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ESTUDIO BIBLICO

La promesa del nacimiento de Juan, el Bautista

Herodes "el Grande" fue elegido por el senado romano para reinar en Palestina. En la sociedad antigua, la esterilidad se consideraba una maldición divina. El sacerdote Zacarías y Elisabet, fueron los padres de Juan el Bautista. El grupo de Abías, era considerado el menos prestigioso. En aquellos tiempos, la voluntad de Dios se podía determinar por suerte. El humo del incienso, simbolizaba la oración del pueblo de Dios ascendiendo al cielo.

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Cuatro relatos, un evangelio

Lectura: "La promesa del nacimiento de Juan, el Bautista".

Lucas 1:5-25

  1. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, cierto sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, que tenía por mujer una de las hijas de Aarón que se llamaba Elisabet.
  2. Ambos eran justos delante de Dios, y se conducían intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor.
  3. No tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ambos eran de edad avanzada.
  4. Pero aconteció que mientras Zacarías ejercía su ministerio sacerdotal delante de Dios según el orden indicado a su grupo,
  5. conforme a la costumbre del sacerdocio, fue escogido por sorteo para entrar al templo del Señor y quemar incienso.
  6. Toda la multitud del pueblo estaba afuera orando a la hora de la ofrenda de incienso.
  7. Y se le apareció a Zacarías un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
  8. Al verlo, Zacarías se turbó, y el temor se apoderó de él.
  9. Pero el ángel le dijo: "No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y lo llamarás Juan.
  10. "Tendrás gozo y alegría y muchos se regocijarán por su nacimiento,
  11. porque él será grande delante del Señor. No beberá vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre,
  12. y hará volver a muchos de los Israelitas al Señor su Dios.
  13. "El irá delante del Señor en el espíritu y poder de Elías PARA HACER VOLVER LOS CORAZONES DE LOS PADRES A LOS HIJOS, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto."
  14. Entonces Zacarías dijo al ángel: "¿Cómo podré saber esto? Porque yo soy anciano y mi mujer es de edad avanzada."
  15. El ángel le respondió: "Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas.
  16. "Así que te quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto acontezca, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo."
  17. El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaba de su tardanza en el templo.
  18. Pero cuando salió, no podía hablarles, y se dieron cuenta de que había visto una visión en el templo. El les hablaba por señas y permanecía mudo.
  19. Cuando se cumplieron los días de su servicio sacerdotal, regresó a su casa.
  20. Después de estos días, Elisabet su mujer concibió, y se recluyó por cinco meses, diciendo:
  21. "Así ha obrado el Señor conmigo en los días en que se dignó mirarme para quitar mi afrenta entre los hombres."

Apuntes del maestro

Observaciones y datos valiosos.

Herodes "el Grande" fue elegido por el senado romano para reinar en Palestina

"Herodes", se refiere a Herodes el Grande, un idumeo (de Edom, descendiente de Esaú), quien, mediante maniobras políticas y el apoyo de Marco Antonio, logró ser nombrado como el soberano de gran parte de Palestina (Canaán), por el Senado romano.

Reinó sobre Judea, Galilea, Samaria e Idumea entre los años 37-4 a.C. y es tristemente recordado en la historia por intentar destruir a Jesús, el verdadero "Rey de los judíos" que había nacido en Belén, conforme a las profecías anunciadas por los profetas del Dios de Israel; y al no hallarlo, asesinó a todos los niños menores de dos años de la ciudad.

En la sociedad antigua, la esterilidad se consideraba una maldición divina

En el Antiguo Testamento, si una mujer no concebía hijos, a los ojos de toda la gente era considerada maldita por Dios, ya sea por una pecado oculto o conocido. Esta no era una creencia sin fundamentos, porque Dios había establecido sus leyes morales aún antes de dárselas por escrito a Moisés, en el monte Sinaí.

Este juicio divino era ejecutado sobre los transgresores, sean hombres o mujeres, y se aplicaba tanto a la descendencia de Abraham como a los pueblos vecinos que interactuaban con él. (véase Génesis 20:18; 29:31; 30:2; Éxodo 23:26; Levítico 20:20-21; Deuteronomio 7:14; 1 Samuel 1:5; Jeremías 22:30).

