La tolerancia implica el respeto íntegro hacia el otro, hacia sus ideas, prácticas o creencias, independientemente de que choquen o sean diferentes de las nuestras. Vivimos en una sociedad que se esfuerza en promover la idea de la tolerancia, pero se vuelve intolerante contra los absolutos que enseña la palabra de Dios.

La “tolerancia” establece que la verdad está determinada por cada individuo, no por Dios. Por eso, en temas como la religión, el comportamiento o la sexualidad humana, existe un creciente sentimiento anticristiano en el mundo occidental. Pero curiosamente, aquellos que más rechazan la noción de Dios y la credibilidad de la Biblia, a menudo, utilizan versículos bíblicos fuera de contexto para excusar sus malas acciones.

Por ejemplo, cuando un cristiano intenta explicar que “vivir en fornicación produce dolor y va en contra de la ley de Dios”, frecuentemente le responden, diciendo: “¡La Biblia dice que seamos fecundos y que nos multipliquemos!”. Por otra parte, muchas personas, independientemente de si son cristianos o no, piensan que hacer juicios sobre alguien, no solo es una muestra de "intolerancia", sino que además, está mal, porque la Biblia dice "no juzguen" (Mateo 7:1). 

¿Entonces, cuál es la verdad? ¿Es legítimo o no, juzgar? ¿Qué enseña la Biblia al respecto? Cabe aclarar que el "juicio" del que habla el mundo, no es el mismo "juicio" del que habla la palabra de Dios; y ciertamente se oponen en su origen, naturaleza y propósito. El juicio del que habla el mundo, acusa y apunta con el dedo para destruir (Apocalipsis 12:10); en cambio, el juicio del que habla la palabra de Dios –y el verdadero cristiano–, advierte y lleva al arrepentimiento, para salvar (Hebreos 12:6, 11).

Definir con fundamento bíblico los conceptos de tolerancia y juicio, puede hacer la diferencia en nuestro crecimiento personal y en nuestra interacción con la sociedad. En esta entrega de Visión Joven, nos ocuparemos en desgranarlos. Tus comentarios y aportes son muy bienvenidos al pie de esta página. ¡Adelante visionarios!

La autoridad de Dios para juzgar

Las Escrituras enseñan claramente que hay un sólo Dios, que es Señor y Juez Supremo de todo lo que existe; y que solo Él tiene la autoridad para determinar si las intenciones del corazón del hombre –y su comportamiento– son correctas o incorrectas.

Por un lado, el Antiguo Testamento está lleno de pasajes bíblicos que revelan el carácter de Dios y Su autoridad como Juez justo, como por ejemplo:

  • “Dios es juez justo, un Dios que se indigna cada día contra el impío”. (Salmos 7:11).
  • “Él juzgará al mundo con justicia; con equidad ejecutará juicio sobre los pueblos”. (Salmos 9:8).
  • “Los cielos declaran Su justicia, porque Dios mismo es el juez. Selah”. (Salmos 50:6).
  • “Porque el SEÑOR es nuestro juez, el SEÑOR es nuestro legislador, el SEÑOR es nuestro rey; Él nos salvará”. (Isaías 33:22).

En el Nuevo Testamento, por el otro lado, encontramos que Dios el Padre le ha dado toda la autoridad para juzgar a Su Hijo, como muestran los siguientes versículos:

  • “Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”. (Mateo 28:18).
  • "Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo". (Juan 5:22)
  • “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue: la palabra que he hablado, ella lo juzgará en el último día". (Juan 12:48).
  • “Y nos mandó predicar al pueblo, y testificar con toda solemnidad que este Jesús es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos”. (Hechos 10:42). 
  • "Porque Él ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien Él ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres cuando lo resucitó de entre los muertos.". (Hechos 17:31).

En estos y en muchos otros pasajes, la Biblia enseña que un día Jesús juzgará con justicia a toda la humanidad. Este juicio será uno de temor y terror para los que creen en el relativismo moral, y para los "cristianos" profesos que practican apenas una religión externa, sin jamás haber nacido de nuevo, como exhorta el Señor en Juan 3:3.

