todo joven. Él quiere salvar a la juventud para las actividades de Su Reino eterno. ¡Qué feliz es uno al conocer a Jesús aun desde tierna edad y servirle en la juventud entregándose en sus manos! ¡Qué felices se sienten aquellos jóvenes que entregan sus vidas a Jesucristo y tienen redimida toda su exhuberancia física, todo su potencial intelectual, dando a su vida moral un sentido puro. Tienen a Jesús como el Señor de sus vidas, el mejor modelo. Cuando el esplendor de la juventud decaiga, no se apagarán las luces de sus ideales elevados, conocimiento y sabiduría. Cuando "vengan los días malos", se sentirán siempre rejuvenecidos, vigorosos y firmes sobre sus pies. Con razón decía Isaías: "Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a J(oleole)
emanova tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas, correrán, y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán." (Isaías 40: 30-31).
Joven amigo, ¿quieres que tus energías físicas, tus posibilidades intelectuales, tus reservas morales sean redimidas por Jesucristo? Son muchos los jóvenes que medio de oír la Palabra, creer, arrepentirse y bautizarse han aceptado vivir libres de las consecuencias del pecado. ¡Tú puedes hacer lo mismo! "El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado." (Marcos 16:16). DTB!!
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DATE: 08/12/2007 13:17:33 / MOOD: contento
Era
un joven fuerte e inteligente, su padre le había enseñado su habilidad
del negocio, y su buena cuna hicieron de él alguien que tenía mucho de
que gloriarse y exaltarse. Su profunda educación con famosos y expertos
maestros, y la defensa de su cultura, le dieron los bríos para tener la
absoluta certeza de que lo que hacía siempre era lo correcto. Su
justicia e integridad le ganaron campo en su medio social, dándole
autoridad suficiente para hacer justicia en el momento propicio.
Todo
iba muy bien, hasta que un día en que cumplía estrictamente su deber,
ocurrió lo inesperado que lo obligó a dejar su negocio, su posición y
su círculo social. Se alejó de su ciudad y fue a adiestrarse en otro
“negocio”, luego de varios años retornando a su ciudad natal, la gente
le temía, desconfiaba de él, lo despreciaba y lo atacaba.
Pero
él con toda la energía y conocimiento acumulados en su niñez, juventud,
y en el tiempo de entrenamiento fuera, enfrentó aquel cambio tan
profundo no solo externo y social, sino ante todo espiritual.
Su
nombre era Saulo, judío de judíos, nacido en Tarso, instruido a los
pies de Gamaliel, estricto en la ley de sus padres, celoso de Dios,
perseguidor de los cristianos que no perdía la oportunidad de apoyar su
ejecución y persuadir en las sinagogas en contra de ellos. Consiguió
cartas para buscarlos incluso en Damasco.
Pero
todo lo hacía convencido en lo más profundo de su corazón, por una
fidelidad y un celo para agradar al Dios de sus padres. Por ello, luego
del llamado de Jesucristo, la sorpresa que produjo no fue pequeña.
Su
propia gente lo despreció y lo odió. Los demás cristianos lo
despreciaron y le temieron, desconfiaban de su conversión, pero solo
Dios conocía el cambio profundo y dramático que le había acontecido.
De
igual manera, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, durante su vida
terrenal fue juzgado, criticado y condenado por decir la verdad. Muchos
de los cristianos hoy en día somos igualmente juzgados y despreciados
por querer luchar contra el pecado y el mal. Somos llamados
justicialistas e integralistas, con menosprecio y burla. Por nuestra
parte, juzgamos y criticamos a aquellos que consideramos hijos de las
tinieblas, pecadores y hasta blasfemos, por el solo hecho de que no
siguen nuestra misma fe. Pero, la historia se repite…
Pablo
juzgó, persiguió y condenó a aquellos que a sus ojos estaban
blasfemando e iban en contra de las leyes del antiguo pacto al seguir
un nuevo pacto. Para él era una falta tal que merecía incluso la
muerte. Pero Pablo hizo aquel nuevo pacto vida en su ministerio.