Cuando el rey Abimelec tomó la mujer de Sara, pensando que era su hermana (Génesis 20), Dios cerró la matriz de todas las mujeres del pueblo de Gerar como una advertencia. El rey, al enterarse que Sara, era en realidad la esposa de Abraham, la devolvió inmediatamente por temor al juicio divino, y Dios lo sanó:

"Abraham oró a Dios, y Dios sanó a Abimelec, a su mujer y a sus siervas; y tuvieron hijos. Porque el SEÑOR había cerrado completamente toda matriz en la casa de Abimelec por causa de Sara, mujer de Abraham". (Génesis 20:17-18).

¡Hasta el rey Abimelec había quedado estéril!

Posteriormente, la ley escrita que Dios le entregó a Moisés, contenía la misma advertencia contra los transgresores morales:

"Si alguien se acuesta con la mujer de su tío, ha descubierto la desnudez de su tío; ellos llevarán su pecado. Sin hijos morirán. Si alguien toma a la mujer de su hermano, es cosa aborrecible; ha descubierto la desnudez de su hermano. Se quedarán sin hijos. (Levítico 20:20-21).

Por supuesto, no todas las mujeres estériles eran así por transgredir la ley de Dios, sino por padecer alguna enfermedad o algún otro tipo de problema físico.

Pero lo cierto es que si al tiempo de estar casadas, no concebían, estas esposas se sentían afrentadas al oír las murmuraciones maliciosas del pueblo y era una deshonra pública para su marido.

Esto lo sabemos, porque Dios hizo muchos milagros de sanidad en respuesta a la oración de varias mujeres estériles:

  • Sarai (Génesis 11:30; 16:1).
  • Rebeca (Génesis 25:21).
  • Raquel (Génesis 29:31; 30:1).
  • La esposa de Manoa, (Jueces 13:2-3).
  • Ana (1 Samuel 1:2,5).

El sacerdote Zacarías y Elisabet, fueron los padres de Juan el Bautista

Zacarías fue un sacerdote de Israel, y su nombre significa "recordado por YHWH". Su esposa se llamaba Elisabet, que significa "Mi Dios es mi juramento solemne" o "Mi Dios es abundancia", y pertenecía a la prestigiosa familia sacerdotal de Aarón, el primer Sumo Sacerdote que tuvo Israel. Ellos no podían tener hijos porque Elisabet era estéril y ambos de edad muy avanzada.

Lucas describe a Zacarías y Elisabet como justos a los ojos de Dios, y enfatiza que se conducían intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor, para aclarar que la pareja nunca tuvo hijos debido a problemas naturales, no por la maldición de esterilidad establecida por Dios en la ley de Moisés para los transgresores.

En el Antiguo Testamento, "ser justo ante los ojos de Dios", no implica que la persona es "libre o justificada del pecado", tal como Pablo enseña en Romanos 4, que se obtiene por la fe, sino una justicia que se alcanza por la obediencia a la voluntad Dios y la fidelidad de andar en sus caminos (Deuteronomio 6:25), como Noé (Génesis 6:9, 7:1) o Job (Job 1:1).

De tapa a tapa, en las Escrituras, Dios promete bendecir de todas las formas posibles a los que son fieles y obedientes a su Palabra, especialmente en el ámbito de la economía familiar, como por ejemplo en el libro de Deuteronomio, que dice: "Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá varón ni mujer estéril en ti, ni en tu ganado." (Deuteronomio 7:14).

Esta promesa la vemos en acción en la familia de Zacarías y Elisabet. Cuando ya todo parecía imposible, a su tiempo, Dios los bendijo con el milagro de sanidad por el que oraron toda la vida, y concibieron un hijo al que pusieron por nombre Juan, quien fue, en palabras de Jesús, el profeta más grande que jamás haya existido.

Debido a su fidelidad a Dios, Zacarías y Elizabet fueron recompensados delante de los hombres por el Padre Celestial, tal como Jesús nos prometió en Mateo 6:

"Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público." (Mateo 6:6).