Por otra parte, los apóstoles del Señor Jesucristo, han anunciado por el Espíritu Santo y revelado por medio de las Sagradas Escrituras, que el Rey de reyes y Señor de señores, ha emitido un decreto real con repercusiones eternas: quien crea en Su nombre, y lo reciba, será salvo; y quien lo niegue y lo rechace, permanecerá condenado por la eternidad (Juan 5:24).

La "tolerancia" odia este tipo de absolutos de la palabra de Dios, lo cual pone de manifiesto su rebelión contra el diseño original de Dios para Su creación. Es interesante que Pedro, apóstol de Jesucristo, hace eco de este decreto divino, declarando públicamente el absoluto más extraordinario que jamás alguien haya escuchado: 

"En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos.” (Hechos 4:12).

Es demoledora la cantidad de pasajes que encontramos en las Sagradas Escrituras anunciando que Dios, el Juez Supremo, decretó que Su Hijo será quien juzgue a toda la humanidad. Es decir, cada ser humano que alguna vez existió o existirá, será juzgado por Jesucristo en persona (Juan 5:22, 26-27). El Padre le otorgó a Su Hijo el derecho de juzgar, tras inmolarse a sí mismo en la cruz del Calvario, para quitar el pecado del mundo (Juan 1:29).

QUE JESÚS SEA EL JUEZ, EN REALIDAD, ES UNA GRAN NOTICIA PARA TODOS, PORQUE ÉL NO VINO PARA CONDENAR AL MUNDO, SINO PARA QUE EL MUNDO SEA SALVO POR ÉL (JUAN 12:47).

Que Jesús sea el Juez, en realidad, es una gran noticia para todos, porque Él no vino para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él (Juan 12:47). Es por eso que Evangelio significa "buena noticia". Es la buena noticia de saber que antes que el Señor se siente delante de ti como Juez el día de mañana, Él te ofrece Su perdón absoluto hoy. ¡No desaproveches la oportunidad de una Salvación tan grande! (Juan 3:16-18; Hebreos 2:3).

El cristiano y la tolerancia "intolerante"

Cuando un cristiano presenta el evangelio a un no creyente, aunque lo haga con gracia y amor, está emitiendo un juicio indirecto contra esta persona respecto a su situación con Dios. La Biblia declara enfáticamente que todos los hombres son pecadores, que han sido destituidos de la gloria de Dios y que necesitan redención de sus pecados para ser salvos y escapar de la condenación que pende sobre la humanidad. (Romanos 3:23). 

Sin embargo, cuando se tocan temas puntuales como el aborto, el adulterio, el comportamiento homosexual y el matrimonio entre personas del mismo sexo –por nombrar algunos–, habitualmente se escucha la afirmación de que "no hay que juzgar", porque se percibe como un juicio directo que atenta contra la libertad personal.  

habitualmente se escucha la afirmación de que "no hay que juzgar, porque se percibe como un juicio directo que atenta contra la libertad personal.

Por ejemplo, cuando un cristiano dice, que el comportamiento homosexual es un pecado y que el matrimonio entre personas del mismo sexo está penado por la ley de Dios, los promotores de la "tolerancia", a menudo disparan respuestas hostiles, como:

  • "¿Quién eres tú para juzgar a dos personas que se aman?"
  • “¿Quién crees que eres, diciéndole a alguien a quién puede o no puede amar? ¡Tú también eres un pecador!"
  • "La vida privada de alguien no es asunto tuyo. No puedes juzgar".

Algunos, incluso, tienen la arrogancia de citar a Mateo 7:1, en donde Cristo enseña a sus discípulos: "No juzguen, para que no sean juzgados". Por supuesto, cuando citan este versículo, lo hacen totalmente fuera de contexto, con el propósito de justificar su comportamiento y respaldar sus afirmaciones falaces. 