De
perseguidor pasó a ser perseguido, de juez pasó a ser juzgado, de la
letra de la ley, pasó a la ley del Espíritu Santo que habita en los
corazones, y su odio fue transformado en amor. Toda persona que no ha
tomado la decisión de seguir a Jesucristo y aceptarlo como su único y
suficiente Salvador, está igual que Saulo. Es fiel a su “religión”, a
la cual no quiere y ni desea renunciar.
Con tu tradición cree estar sirviendo al Dios que un día de niño empezó a
conocer, pero aún no has experimentado ese cambio radical del llamado, un
cambio que no será un cambio de religión, sino un cambio de corazón y
de vida.
Tal
vez tu aun no has tenido un encuentro personal con Jesucristo y aun
no has nacido de nuevo, tal vez aun seas como Saulo, haciendo lo mejor
por agradar a Dios.
Tal
vez eres juzgado y criticado por amigos y familiares, o por otros
cristianos, y es probable que tu también los juzgues a ellos.
Si tu estás en esa condición, recuerda que Jesucristo está tocando a tu
puerta. Te esta llamando por tu nombre y te dice: “¿Por qué me
persigues? ¿Por qué me juzgas? ¿Por qué me criticas? ¿Por qué no sigues
mis pasos?”
Cuando tu escuches esa voz, y la reconozcass y la sigas, el poder de Dios por
medio de su Espíritu Santo te deslumbrará. Quedarás deslumbrado al darte
cuenta de las maravillas que te está ofreciendo.
Él te está ofreciendo pertenecer a su familia. Él quiere que tu apellido
espiritual sea “Santo”. Y ya no serás más el pecador que lucha por ser
santo, sino que será el santo que lucha por no pecar.
Sí
lucharás por ser fiel a Dios, lucharás por utilizar la poderosa fuerza de
su Espíritu Santo para vencer las tentaciones, y entonces, tus caídas
estarán protegidas por las manos de Dios. Tendrás luchas pero ya no con
pecadores, sino con el pecado mismo. Te acercará a Dios, y el demonio
huirá de su vida y tu camino.
La
mejor analogía es aquella que diferencia entre una oveja y un cerdo que
caen en el fango. La reacción de la oveja será de desesperación y
gemirá pidiendo ser sacada de allí, y recién podrá sentirse en paz
cuando haya salido y se encuentre en un lugar limpio y seco. En cambio,
el cerdo al caer en el lodo también gime, pero de placer. Se
introducirá aún más y se revolcará tratando de disfrutar a lo máximo
del sucio lodo.
De
igual forma, el hombre nacido de nuevo es igual que la oveja, cuando
cae en el pecado o se halla en un ambiente de pecado, gemirá, se
sentirá incómodo, y se esforzará por librarse de aquella contaminación
espiritual.
En
cambio, el pecador, el que aún no ha sufrido el cambio de la
conversión, no sentirá ninguna diferencia, sino, por el contrario, se
sentirá como en su medio y disfrutará de los deleites del pecado.
Pero,
la decisión es tuya. ¿Quieres ser manso como una oveja, rechazar el
pecado y luchar contra él, o prefieres ser como el cerdo que se complace
en el pecado? Ahora es el momento, el Señor te está llamándo a un cambio.
Ahora
es el momento de tomar tu decisión de fe, seguir a Jesucristo como el
único camino al Padre, y recibirlo en tu corazón y en tu vida como tu
único y suficiente Salvador.
Él te está esperando con los brazos abiertos y con el anhelo de hacerte su
hijo y coheredero con Jesucristo. Entonces tu vida será la que
resplandezca, tus ojos verán de diferente manera, tus oídos oirán
diferentemente, y tu boca proclamará la gloria de Dios.
Sobre
todo, tu corazón se llenará de tanto amor que de cada célula de su
cuerpo fluirá el Espíritu de Dios. Tu vida cambiará y se llenará de
esperanza y confianza en un Padre que te ama y que quiere caminar junto
a ti y sostenerte en los momentos difíciles de tu vida.
¿Estás dispuesto a enfrentar tan grande experiencia? Si es así, manos a la obra, Jesús te esta esperando.
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