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Cómo reconocer un verdadero cristiano

A veces los jóvenes no están rechazando a Cristo, ni la espiritualidad ni la adoración, sino a una representación insípida de la verdadera vida en Cristo.

Se escuchan a menudo expresiones como esta: "No creo que él sea creyente, porque hizo tal y tal...", o "Ella puede ser prima, pero no hermana, porque el otro día la vi en tal y tal parte".

¿Cuáles son los rasgos de un verdadero cristiano? ¿Cómo puede un joven saber si él mismo es realmente convertido, o si la señorita que le está interesando es realmente creyente y estaría por ende en condiciones de casarse con él? ¿Podemos distinguir entre el trigo y la cizaña?

Algunos opinan que no debemos escudriñar la vida espiritual de otros ni hacer el intento de determinar si son o no son hermanos en la fe. Presentan la objeción de que nadie debe ponerse en lugar de juez y, además, que "todo eso está en las manos del Señor".

Aunque este punto de vista tiene una pequeña porción de verdad, al leer el Nuevo Testamento, nos damos cuenta que para la Iglesia, es fundamental reconocer a los que son "piedras vivas" de la casa de Dios y quienes no lo son.

No con la motivación de juzgar ni rechazar a nadie, sino con la fuerte compasión de Cristo que nos ayuda a saber tratar a cada uno de acuerdo a su condición espiritual.

Pablo dijo: "A los débiles me hice débil, para ganar a los débiles; a todos me he hecho todo, para que por todos los medios salve a algunos" (1 Corintios 9:22). ¡Que esta sea nuestra perspectiva y motivación!

Otros tienen una lista ya preparada de rasgos externos y visibles que nos aseguran si la persona "es o no es". Se trata de un código moral que no se basa en la descripción de las obras de la carne que presenta la Palabra (Ver Galeras 5:19-21), sino de acuerdo a normas culturales que muchas veces son una reacción a la moda vigente, más que a reales principios bíblicos de santidad.

Este "modelo de conversión", se determina de acuerdo al comportamiento de la persona. Decimos que es "salvo" si asiste tres veces por semana a los cultos de la iglesia y siempre dice sonriendo "Dios te bendiga" a los hermanos.

A veces hay personas que asisten a las reuniones de la iglesia, participan de las actividades juveniles, o aún de evangelismo, pero realmente no están comprometidos con Jesús, ni han entregado sus vidas al Señorío de Cristo.

Cuántas sorpresas nos llevamos, cuando bajo la presión de la prueba, estos "hermanos" reaccionan de la misma manera que los que siguen la corriente del mundo.

No han encontrado en Jesús la respuesta a sus necesIdades más profundas. No acuden a él cuando están desesperados. Se las arreglan de alguna manera, solos.

El modelo que necesitamos para discernir si una vida está o no entregada a Cristo, es una que se debe vincular con la realidad de la vida interior de ese persona, y el progreso que demuestra hacia la meta de imitar cada vez más a Jesús (Efesios 4:12-13).

La pregunta no debe ser si "actúa" como los demás hermanos o si se lleva bien con el grupo de jóvenes, sino si se percibe que ama a Cristo y el fruto del Espíritu está cada vez más evidente en su vida (Gálatas 5:22-25).

La pregunta que debemos hacernos, es:

1) ¿Ha nacido de nuevo?

"Jesús le contestó: 'En verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios'." (Juan 3:3).

2) ¿Dios está restaurando emocionalmente a esta persona?

"¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando Tu palabra. Con todo mi corazón Te he buscado; No dejes que me desvíe de Tus mandamientos. En mi corazón he atesorado Tu palabra, Para no pecar contra Ti". (Salmos 119:9, ver Salmos 51).

3) ¿Se percibe que Jesús está cambiando su manera de pensar?

"Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu." (Romanos 8:5).

Jesús nos enseñó que de adentro viene todo lo que contamina al hombre (Marcos 7:15) y también declara la Palabra que "De la abundancia del corazón habla la boca" (Lucas 6:45).

Si el joven o la señorita se pasa todo el día soñando en fantasías sobre "cosas de la carne", entonces esa vida está en peligro.

4) ¿Desea crecer espiritualmente?

¿Tiene hambre de la leche o de la carne de la Palabra de Dios? El Espíritu que está muerto, no necesita comer. A un cadaver espiritual, no le hace falta el sustento.

Pero aunque sea un bebé en la fe, demostrará hasta desesperación por alimentarse, por conversar de las cosas de Cristo, por llenar su ser de las enseñanzas de Dios.

El que no ama a Jesús, no tiene ningún deseo de adorar a Dios ni de estar en su presencia, pero cuidémonos de ser demasiado severos en este punto. A veces los jóvenes no están rechazando a Cristo, ni la espiritualidad ni la adoración, sino a una representación insípida de la verdadera vida en Cristo.

El espíritu del joven cristiano clama en busca de la realidad espiritual, de la presencia del Espíritu Santo y se alejará de cualquier demostración de fariseísmo, o de cualquier presión a conformarse a un modelo no genuino de la conversión.

5) Se perciben cambios en sus acciones y reacciones?

En sus relaciones interpersonales ¿se nota un crecimiento de sensibilidad y generosidad? El joven que le dio el control de su vida a Jesús, lo demostrará con sus acciones, en especial en las pequeñas decisiones de su vida.

Que Dios nos ayude a buscar siempre más de Él y considerarnos unos a otros para "estimularnos al amor y a las buenas obras" (Hebreos 10:24).

Sigamos adelante, sabiendo esto:

"El que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el Día de Jesucristo" (Filipenses 1:6).

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