Lamentablemente, lo que estas personas no se dan cuenta, es que el juicio que pesa sobre ellos, no se basa en la opinión personal del cristiano que presenta el evangelio, sino en lo que la Biblia testifica como condenable delante de Dios. Es decir, el discípulo de Cristo, no es ni será nunca el dueño de la verdad, es apenas un mensajero de Dios y le está advirtiendo en amor cómo son las cosas y cuál es su realidad ante un inminente juicio de Dios.

El juicio de Dios a los incrédulos y a los creyentes (Romanos 2:11)

Según las Escrituras, aunque el trato de Dios con estos dos grupos es diferente, Su objetivo final es siempre la reconciliación y el amor: los incrédulos necesitan conocer a Cristo y reconciliarse con Él para ser salvos de toda condenación (2 Corintios 5:20); mientras que los creyentes, que ya son salvos, necesitan crecer en Cristo y amarse unos a otros, para confirmar que son Sus discípulos (Juan 13:35, Romanos 2:6, Apocalipsis 22:12).

El llamado de Dios a juzgar (sabiamente)

Si leemos correctamente el contexto del Sermón del Monte, comenzando desde Mateo 7:1, notaremos que el Señor está enseñándonos a ser sabios al juzgar, que tengamos discernimiento espiritual, que no seamos acusadores ni apuntemos con el dedo a una persona para arrojarle la primera piedra. Es la esencia del Evangelio, y se hace evidente en los primeros cinco versículos:

  1. No juzguen para que no sean juzgados.
  2. Porque con el juicio con que ustedes juzguen, serán juzgados; y con la medida con que midan, se les medirá.
  3. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?
  4. ¿O cómo puedes decir a tu hermano: 'Déjame sacarte la paja del ojo,' cuando la viga está en tu ojo?
  5. ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la paja del ojo de tu hermano (Mateo 7:1–5).

EL SEÑOR ESTÁ ENSEÑÁNDONOS A SER SABIOS AL JUZGAR, QUE TENGAMOS DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL.

En esta primera parte de Su enseñanza, el Señor advierte a sus seguidores a no juzgar de una manera hipócrita o condenatoria; es decir, acusando al otro sin considerarse primero a sí mismo. Y la razón principal es porque este tipo de juicio, además de ser desechado por el Maestro, es una característica frecuentemente asociada con los fariseos durante el ministerio de Jesús. 

Sin embargo, cuando alguien afirma que "un creyente no debe emitir juicios", probablemente lo dice porque lo escuchó decir a otros, o porque siente que es una posición más "segura" en el mundo "tolerante" en donde vive, no por haber estudiado el propósito del juicio de Dios en las Escrituras, tal como lo enseñó Jesucristo a sus discípulos.

En Mateo 7:5, el Señor finaliza la primera parte de Su enseñanza, delegando a Sus discípulos la responsabilidad de juzgar sabiamente, diciendo: "Entonces verás claramente para quitar la paja del ojo de tu hermano".

Lo que Jesús está enseñando aquí es la virtud de juzgarse a sí mismo primero, antes de juzgar a los demás; y si emitimos un juicio, no lo hacemos con el propósito de condenar –como denuncian los promotores de la "tolerancia"–, sino para ayudar a un pecador a recibir el perdón de Dios, o para alentar a nuestro hermano a caminar en la verdad. ¡Es un juicio agradable a Dios!

¡Y aún hay más! En un contexto más amplio, Jesús exhorta a sus discípulos a juzgar las falsas enseñanzas y discernir a los falsos profetas, porque ellos "parecen" cristianos, pero en realidad conspiran contra el rebaño. Esta referencia la encontramos a partir de Mateo 7:15, en donde el Señor revela a sus discípulos una de las señales más evidentes para juzgar si un profeta –o en su defecto predicador, maestro, apóstol, etc.– es verdadero o falso:

  1. Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
  2. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?
  3. Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos.
  4. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos.
  5. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.
  6. Así que, por sus frutos los conocerán”. (Mateo 7:15–20).