El grupo de Abías, era considerado el menos prestigioso

De los veinticuatro grupos o clanes de levitas que fueron al exilio de Babilonia, aparentemente solo cuatro regresaron (Esdras 2:36-39). Luego fueron subdivididos, y a cada subgrupo se le asignó una semana para oficiar en el Templo. Algunas divisiones eran más prestigiosas que otras; Abías era una división menor que servía en la octava semana de cada semestre.
En aquellos tiempos, la voluntad de Dios se podía determinar por suerte

La suerte era una forma válida para determinar la voluntad de Dios, no solo en el Antiguo Testamento, también en el Nuevo.

En el Antiguo Testamento, para determinar la voluntad de Dios sobre asuntos sacerdotales (Levítico 16:8-10), o que afectaran al rey (Esdras 2:63; 1 Samuel 28:6), se echaban "suertes" utilizando el Urim y Tumim.

También se echaron suertes para dividir la Tierra Prometida entre las tribus de Israel. (Josué 13:6).

Y aunque la Biblia no describe específicamente cómo era este objeto que se utilizaba para conocer la voluntad divina, lo que sí sabemos es que fue un método instituido por Dios (Éxodo 28:30; ), y algo que el Sumo Sacerdote debía llevar permanentemente dentro del pectoral (Levítico 8:8).

En el Nuevo Testamento, los responsables de la iglesia primitiva, echaron suertes para determinar cuál de los dos candidatos nominados, José, al que llamaban "Justo" o Matías, era el elegido por Dios para ocupar la vacante apostólica dejada por Judas Iscariote. La biblia no dice si utilizaron el Urim y Tumim, pero la suerte echada cayó sobre Matías, y fue contado como uno de los doce apóstoles del Señor. (Hechos 1:21-26).

El humo del incienso, simbolizaba la oración del pueblo de Dios ascendiendo al cielo

Dos veces al día, Israel ofrecía a Dios un cordero en holocausto, para mantener el sacrificio continuo ordenado en la ley de Moisés (Éxodo 29:38-46).

Uno se realizaba durante la mañana, a las 9 a.m. y el otro por la tarde, a las 3 p.m, hora en la que también se encendía el incienso, porque era la hora de la oración, en la que todo el pueblo se reunía delante del templo para orar a Dios.

El humo del incienso era un símbolo, que representaba en forma visual la adoración del pueblo de Dios, la cual subía al cielo como un aroma agradable hasta su presencia.

Audioapunte, por Alex Valdovinos

Transcripción del audioapunte

Para Zacarías y Elisabet, el Evangelio es el cumplimiento de las promesas de Dios.

El pueblo de Israel estaba sumergido en una profunda oscuridad espiritual. Habían pasado más de cuatrocientos años, desde la última vez que escucharon la voz de Dios, por boca del profeta Malaquías.

Vivían bajo el dominio opresor del imperio romano y pagando enormes cantidades de impuestos a Herodes "el Grande", quien había llegado al gobierno por medio de fuertes maniobras políticas. Con el apoyo de Marco Antonio, convenció al Senado romano de nombrarlo rey de Judea, "la tierra de los judíos".

Mientras tanto, en Jerusalén, había un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías. Estaba casado con Elisabet, que era descendiente de Aarón, el hermano mayor de Moisés y primer Sumo Sacerdote de los israelitas.

Zacarías y Elisabet eran justos delante de Dios, su conducta era intachable y andaban irreprensiblemente en los caminos del Señor. Pero a pesar de su fidelidad y sus buenas obras, no tuvieron la bendición de engendrar hijos, porque ella era estéril y ahora, tanto él como ella, eran de edad muy avanzada.

Un día, le llegó el turno al grupo de Abías, del cual Zacarías formaba parte, para realizar el servicio sacerdotal en el templo. Según la Mishná, que es la primera gran colección escrita de las tradiciones orales judías del Talmud, había tantos sacerdotes en aquel momento, que cada uno ofrecía incienso sólo una vez en su vida, si tenía "suerte".

Y la suerte le sonrió de oreja a oreja al sacerdote Zacarías, quien fue uno de los afortunados ganadores del sorteo y seleccionado para entrar al templo del Señor para quemar el incienso. Zacarías se sentía feliz, bendecido y honrado por el mismísimo Dios de Israel, porque en la cultura judía, la suerte y la voluntad de Dios, iban de la mano.

