Lectura - Muriendo a nosotros mismos - visión joven

LECTURA: "Mueres a ti mismo"

Cuando eres olvidado, rechazado o dejado de lado a propósito, y no te aflijes ni te dueles con el insulto o con el descuido, sino que tu corazón está contento teniendo como valioso el sufrir por Cristo… mueres a ti mismo.

Cuando se habla mal de las cosas buenas que has hecho, cuando tus deseos son mal interpretados , tu consejo es pasado por alto, tus opiniones ridiculizadas y no permites que el enojo surja en tu corazón, ni siquiera tratas de defenderte a ti mismo, sino que lo tomas todo con paciencia en silencio amoroso… mueres a ti mismo.

Cuando soportas en forma paciente y amorosa cualquier desorden, irregularidad, impuntualidad o enojo; cuando te encuentras cara a cara con lo superfluo con la insensatez, con la extravagancia, con la insensibilidad espiritual y permaneces tal como permaneció Jesús… mueres a ti mismo.

Cuando estás contento con cualquier comida, con cualquier ofrecimiento, en cualquier clima, en cualquier sociedad, con cualquier vestimenta, con cualquier interrupción que esté de acuerdo a la voluntad de Dios… mueres a ti mismo.

Cuando nunca te preocupas de referirte a ti mismo en la conversación, o de indicar tus propias palabras buenas, o de anhelar vehemente las alabanzas, cuando realmente puedes amar el hecho de ser desconocido... mueres a ti mismo.

Cuando puedes ver prosperar a tu hermano y ver sus necesidades satisfechas y puedes honestamente, regocijarte con él en espíritu, y no sentir envidia alguna sin cuestionar a Dios porque tus necesidades son mayores y en circunstancias desesperadas… mueres a ti mismo.

Cuando puedes recibir corrección y represión de alguien menos importante que tú, y puedes someterte humildemente, tanto interior corno también exteriormente, sin que surja ninguna rebelión ni resentimiento dentro de tu corazón... mueres a ti mismo.

Actualmente, ¿estás muerto a ti mismo? En estos últimos tiempos, el Espíritu nos llevará a la Cruz a fin de conocer a Jesús… llegando a ser semejantes a Él. (Filipenses 3:10-11).

Fuente©1989, Visión Jóven
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