¿Notaste que el Señor menciona dos veces que "por sus frutos los conocerán"? Esta exhortación, es como una espada de doble filo, porque afecta a los falsos profetas, tanto como a todos los que afirmamos ser cristianos nacidos de nuevo.

Como discípulos del Señor, debemos concentrarnos primero en nuestro propio arrepentimiento del pecado, para no ser considerados como hipócritas por el Señor (Mateo 7:23). Luego, la santificación que sigue al verdadero arrepentimiento, es una obra de la gracia de Dios que nos permite dar buenos frutos al ciento por uno (Marcos 4:20); y no hay excusa, porque está gracia está disponible para todos aquellos que le aman y obedecen Su Palabra (Juan 14:21).  

La santidad, bíblicamente hablando, consiste en ser transformado a la imagen de Cristo por el poder de Dios (Romanos 8:29; 1 Juan 3:2); y la única forma de reconocer que esto ha sucedido, es por la evidencia de los "buenos frutos" que estamos dando, lo que en contexto con Mateo 7, significa: tener la capacidad de juzgar en amor, sin acusar ni condenar a nadie, como lo hizo el Señor (Gálatas 5:22).

Resumiendo, lo que Cristo está enseñando a Sus discípulos es que si no nos arrepentimos personalmente de nuestros pecados, y damos buenos frutos, no estamos en condiciones de juzgar a los demás. Es decir, no tenemos –ni conocemos– la gracia y la verdad que vienen del Espíritu Santo para ayudar a nuestro hermano, hermana o incluso a nuestro prójimo que es inconverso.

La misericordia triunfa sobre el juicio (Santiago 2:13)

El Señor Jesús, antes de ascender al Cielo, nos dio el mandamiento de ir y predicar el evangelio a todas las naciones del mundo (Mateo 28:18-19; Marcos 16:15-16). Evangelio significa "Buenas Noticias". Son las buenas noticias del amor y la misericordia de Dios, las cuales triunfan sobre el juicio. Este mensaje que el Señor nos encomendó es para todos los hombres y mujeres de la tierra, y se divide en dos partes: La primera, consiste en advertir a los pecadores que necesitan la salvación que Dios les ofrece gratuitamente en Cristo, para escapar del juicio que viene y vivir en paz por la eternidad. La segunda, consiste en hacer discípulos, enseñándoles todas las cosas que Él nos ha mandado. ¡Esto es lo que hacemos en Visión Joven!

El juicio, en relación a los pastores y líderes.

A menudo escuchamos afirmaciones de cristianos, probablemente bien intencionados, diciendo que "no debemos emitir juicios contra los ministros o predicadores", especialmente en lo que se refiere a sus enseñanzas erróneas, alegando que "el que los juzgará será el Señor". Esto puede parecer el razonamiento de un cristiano maduro, pero realmente no es bíblico, como hemos visto hasta ahora en el Sermón del Monte, y como seguiremos profundizando más adelante.

El pasaje citado que se utiliza para justificar esta afirmación, lo encontramos nuevamente en Mateo 7:1, "No juzguen"; y al igual que los incrédulos, muchísimos cristianos utilizan habitualmente este mismo versículo fuera de su contexto original, lo cual es absolutamente dañino para el crecimiento del Cuerpo de Cristo; porque para crecer asidos a la Cabeza, que es Cristo (Colosenses 2:18-19), es necesario saber juzgar entre lo que agrada y no le agrada a Dios.

El Espíritu Santo nos dio la capacidad de discernir quiénes son los pastores y líderes cristianos que aman sinceramente al Señor Jesucristo. Estos hombres y mujeres han abierto las puertas de la Salvación a multitudes, trabajan diligentemente con mucha perseverancia por el reino de Dios y ministran a los que sufren y a los enfermos. Lo hacen, porque así como nosotros, un día ellos también fueron salvos, confesando con su boca que Jesucristo es el Señor y creyendo en su corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, conforme a Romanos 10:9. 