Cuando Zacarías entró al templo y cerró las puertas detrás de sí, podía escuchar el sonido de la multitud que esperaba afuera orando, batiendo palmas y aclamando a Dios con voces de júbilo, porque era la hora de la oración en Israel.

Quemar el incienso fue muy significativo para él, porque mientras alzaba su voz en oración, podía ver con sus propios ojos el humo que ascendía al cielo como un aroma agradable ante la presencia del Dios de Israel, representando no solo su petición de tener ese hijo que tanto anhelaba, sino la de todo un pueblo.

Mientras Zacarías meditaba en todo esto, se presentó delante de él un ángel del Señor, que estaba de pie justo al lado del altar del incienso, que humeaba más abundantemente, por la resina aromática que ardía entre el fuego.

Cuando lo vio, se paralizó del miedo y sus ojos redondos se desorbitaron ante el ser celestial que le devolvía la mirada preocupado al verlo entrar en pánico.

Inmediatamente, el ángel le dijo: "No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y lo llamarás Juan".

Zacarías visiblemente turbado, dejó caer el atizador con el que removía el fuego.

Y el ángel continuó diciendo: "Tendrás gozo y alegría y muchos se regocijarán por su nacimiento, porque él será grande delante del Señor. No beberá vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre...".

Al oir esto, Zacarías escaneó mentalmente todos sus estudios bíblicos para ver si encontraba alguna referencia que le ayudara a procesar la información que estaba recibiendo, y antes de lograr analizar la primera línea, el ángel agregó:

"...y hará volver a muchos de los Israelitas al Señor su Dios. Él irá delante del Señor en el espíritu y poder de Elías PARA HACER VOLVER LOS CORAZONES DE LOS PADRES A LOS HIJOS, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto."

Zacarías no logró comprender al instante todo lo que el ángel le estaba anunciando, tal vez por su estado emocional. Pero se quedó con la primera parte del mensaje, que decía que su oración había sido escuchada, que tendría un hijo y que se llamaría Juan, aunque conociendo la situación de su esposa y la de él, francamente le parecía imposible.

Entonces Zacarías, sin poder ocultar la incredulidad que reflejaba su rostro, respondió al ángel, diciendo: "¿Cómo podré saber esto? Porque yo soy anciano y mi mujer es de edad avanzada."

A lo que el ángel le respondió: "Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas. Así que te quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto acontezca, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo."

Desde ese momento, Zacarías no dijo ni "mu".

A todo esto, el pueblo seguía esperando a Zacarías y se extrañaba de su tardanza en el templo, porque como todo ritual, se hacía en un tiempo predeterminado al que todos ya estaban acostumbrados, y nadie se atrevería a extender ese momento haciendo alguna otra cosa.

De repente, se abrieron las puertas, y salió Zacarías incapacitado de poder hablarles porque estaba mudo. Según la tradición rabínica, era costumbre que el sacerdote, luego de la quema de incienso, bendijera a la gente utilizando la bendición aarónica de Números 6:24-26.

Sin embargo, cuando atravesó la puerta del templo, solo podía hablarles por señas, y se dieron cuenta de que había visto una visión en el lugar santo, aunque nadie supo con certeza qué ocurrió, hasta mucho tiempo después, cuando volvió a hablar.

Al cumplirse los días del servicio sacerdotal del grupo de Abías, Zacarías regresó a su casa con sentimientos encontrados de felicidad e incertidumbre, pero nueve meses después, su esposa Elisabet, concibió el hijo de la promesa.

Y esta hermosa mujer, que había sido estéril toda su vida, se alegró como Sara, la esposa de Abraham, y exaltó al Dios de Israel con voz de júbilo, diciendo:

"Así ha obrado el Señor conmigo en los días en que se dignó mirarme para quitar mi afrenta entre los hombres."

Para Zacarías y Elisabet, el Evangelio es el cumplimiento de las promesas de Dios.

Alex Valdovinos,
© Copyright 2021, Visión Joven.

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Tema La promesa del nacimiento de Juan, el Bautista

Sección de preguntas y respuestas.

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