Sin embargo, al igual que el resto de nosotros, son falibles y pueden caer en el error, incluso en temas tan sencillos de entender como la Salvación. Algunos, por ejemplo, enseñan por error, que Jesús no vino por amor a "todo" el mundo, con el propósito de salvar a "todo" aquél que crea en Él (y se arrepienta), sin distinción de si es hombre o mujer, rico o pobre, judío o pagano, tal como se lee en Juan 3:16: "Porque de tal manera amó Dios al mundo..."; sino que –según ellos–, "Jesús vino a salvar a un limitado grupo de personas (elegidas por decreto divino), y al resto dejarlos que sigan su rumbo al infierno eterno (reprobación divina)", por mencionar sólo un caso, bastante engañoso por cierto, como está escrito:

"Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios" (Timoteo 4:1).

El hecho es que las Sagradas Escrituras están saturadas de advertencias de cómo los líderes del pueblo de Dios, podían caer en la más profunda oscuridad y espíritu de error si desobedecen la palabra de Dios, incluso desde antes que existiesen los reyes de Israel y de Judá, que en su mayoría fueron traidores a las Escrituras.

Por ejemplo, cuando los descendientes de las doce tribus de Israel entraron en Canaán, lo hicieron, contemplando con sus propios ojos, el indescriptible milagro del poder de Dios a favor de ellos; y por boca de Josué, Dios ordenó a los líderes israelitas que destruyeran todo lo oculto, profano y vergonzoso, incluyendo los lugares de cultos paganos, establecidos en las altas montañas. 

¿Pero qué hicieron? En vez de destruirlos, los líderes convirtieron esos lugares en "centros de adoración de fin de semana” para todo el pueblo de Dios, en contra de lo que Dios les había ordenado; y no se trataba de un simple desliz, porque estamos hablando de prácticas sexuales aberrantes y holocaustos masivos, en donde los israelitas sacrificaban sus bebés recién nacidos a Moloc, entre otras atrocidades que hacían "en nombre de Dios y para Dios" (Levítico 18.21; Deuteronomio 12.31; 2 Reyes 17:17; Jeremías 19:5, entre otros.). 

Y ya que mencionamos a los reyes, de los treinta y nueve gobernantes en Israel y Judá, que vinieron después del tiempo de Salomón, sólo ocho de ellos, pertenecientes a la tribu de Judá (1 Reyes 1–2), intentaron revertir el mal y la locura que sus predecesores habían introducido en el reino. 

Solo ocho de ellos reaccionaron contra la depravación que estaba a su alrededor e intentaron hacer algo al respecto. Sin embargo, estos reyes piadosos también tuvieron fallas. Estos ocho reyes terminaron con sus legajos empañados porque no lograron derribar los lugares altos, en donde los cananeos locales enseñaban al pueblo de Dios y a sus líderes lascivos a practicar doctrinas de demonios (1 Reyes 15:11, 14; 22:43; 2 Reyes 12:2–3; 14:3–4; 15:3–4, 34–35). 

Bien, hasta aquí vimos que el hombre o la mujer de Dios, sin importar quién sea o de dónde venga, es falible y puede caer en el error si descuida la Palabra o su relación íntima con Dios; consideremos ahora el propósito de juzgar, conforme a las Escrituras.

Nunca subestimes la voracidad de Satanás (1 Pedro 5:8)

Que esto no te sorprenda demasiado, porque lamentablemente, hasta las personas más piadosas, son factibles de caer en el error, si se descuidan. Nunca subestimes la voracidad de Satanás hacia nosotros. Él considera a los creyentes como su alimento. Las Escrituras dicen que debemos mantenernos alertas, porque nuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8). Para atraparte, el príncipe de este mundo, te invita permanentemente a "jugar con el pecado", haciéndote creer que puedes irte cuando lo desees, y "escapar ileso". Pero no es verdad. Ese es justamente el engaño. La carretera al infierno está adornada con los huesos de los cadáveres de aquellos que decidieron ir a “jugar” un rato, y jamás regresaron. Satanás no está jugando. Tú tampoco deberías. ¡Tómalo apenas como una exhortación dicha en amor, de parte del Señor! 

El propósito de juzgar, según las Escrituras.

¿Estamos trabajando hacia la "unidad de la fe" según Efesios 4:13, o estamos comprometiendo la Palabra de Dios, al permitir que la "tolerancia" del mundo modele nuestra forma de pensar y actuar? Esto es algo que necesitas definir por ti mismo, sabiendo que no se puede edificar el cuerpo de Cristo ni alcanzar la unidad de la fe, si no juzgamos las falsas enseñanzas. ¡Por sus frutos los vas –y te vas– a conocer!

Recuerda que como creyentes en Jesucristo, todos tenemos "una fe" (Efesios 4:5). Sin embargo, debemos establecer el fundamento de nuestra fe en la verdad de la Palabra de Dios y no en nuestras propias filosofías, creencias o doctrinas denominacionales, reconociendo a Dios y a su Palabra como la máxima autoridad sobre nuestra vida. 

La única fórmula bíblica que existe para saber la verdad, es invocando la guía del Espíritu Santo al orar y leer la Palabra de Dios.

La única fórmula bíblica que existe para saber la verdad, es invocando la guía del Espíritu Santo al orar y leer la Palabra de Dios (Juan 14:26), manteniendo tu mente atenta para oír su voz, y disponiendo tu corazón a seguir sus instrucciones de inmediato. Es la persona del Espíritu Santo quien guía Su Iglesia, y quien entrena tus sentidos para discernir el bien y el mal (Hebreos 5:14). 

Por otra parte, desarrollar el discernimiento correcto nos ayudará a conocer la diferencia entre la verdad y la mentira, así como saber juzgar lo correcto y lo incorrecto. Pablo explicó a la iglesia de Éfeso la importancia de discernir la naturaleza destructiva del engaño, y la necesidad de crecer en el conocimiento de Cristo, para edificarnos unos a otros en amor, diciendo:

“Para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error. Más bien, al hablar la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en Aquél que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor”. (Efesios 4:14-16).

Ahora bien, la pregunta es: ¿estamos siendo justos ante Dios si permitimos que nuestros hermanos permanezcan en el error e incluso engañen a otros, aunque no sea su intención? Por supuesto que no. Amar a los demás incluye que los corrijamos cuando caen en error (Mateo 18; 1 Corintios 1:11; Gálatas 6:1), y eso se hace emitiendo un juicio. En amor, por supuesto.

Amar a los demás incluye que los corrijamos cuando caen en error y eso se hace emitiendo un juicio.

Como ya dijimos, los que erran no necesariamente son conscientes del error; posiblemente fueron engañados o simplemente lo hacen por pura ignorancia. Así que debemos corregir el error con cuidado y cuidando la enseñanza que impartimos, siempre con amor. Después de todo, esta es una de las responsabilidades que el Señor delegó a la Iglesia: enseñar una sana doctrina y corregir el error, conforme a Su Palabra (2 Timoteo 2:25; 3:16; Tito 2:1). 

¿Cómo juzga un justo, el error?

También, algo que es muy importante decir aquí, es que nuestra responsabilidad comienza y termina cuando intercedemos ante Dios por nuestro hermano y le ofrecemos nuestra palabra de consejo. El resultado pertenece al Señor. Si discutes, te enojas o maldices a la persona –sea hermano o no–, ya no estás juzgando como justo, ni siguiendo los pasos del Maestro. Es muy común encontrar en las redes sociales comentarios agresivos con el fin de corregir un supuesto error. Pero aunque el error sea cierto, juzgar de esa manera, te descalifica totalmente delante del Señor y evidencia que aún no entiendes el Espíritu al que perteneces. Lee Lucas 9:51-56 en tu Biblia, para ver cómo el Maestro maneja estas situaciones.

Necesitamos usar el discernimiento y la sabiduría que Dios da, si queremos obedecer Su palabra como está escrita y juzgar rectamente entre lo que es correcto e incorrecto. A modo de ejemplo, veamos algunos casos registrados en las Escrituras, en los que se requería la capacidad del creyente de emitir juicios según la palabra de Dios:

  •  “En mi carta les escribí que no anduvieran en compañía de personas inmorales. No me refería a la gente inmoral de este mundo, o a los codiciosos y estafadores, o a los idólatras, porque entonces tendrían ustedes que salirse del mundo. Sino que en efecto les escribí que no anduvieran en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador. Con esa persona, ni siquiera coman. Pues ¿por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgan ustedes a los que están dentro de la iglesia? Pero Dios juzga a los que están fuera. EXPULSEN AL MALVADO DE ENTRE USTEDES”. (1 Corintios 5:9–13).
  • “¿Se atreve alguno de ustedes, cuando tiene algo contra su prójimo, a ir a juicio ante los incrédulos y no ante los santos? ¿O no saben que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo es juzgado por ustedes, ¿no son competentes para juzgar los casos más sencillos? ¿No saben que hemos de juzgar a los ángeles? ¡Cuánto más asuntos de esta vida! Entonces, si tienen tribunales que juzgan los casos de esta vida, ¿por qué ponen por jueces a los que nada son en la iglesia? Para vergüenza suya lo digo. ¿Acaso no hay entre ustedes algún hombre sabio que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que hermano contra hermano litiga, y esto ante incrédulos? Así que, en efecto, es ya un fallo entre ustedes el hecho de que tengan litigios entre sí. ¿Por qué no sufren mejor la injusticia? ¿Por qué no ser mejor defraudados? Por el contrario, ustedes mismos cometen injusticias y defraudan, y esto aun a sus propios hermanos.”  (1 Corintios 6:1-8). 
  • “Ahora bien, hermanos, les mandamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la doctrina que ustedes recibieron de nosotros”. (2 Tesalonicenses 3:6).
  • “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, y evita las palabrerías vacías y profanas, y las objeciones de lo que falsamente se llama ciencia, la cual profesando algunos, se han desviado de la fe. La gracia sea con vosotros.” 1 Timoteo 6:20
  • “Pero evita controversias necias, genealogías, contiendas y discusiones acerca de la ley, porque son sin provecho y sin valor. Al hombre que cause divisiones, después de la primera y segunda amonestación, deséchalo, sabiendo que el tal es perverso y peca, habiéndose condenado a sí mismo.” (Tito 3:9-11).

Ciertamente, debemos tener mucho cuidado al juzgar; por un lado se requiere madurez, y por el otro, ser conscientes que somos seres humanos falibles y que podemos cometer errores de juicio, como hemos visto. A fin de juzgar responsablemente, deberíamos siempre conocer todos los detalles de un hecho en particular y jamás basar nuestro juicio en las apariencias. Jesús declaró: "No juzguen según la apariencia, sino juzguen con justo juicio" (Juan 7:24).

La razón de emitir juicios justos es para que podamos guiar a las personas al evangelio, no para destruirlas o avergonzarlas. La Palabra de Dios nos brinda un estándar claro para seguir; y el Espíritu Santo siempre está presente para guiarnos en lo que es correcto, incorrecto, verdadero o falso. Los que conocemos bien las Escrituras y vivimos en permanente intimidad con Dios, sabemos que para juzgar con rectitud, debemos esforzarnos por vivir rectamente y permitir que la Palabra de Dios sea nuestro fundamento en cada área de nuestro pensamiento.

¿Cómo emitir un juicio de valor correctamente?

antes de hacer un juicio de valor, debemos asegurarnos de conocer profundamente la palabra de Dios, analizar bien todos los hechos, estar dispuestos a juzgar en amor como lo haría nuestro amado Salvador, y por sobre todas las cosas, no caer en la tentación de confiar en nuestra propia opinión o doctrina denominacional. Algunas veces se deben hacer juicios que son difíciles de discernir, ya que no todo es "blanco y negro", por eso es tan importante conocer y saber aplicar correctamente la verdad en amor, conforme a las Escrituras.

Conclusión: ¿juzgar o no juzgar?

Aquellas personas que piden "tolerancia" y citan a Mateo 7, fuera de contexto, diciendo: "no juzguen", no están usando el pensamiento racional. Su llamado a la "tolerancia" es imposible, porque como cristianos, estamos llamados a juzgar con rectitud y decidir entre lo correcto e incorrecto según las Escrituras.

La sociedad arrogante en la que vivimos, promueve una "tolerancia" que es "intolerante" contra la Palabra de Dios. Pero la verdad siempre prevalece sobre el engaño, así como la luz sobre las tinieblas. Afortunadamente, como dicen las Escrituras, por sus frutos podremos diferenciar entre uno y otro. (Malaquías 3:16-18).

Emitir un juicio de valor, es algo que los seres humanos hacemos todos los días, en cualquier situación. Incluso lo hacemos inconscientemente. Pero debido a los prejuicios que hemos ido adquiriendo desde niños, nuestros juicios "humanos" distan mucho de ser perfectos o justos; y al expresarlos, producimos discordias y disputas irreconciliables.

De ahí que el concepto de la "tolerancia" creció en popularidad con el fin de calmar los ánimos y establecer el respeto entre las partes. El propósito de este concepto es loable desde cierta perspectiva; y como cristianos somos respetuosos de la opinión de los demás. Ningún cristiano debería agredir a otra persona por estar en desacuerdo (2 Timoteo 2:24-26). La palabra de Dios nos enseña que para cambiar la naturaleza caída del hombre por una nueva creación, la agresión verbal no funciona, sólo la Cruz puede realizar el milagro (Gálatas 6:14-15).

Sin embargo, juzgar como hijos de Dios, rectamente, según el discernimiento que Dios da, es una dimensión completamente diferente.

Sin embargo, juzgar como hijos de Dios, rectamente, según el discernimiento que Dios da, es una dimensión completamente diferente. El Espíritu Santo es la fuerza natural que inspira nuestro sistema de pensamiento, sabiendo que es la Palabra de Dios la que juzga a la humanidad, no nuestras propias opiniones o teorías religiosas.

Nuestro amado Salvador, enseñó a Sus discípulos, diciendo: "Y cuando venga el Espíritu Santo, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque no creen en mí; de justicia, porque yo voy al Padre y no me veréis más; y de juicio, porque el príncipe de este mundo ha sido juzgado". (Juan 16:8-11).

Y luego, agregó: "Pero cuando Él, el Espíritu de verdad venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber lo que habrá de venir. (Juan 16:13).

La venida del Espíritu Santo se cumplió tal cuál Jesús lo prometió. Está aquí, hoy y ahora ayudándonos en la obra que nos fue encomendada por el Señor. Por lo tanto, mientras respondemos la pregunta "¿qué es juzgar, según las Escrituras?", estaremos construyendo la Iglesia de Cristo sobre el fundamento y la autoridad de Su Palabra (Efesios 2:20-21).

Una palabra final para todos los "visionarios"

Los creyentes debemos examinar nuestras propias vidas regularmente para alcanzar la madurez; y, al mismo tiempo, desafiar amorosamente a los hermanos y hermanas en Cristo que están en error para que vuelvan al camino. Se requiere valentía, pero también humildad en el Señor. Te alentamos a que tengas en cuenta todo el consejo de las Escrituras que hemos visto hasta aquí, mientras nos esforzamos todos, diariamente, por mantener la unidad, en la verdad de Cristo (Juan 17:20–26).

©2020, Visión Joven.

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Es editor y productor editorial con más de 30 años de experiencia en el campo literario, fundador presidente de Visión Joven y director de Editorial Dinámica. Le gusta leer sobre historia de la civilización greco-romana de la Edad Antigua y es un apasionado estudioso de las Sagradas Escrituras, hebrea y cristiana. En su tiempo libre es desarrollador web autodidacta en constante actualización (php, html5, css3, WordPress), y ferviente admirador de las series de intriga ("La Casa de Papel") y ficción histórica ("Roma"). Más sobre Alex.